El femicidio de Angélica Suárez: la trama del crimen que conmovió a Misiones y expuso las fallas del sistema de protección
Angélica Suárez fue estrangulada en la provincia argentina de Misiones tras haber presentado dos denuncias por violencia de género contra su expareja Juan Óscar Baumgard

El 6 de julio de 2016, lo que debía ser una jornada habitual de pesca para dos adolescentes de 16 años terminó convirtiéndose en el hallazgo más oscuro en la historia reciente de El Soberbio, una apacible localidad fronteriza de la provincia argentina de Misiones.
A las orillas del arroyo Soberbio, al intentar desenganchar un anzuelo atorado en las aguas poco profundas, los jóvenes vislumbraron una voluminosa maleta rígida sumergida entre la vegetación acuática.
Al aproximarse en la canoa, la visión del horror se hizo ineludible: una extremidad inferior y parte de un cráneo humano sobresalían de la estructura.
La alerta inmediata movilizó a efectivos de la policía provincial y a peritos de la División Criminalística, quienes procedieron a la extracción del bulto y su posterior traslado a la morgue judicial de la ciudad de Posadas.
Aunque el avanzado estado de descomposición inicial dificultó la identificación visual, la sospecha principal apuntó de inmediato hacia una joven de 19 años cuya ausencia mantenía en vilo a la comunidad desde hacía tres semanas: Angélica Suárez.
La confirmación pericial no tardó en llegar, transformando una angustiosa búsqueda en una investigación por homicidio agravado.
Los exámenes forenses determinaron que la causa de la muerte había sido una asfixia mecánica por compresión del cuello, ejecutada mediante una bufanda tejida atada con extrema fuerza alrededor de la garganta y la boca de la víctima.
La prenda fue reconocida inequívocamente por los familiares de la joven, quienes recordaban haberla visto vestir esa misma pieza poco antes de su desaparición.
El estudio anatomopatológico situó la data del deceso entre el 11 y el 13 de junio de 2016, corroborando que Angélica ya se encontraba sin vida al momento de ser arrojada al curso de agua.
Este dato reveló además una macabra planificación por parte del agresor: el cuerpo fue introducido dentro del equipaje antes de que se desarrollara el rigor mortis completo, una maniobra que requirió premeditación y fuerza física.

Angélica Suárez había nacido en 1996 en el Paraje San Ramón, una zona rural dedicada a la agricultura cercana a El Soberbio.
Crecida en el seno de una humilde familia integrada por 11 hermanos, sus allegados la describían como una joven afectuosa, de carácter apacible y profundamente dedicada a sus seres queridos.
En su adolescencia descubrió una ferviente pasión por el boxeo, disciplina que entrenaba con rigor en un gimnasio local y que le sirvió como espacio de superación personal.
A los 17 años conoció a Juan Óscar Baumgard, un albañil de la zona cinco años mayor que ella.
En 2013 decidieron iniciar la convivencia en una vivienda del barrio Itatí, en el casco urbano de la localidad.
Dos años después, en enero de 2015, nació Sabrina, la única hija de la pareja.
Sin embargo, detrás de la imagen de una familia en consolidación, la relación se adentró en una espiral de violencia física, verbal y psicológica signada por los celos obsesivos y las conductas de control por parte de Baumgard.
Los episodios de agresión intradomiciliaria no tardaron en ser advertidos por el entorno cercano.
En marzo de 2016, tras sufrir una brutal paliza, Angélica acudió a las autoridades para radicar una denuncia formal por violencia de género.
La Justicia de Familia dictó una orden de restricción de acercamiento y la exclusión de hogar contra Baumgard.
No obstante, mediante manipulaciones y bajo el argumento de mantener el contacto paterno con la niña, el hombre logró reinstalarse en la vivienda compartida.
La convivencia se volvió insostenible.
A comienzos de junio de ese mismo año, la joven presentó una segunda denuncia penal por las continuas amenazas y agresiones.
Decidida a romper definitivamente el ciclo de violencia, Angélica dio por terminada la relación sentimental y volcó sus esperanzas en un nuevo proyecto de vida junto a Walter Sattler, su instructor de boxeo, con quien planeaba trasladarse a la Patagonia para comenzar de nuevo lejos del asedio de su expareja.
La mañana del lunes 13 de junio de 2016, Angélica desapareció sin dejar rastro.
Josué, uno de sus hermanos menores que residía temporalmente con ella, notó su ausencia al regresar del trabajo y alertó a la familia, consciente de que jamás habría abandonado voluntariamente a su pequeña hija de un año y medio.
Al día siguiente, Baumgard se presentó ante la comisaría local declarando que su expareja se había marchado por voluntad propia llevando consigo una maleta con ropa.
Durante las tres semanas posteriores, mientras la policía y la familia Suárez rastreaban hospitales y difundían su fotografía, el acusado mantuvo una fachada de serenidad, asegurando reiteradamente que la joven regresaría pronto.
Tras el hallazgo del cadáver en el arroyo Soberbio, la policía aprehendió de inmediato al albañil y, en forma preventiva, al entrenador Walter Sattler, a quien Baumgard intentó incriminar deliberadamente para desviar la atención de los investigadores.

