La historia de los Bee Gees: el camino a la leyenda de la música disco, sus tensiones y las tragedias que marcaron a los hermanos Gibb
Traspasando las dificultades económicas de su infancia en Australia y las tensiones internas por el liderazgo, los hermanos Gibb lograron posicionarse en la industria internacional antes de reinventar su sonido hacia la música disco

La historia de los Bee Gees: el camino a la leyenda de la música disco, sus tensiones y las tragedias que marcaron a los hermanos Gibb
En 1977 la industria musical daba por liquidada la carrera de los Bee Gees debido a los estancamientos comerciales y a las intensas disputas internas entre egos, pero una llamada crucial los llevó hasta un castillo en Francia para dar vida a la canción que redefiniría el género disco para siempre.
Aunque comúnmente se cree que eran originarios de Australia, Barry Gibb nació el 1 de septiembre de 1946 en la Isla de Man, mientras que sus hermanos mellizos Robin y Maurice nacieron el 22 de diciembre de 1949 en Mánchester.
Hijos del baterista Hugh Gibb y de Barbara —poseedora de una prodigiosa voz—, la familia enfrentó severas carencias económicas que llevaron a sus integrantes a emigrar en barco a Australia en 1958.
En el circuito de carreras Redcliffe Speedway, Barry, con apenas 12 años, vendía refrescos junto a sus hermanos pequeños, pero pronto comenzaron a cantar por el sistema de megafonía captando la atención del locutor radiofónico Bill Gates; de la combinación de las iniciales de Barry Gibb, Bill Gates y Bill Goode nació el nombre Bee Gees.
Tras ser descubiertos en un hotel de Surfers Paradise por el cantante Col Joye, en 1963 firmaron su primer contrato con Festival Records, llegaron a tener su propio programa semanal de televisión y en 1966 alcanzaron el número uno en Australia con el sencillo «Spicks and Specks», momento en el cual ya navegaban de regreso a Inglaterra tras haber enviado su material al mánager de The Beatles, Brian Epstein, cuyas cintas terminaron en manos del empresario Robert Stigwood.

Entre 1967 y 1968 la banda alcanzó el estrellato internacional con éxitos masivos como «Massachusetts» y «I Started a Joke», siendo comparados por la crítica con The Beatles por sus complejas melodías y armonías vocales.
Sin embargo, las tensiones por el liderazgo promovido por Stigwood hacia Barry provocaron la ruptura del grupo tras el estancamiento comercial del álbum doble Odessa en 1969.
Tras abandonar la formación, el propio Robin Gibb explicó años más tarde el motivo del distanciamiento al declarar: «Teníamos egos tremendos y dejamos de hablarnos por completo».
Maurice y Barry continuaron como dúo grabando el disco Cucumber Castle, mientras Robin intentaba sin éxito una carrera como solista.
Al comprobar que separados no lograban el mismo impacto, Robin telefoneó a Barry en 1970 y le dijo simplemente: «Hagámoslo de nuevo».
La reunión rindió frutos inmediatos con temas como «Lonely Days» y «How Can You Mend a Broken Heart», pero hacia 1974 las ventas cayeron dramáticamente.
A principios de 1975, por sugerencia del productor Arif Mardin, el grupo se trasladó a los Estudios Criteria de Miami para reinventar su sonido hacia el ritmo y el funk, dando a luz el exitoso álbum Main Course y temas icónicos como «Nights on Broadway» y «You Should Be Dancing».
El punto de inflexión definitivo ocurrió en 1977 cuando Robert Stigwood los convocó para componer la banda sonora de una película sin título definitivo, basada en un artículo del New York Times sobre la cultura nocturna neoyorquina.
Instalados en las escaleras del Château d’Hérouville a las afueras de París —el mismo castillo donde Elton John grabó Honky Château—, compusieron las canciones principales en cuestión de días.
Durante esas sesiones, la marcha repentina del baterista Dennis Bryon debido al fallecimiento de su padre dejó al grupo sin percusión; ante la falta de reemplazos locales, el ingeniero Carl Richardson tomó dos compases de la batería de «Night Fever», cortó físicamente la cinta y pegó los extremos para crear un bucle (loop), acreditando la batería a un personaje ficticio llamado Bernard Lupe como una parodia del baterista de sesión Bernard Purdie.
Grabada definitivamente en Miami con una línea de bajo creada por Maurice inspirada en «Clean Up Woman» de Betty Wright, la banda se negó a rebautizar la pista como «Saturday Night» para evitar coincidencias con otros temas de la época, manteniendo el título «Stayin’ Alive».
Tras el estreno del filme Saturday Night Fever en diciembre de 1977, la icónica caminata de John Travolta por Brooklyn al ritmo del tema catapultó la canción al número uno del Billboard Hot 100 durante cuatro semanas.
La banda sonora vendió más de 40 millones de copias en todo el mundo, convirtiéndose en el álbum más vendido de la historia hasta ese momento.
Durante este periodo dorado, Barry Gibb logró una marca histórica jamás igualada al escribir cuatro sencillos consecutivos que alcanzaron el puesto número uno en Estados Unidos: «Stayin’ Alive», «Love Is Thicker Than Water», «Night Fever» e «If I Can’t Have You».
A pesar del descomunal éxito comercial, la sobreexposición del género derivó en una violenta reacción cultural que culminó el 12 de julio de 1979 con la «Disco Demolition Night» en el Comiskey Park de Chicago, donde miles de asistentes quemaron discos en el campo de béisbol.
Convertidos en el rostro más visible del rechazo antidisco, las emisoras de radio vetaron sus canciones y su álbum Living Eyes de 1981 ni siquiera ingresó al top 40 en territorio estadounidense.
A la caída comercial le sucedieron trágicas pérdidas personales: en 1988 su hermano menor, Andy Gibb, falleció a los 30 años.
Aunque en 1997 ingresaron al Salón de la Fama del Rock and Roll superados en ventas históricas únicamente por The Beatles, Elvis Presley, Michael Jackson y Paul McCartney, la tragedia volvió a golpear al grupo el 12 de enero de 2003 con la repentina muerte de Maurice a los 53 años por complicaciones intestinales, seguida por el deceso de Robin en 2012 tras una batalla contra el cáncer a los 62 años.
Con más de 220 millones de copias vendidas en todo el mundo a lo largo de su carrera, Barry Gibb permanece como el último integrante con vida de una de las agrupaciones más influyentes en la historia de la música popular.
