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Un complot letal por la custodia: La conspiración que acabó con la vida de Daniel Bennett en Nueva York

Daniel Bennett fue asesinado a disparos mientras dormía en la residencia de su padre en Nueva York, horas antes de celebrarse una audiencia judicial decisiva sobre la custodia de su hija lactante

 

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La noche del 19 de abril de 2012, pocas horas antes de que un tribunal de familia del estado de Nueva York realizara una audiencia crucial para determinar los derechos de paternidad sobre su hija lactante, Daniel Bennett fue ejecutado a quemarropa con un disparo de escopeta mientras dormía en el sofá de la residencia de su padre en el pueblo de Dix, en el condado de Schuyler.

Lo que inicialmente pareció un ataque aleatorio se transformó rápidamente en uno de los casos de conspiración por encargo más complejos de la región, revelando un elaborado plan orquestado por su exesposa, Alice Trappler, ejecutado con la colaboración directa de su propio exmarido y el hermano de este.

Daniel Bennett, de 37 años, un trabajador rural dedicado a labores agrícolas y mantenimiento de maquinaria, había iniciado una relación sentimental con Alice Trappler, de 36 años, a finales de 2010 tras conocerse a través de una plataforma de citas en línea.

Trappler, una mujer de negocios respetada en el vecino condado de Yates, dedicada al diseño de paisajes y a la crianza de cabras en una granja cerca de Penn Yan, poseía un carácter dominante que pronto chocó con el perfil directo e independiente de Bennett.

La relación avanzó con notable celeridad y, tras confirmarse un embarazo a principios de 2011, la pareja decidió contraer matrimonio en mayo del mismo año.

Sin embargo, la convivencia resultó sumamente inestable, marcada por intensos episodios de tensión doméstica que culminaron cuando Trappler agredió físicamente a Bennett, motivando su separación definitiva apenas unos meses después de la boda.

En noviembre de 2011 nació la pequeña Lily.

Trappler mantuvo en total hermetismo el parto, negando de manera categórica que Bennett pudiera ver a la recién nacida o registrarse oficialmente como su progenitor.

A pesar de los constantes intentos del padre por asumir su rol y entablar comunicación, la mujer mantuvo una postura intransigente.

Ante la negativa, Bennett acudió a las instancias judiciales e interpuso una demanda formal de paternidad y custodia compartida ante el Tribunal de Familia del Condado de Schuyler.

Tras varios meses de dilaciones procesales, la magistratura fijó la audiencia determinante de pruebas para la mañana del 20 de abril de 2012.

La posibilidad real de que la justicia otorgara a Bennett derechos sobre la niña actuó como detonante para que Trappler decidiera neutralizar de forma definitiva la vía legal.

La víspera de la cita judicial, Daniel Bennett regresó tras una exhaustiva jornada laboral a la casa de su padre, Frank Bennett, situada a un costado de la Ruta Estatal 414.

Agotado, se recostó en el sofá del salón principal para ver la televisión hasta quedarse dormido.

Cerca de las diez de la noche, Frank Bennett, quien se encontraba en el nivel inferior de la vivienda realizando tareas domésticas, escuchó el crujido de la puerta principal, seguido de forma inmediata por una detonación ensordecedora y el posterior ruido de vehículos acelerando a gran velocidad.

Al acudir al salón, halló a su hijo sin vida, impactado frontalmente por un cartucho de escopeta de calibre 12.

La ausencia total de forzamiento en los accesos y el hecho de que no se sustrajera ningún bien de valor permitieron descartar la hipótesis de un robo fortuito, inclinando las sospechas hacia una ejecución planificada con objetivo único.

La investigación, asumida por la Oficina del Alguacil del Condado de Schuyler y la Policía del Estado de Nueva York, enfrentó un hermetismo inicial debido a la falta de huellas dactilares o rastros biológicos directos en el inmueble.

La clave del caso emergió a escasos metros de la escena del crimen cuando una residente local entregó a los detectives un cartucho percutido de escopeta de calibre 12 que había descubierto a la orilla de la carretera.

Los análisis balísticos confirmaron que dicha vaina guardaba idéntica composición y lote con los restos hallados dentro de la residencia.