La investigación judicial, liderada por el Juzgado de Instrucción 3 de San Vicente, desarmó rápidamente la estratagema del imputado.
Sattler prestó una colaboración absoluta desde el primer instante: entregó de manera voluntaria sus dispositivos móviles, otorgó las claves de sus redes sociales y aportó registros en video que certificaban fehacientemente su localización durante los días críticos.
Asimismo, fue él quien advirtió a la madre de la víctima tras enterarse del hallazgo de la maleta.
En septiembre de 2016, la Justicia dictó su sobreseimiento definitivo al no hallar elemento alguno que lo vinculara al hecho.
Mientras tanto, las pericias luminómicas realizadas sobre la vivienda del barrio Itatí arrojaron resultados determinantes: el uso de reactivos químicos reveló abundantes manchas hemáticas invisibles a simple vista en diversos sectores del inmueble, evidenciando que en ese lugar se había perpetrado un ataque violento.
El pilar probatorio que terminó por acorralar a Baumgard provino de la declaración testimonial de Miguel Ángel Pereira, un joven remisero de 21 años.
El chofer relató que el mediodía del 13 de junio de 2016 transportó a Baumgard tras ser contratado para un viaje urbano.
Según su testimonio, el acusado le solicitó trasladarlo inicialmente hasta la vivienda de su madre, de donde sacó una voluminosa maleta que denotaba un peso extraordinario.
Tras intentar en vano meter el vehículo en el patio para supuestamente cargar herramientas, Baumgard arrastró el pesado bulto con visible esfuerzo físico hasta colocarlo en el baúl del coche.
A continuación, indicó al chofer que se dirigiera hacia un sector desolado en las inmediaciones del puente del arroyo Soberbio.
Una vez allí, descendió con el equipaje, abonó la tarifa y se adentró en la espesura del monte costeño.
Ese trayecto coincidía con precisión geográfica con el punto exacto donde semanas más tarde emergió el cadáver.
En marzo de 2018, la Justicia ordenó una reconstrucción judicial de los hechos en el terreno con la presencia de jueces, fiscales, peritos y el propio imputado bajo custodia policial.
La inspección sobre el terreno validó rigurosamente el recorrido trazado por el remisero, exponiendo las insostenibles contradicciones en las que incurría la defensa de Baumgard.
Paralelamente, los análisis de las comunicaciones telefónicas determinaron que el celular de Angélica registró su último impacto en las antenas de la zona a las 11:17 de la mañana del 13 de junio, mientras permanecía dentro de la vivienda compartida.
Los exámenes forenses complementarios revelaron la presencia de alimentos sin digerir en el estómago de la víctima, confirmando que la agresión letal se produjo minutos después de almorzar.
Baumgard estranguló a la joven dentro del hogar, introdujo el cuerpo en la maleta antes de la rigidez cadavérica, dejó a su hija bajo el cuidado de su madre y abordó el remís para desprenderse de la evidencia en el cauce de agua.

En el transcurso de la prisión preventiva, en un intento por eludir la pena máxima, Baumgard inició una huelga de hambre en su celda buscando forzar a la fiscalía a aceptar un juicio abreviado con una condena reducida a siete años de cárcel a cambio de su confesión.
El Ministerio Público Fiscal rechazó de plano la pretensión dada la gravedad del delito y la contundencia de las pruebas reunidas.
Finalmente, entre septiembre y octubre de 2019, se desarrolló el debate oral ante el Tribunal Penal 1 de la ciudad de Oberá.
Durante las audiencias, testimonios de familiares, amigas y compañeras de deporte reconstruyeron el calvario de amedrentamiento constante que padecía Angélica, incluyendo llamadas falsas realizadas desde el teléfono de la víctima tras su muerte para simular un viaje a Buenos Aires.
El 4 de octubre de 2019, el tribunal dictó su veredicto condenando a Juan Óscar Baumgard a la pena de prisión perpetua por considerarlo autor penalmente responsable de homicidio calificado por el vínculo y por mediar violencia de género (femicidio), en concurso real con desobediencia judicial.
En 2021, la defensa del condenado elevó un recurso de casación ante el Superior Tribunal de Justicia de la Provincia de Misiones, cuestionando la valoración probatoria y solicitando la quita de los agravantes.
El máximo tribunal provincial desestimó todos los planteamientos y ratificó la condena en su totalidad, dejando la sentencia firme.
Más allá de la resolución judicial sobre el femicida, la tragedia dejó secuelas indelebles, especialmente en el futuro de la pequeña Sabrina, cuya custodia desató una prolongada disputa entre la familia paterna y los abuelos maternos.
El femicidio de Angélica Suárez quedó grabado en la memoria colectiva del noreste argentino como una dolorosa muestra de la fragilidad de las medidas cautelares en contextos de violencia machista.
Pese a las denuncias previas y a las órdenes de restricción dictadas, los mecanismos estatales no lograron frenar a tiempo la conducta obsesiva del agresor, transformando el anhelo de libertad de una joven madre en una tragedia irreparable.
