El Jueves Santo en que la tierra devoró Caracas: La catástrofe telúrica de 1812 y el colapso del orden colonial - News

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El Jueves Santo en que la tierra devoró Caracas: La catástrofe telúrica de 1812 y el colapso del orden colonial

El 26 de marzo de 1812, un devastador terremoto de magnitud estimada entre 7,1 y 7,4 azotó a Caracas en pleno Jueves Santo, destruyendo la arquitectura colonial de la ciudad

 

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El jueves 26 de marzo de 1812, Caracas amaneció bajo un sol radiante que presagiaba una jornada de intensa devoción religiosa.

Como principal centro administrativo y político de la Capitanía General de Venezuela, la ciudad vivía momentos de vertiginosa transformación socioeconómica, impulsada por décadas de bonanza cacaotera y por la reciente declaración de independencia proclamada el 5 de julio de 1811.

A las cuatro de la tarde, con temperaturas apacibles y las calles concurridas por comerciantes, artesanos y funcionarios, miles de ciudadanos se congregaban en los principales templos de la capital para conmemorar los oficios solemnes del Jueves Santo.

Nada en la atmósfera urbana ni en la rutina cotidiana permitía anticipar que, en cuestión de segundos, la arquitectura colonial levantada durante más de dos siglos de dominación hispana quedaría reducida a escombros.

La infraestructura de Caracas respondía plenamente al patrón constructivo hispanoamericano de la época.

Muros portantes de adobe y tapia pisada sostendían pesadas techumbres de tejas de barro sobre armazones de madera, mientras que los edificios más emblemáticos —como la Catedral de Caracas, el convento de San Jacinto y las iglesias de San Felipe Neri, Alta Gracia y La Merced— exhibían elevadas torres y fachadas de mampostería.

Aunque estos métodos constructivos ofrecían un aislamiento térmico adecuado y una notable durabilidad frente a las inclemencias climáticas, carecían de ductilidad y resistencia ante esfuerzos cortantes horizontales.

Sin conocimientos de ingeniería sismorresistente ni nociones geológicas sobre la dinámica de las fallas tectónicas que atraviesan el valle caribeño, la densa trama urbana alrededor de la Plaza Mayor albergaba una vulnerabilidad estructural crítica ante sacudidas telúricas de gran magnitud.

 

Jueves Santo de terror en Venezuela con el terremoto de 1812

 

A las 16:07 horas, la falla de San Sebastián liberó abruptamente una masiva acumulación de energía tectónica, desatando un sismo cuyo magnetud se estima entre 7,1 y 7,4 en la escala de Richter.

El movimiento telúrico, que se extendió por aproximadamente un minuto, generó un colapso mecánico generalizado en las estructuras de tierra compactada.

Las iglesias, repleta de fieles congregados para las ceremonias de la tarde, sufrieron el desplome inmediato de sus naves principales y campanarios.

La aceleración del terreno provocó además un efecto de amplificación sísmica en los depósitos sedimentarios sobre los que se asentaba parte del centro urbano, transformando calles estrechas como las de San Jacinto y Candilito en trampa de escombros y polvo sofocante que anuló la visibilidad a pocos metros de distancia.

El balance humano y material consolidó al terremoto de 1812 como uno de los acontecimientos más destructivos en la historia de Hispanoamérica.

En Caracas, las cifras históricas sitúan el número de víctimas mortales entre 10.000 y 12.000 personas, lo que representaba cerca de un tercio de la población total de la capital en aquel momento.

Ciudades vecinas como La Guaira, Barquisimeto, Mérida y San Felipe sufrieron devastaciones análogas de forma casi simultánea.

Las réplicas sucesivas, sumadas a la rotura de los acueductos coloniales y la interrupción total de las vías de suministro hacia el puerto de La Guaira, sumieron a los sobrevivientes en una severa crisis sanitaria y alimentaria, obligando al establecimiento de campamentos provisionales al aire libre en plazas y descampados ante el riesgo inminente de nuevos derrumbes.

Más allá del impacto geológico y demográfico, el terremoto alteró de forma irreversible el curso político de la Primera República venezolana.

La jerarquía eclesiástica y los sectores partidarios de la Corona española interpretaron y divulgaron el desastre como un castigo divino contra el movimiento independentista iniciado en 1810.

Esta narrativa desmovilizó a amplios sectores de la población e incidió en el ámbito militar, desestabilizando las bases del gobierno republicano e impulsando la posterior capitulación de las fuerzas patriotas lideradas por Francisco de Miranda.

A pesar de los debates posteriores sobre la conveniencia de trasladar el asiento urbano hacia zonas geológicamente más estables, las ventajas estratégicas del valle —su proximidad al mar, sus rutas comerciales consolidadas y la infraestructura previa— se impusieron, dando paso a una lenta reconstrucción sobre el mismo suelo telúrico.

 

4/10 El Jueves Santo que sacudió la República El 26 de marzo de 1812, mientras  Venezuela intentaba sostener su recién proclamada Independencia, la tierra  irrumpió con una fuerza devastadora. Era Jueves Santo.

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