Tras rastrear la cadena de distribución del producto, las unidades de investigación identificaron que dicha munición específica había sido adquirida horas antes del homicidio en un centro comercial Walmart cercano.

Las grabaciones de las cámaras de seguridad del establecimiento captaron a un hombre comprando las cajas de cartuchos y abordando posteriormente un vehículo cuya matrícula permitió la identificación inmediata de su propietario: Thomas Borden, de 32 años, primer exesposo de Alice Trappler.

Al ser localizado telefónicamente por los agentes para una citación de rutina, Thomas Borden mostró una conducta evasiva y sumamente alterada, amenazando explícitamente con autolesionarse si era perseguido.

Las autoridades rastrearon las señales de las antenas de telefonía móvil hasta ubicar su vehículo en las inmediaciones del municipio de Jenkintown, en el estado de Pensilvania.

El 23 de abril de 2012, tras percatarse de la presencia de patrullas policiales, Borden emprendió una huida a alta velocidad que culminó con el abandono de su camioneta.

Durante la persecución a pie por las inmediaciones de la estación de trenes de la compañía SEPTA, al verse completamente acorralado por los efectivos policiales, Borden se lanzó deliberadamente al paso de una formación ferroviaria en movimiento, falleciendo de manera instantánea en el lugar de los hechos.

Pese a la muerte traumática de quien apretó el gatillo, las pesquisas no se detuvieron.

La revisión del círculo íntimo de Borden condujo al arresto de su hermano por parte de madre, Nathan Hand, de 25 años.

Al ser sometido a interrogatorio formal, Hand decidió cooperar plenamente con el Ministerio Público a cambio de una negociación penal.

En su testimonio detallado, reveló que semanas antes del ataque, Trappler había reanudado el contacto con Borden, manipulando el estrecho vínculo emocional que aún los unía para convencerlo de eliminar a Bennett y evitar que este obtuviera la custodia de Lily.

Según la declaración judicial de Hand, fue la propia Alice Trappler quien suministró la escopeta utilizada en el homicidio, la cual pertenecía a su propiedad, mientras que Borden se encargó de adquirir los cartuchos.

Hand admitió haber conducido el vehículo junto a Borden hasta la residencia de los Bennett la noche del crimen.

Explicó que vistieron ropas oscuras y camufladas, y que la propia Trappler se mantuvo en constante comunicación telefónica mediante mensajes de texto y llamadas antes y después de la ejecución para coordinar las posiciones.

Siguiendo el plan previsto, Hand ingresó primero a la vivienda para encender las luces y verificar la posición de la víctima, permitiendo que Borden entrara de manera certera para disparar mortalmente contra Bennett mientras este permanecía indefenso en el sofá.

Tras la huida, ambos enterraron las armas en una zona boscosa de un parque cercano, donde posteriormente fueron desenterradas y aseguradas por los peritos forenses gracias a las indicaciones del propio delator.

Con un expediente sólido que integraba registros telefónicos, geolocalización de antenas, la recuperación del arma del delito y la confesión del cómplice, la Fiscalía del Condado de Schuyler formalizó la acusación por asesinato en segundo grado, conspiración y allanamiento de morada contra Alice Trappler.

Durante el juicio oral celebrado en mayo de 2013 en el tribunal condal de Ovid, la representación de Trappler argumentó que la mujer no había tenido participación en el crimen y que la acción criminal de Borden respondía a un acto impulsivo e independiente provocado por sus propios desequilibrios mentales.

Sin embargo, los fiscales demostraron minuciosamente el patrón de comunicaciones encubiertas y el suministro directo del arma de fuego.

Tras varias jornadas de deliberación, el jurado emitió un veredicto unánime de culpabilidad en todos los cargos imputados.

En julio de 2013, el juez dictó una sentencia de 25 años a cadena perpetua contra Alice Trappler, ordenando su ingreso inmediato en la Instalación Correccional para Mujeres de Bedford Hills.

Por su parte, Nathan Hand fue condenado a una pena de 9 años de prisión tras declararse culpable de homicidio involuntario en primer grado por su cooperación determinante.

Las apelaciones posteriores presentadas por la defensa de Trappler fueron desestimadas de forma definitiva por los tribunales superiores, dejando firme una condena que cerró formalmente un trágico capítulo judicial motivado por una disputada custodia paterna.

 

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