Los secretos del Castillo de Chapultepec: Historia, mitos y la memoria de una nación en la cima del Cerro del Chapulín - News

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Los secretos del Castillo de Chapultepec: Historia, mitos y la memoria de una nación en la cima del Cerro del Chapulín

El Castillo de Chapultepec sintetiza la evolución histórica de México al haber servido como espacio sagrado e hidráulico prehispánico, fortaleza militar, sede imperial de Maximiliano de Habsburgo y residencia presidencial

 

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En medio del bullicio de la Ciudad de México, erigido sobre la cima del cerro del Chapulín, se alza el Castillo de Chapultepec.

Antes de convertirse en la sede del Museo Nacional de Historia, este emblemático inmueble funcionó como proyecto de residencia virreinal, Colegio Militar, residencia imperial durante el Segundo Imperio mexicano, observatorio astronómico y palacio presidencial.

No obstante, el valor estratégico y simbólico del sitio se remonta a épocas prehispánicas, cuando la zona albergaba manantiales y espacios sagrados fundamentales para el control de la antigua cuenca de México.

Las evidencias arqueológicas confirman asentamientos en el cerro desde el periodo preclásico (entre los años 2000 a. C. y 200 a. C.), con el paso posterior de teotihuacanos, toltecas, tepanecas y mexicas.

Para estos últimos, Chapultepec representó un punto clave en su peregrinación previa a la fundación de Tenochtitlan en 1325.

Durante la época de esplendor azteca, el lugar albergó templos, acueductos y los conocidos «baños de Moctezuma», un sistema hidráulico diseñado para la recolección y distribución de agua potable a la capital lacustre.

En el entorno natural del cerro destaca la historia de «El Sargento», un árbol de la especie ahuehuete de más de 40 metros de altura que se estima vivió cerca de 500 años hasta secarse en 1969.

“El árbol fue sembrado por Nezahualcóyotl, señor de Texcoco, alrededor del año 1460 como parte de los esfuerzos de reforestación impulsados durante el gobierno de Moctezuma Ilhuicamina”, señalan los registros históricos sobre la botánica del bosque.

Su denominación militar surgió en el siglo XIX, otorgada por los cadetes del Colegio Militar que lo consideraban un centinela permanente del recinto.

 

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El origen del edificio actual se remonta a 1785, bajo las órdenes del virrey Bernardo de Gálvez.

El proyecto inicial, encomendado al ingeniero Francisco Bambitelli y continuado por Manuel Agustín Mascaró, buscaba erigir una casa de descanso para las autoridades de la Nueva España.

Tras la muerte de Gálvez en 1786, la Corona española suspendió los trabajos y puso la estructura a subasta.

“Las autoridades de la Real Hacienda subastaron puertas, ventanas y vidrios ante el abandono del inmueble”, documentan las crónicas de la época.

En 1803, el científico prusiano Alexander von Humboldt criticó públicamente la venta de sus materiales, hasta que en 1806 el Ayuntamiento de la Ciudad de México adquirió la propiedad para evitar su desmantelamiento total.

El inmueble adoptó la denominación de «castillo» a partir de 1833, cuando se destinó a sede del Colegio Militar.

Las remodelaciones concluidas hacia 1841 incluyeron la edificación del torreón conocido como «Caballero Alto», otorgándole una fisonomía de fortaleza defensiva.

Durante la intervención estadounidense en septiembre de 1847, el general Nicolás Bravo encabezó la defensa del recinto con 832 soldados y cadetes frente a la ofensiva de más de 7,200 tropas al mando del mayor general Winfield Scott.

El enfrentamiento derivó en la consolidación del relato histórico de los Niños Héroes, integrados por combatientes como Juan de la Barrera, Agustín Melgar, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez y Juan Escutia, este último recordado por la tradición oral al atribuírsele el salto al vacío envuelto en el pabellón nacional.

 

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Con el establecimiento del Segundo Imperio mexicano (1864-1867), Maximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica transformaron el castillo en su residencia oficial, rebautizándolo temporalmente como Miravalle.

En esta etapa se ordenó el trazo del entonces llamado Paseo de la Emperatriz —actual Paseo de la Reforma— para conectar directamente el palacio con el centro capitalino.

Tras la caída del imperio y la restauración de la República, el presidente Porfirio Díaz impulsó la modernización del edificio, instalando en 1901 un elevador de la marca Stigler para conectar los subterráneos con las habitaciones superiores, e integrando cinco vitrales encargados a talleres de París con representaciones de la mitología grecorromana.

Asimismo, en 1878 la cima del cerro fue seleccionada como sede del Observatorio Astronómico Nacional debido a su altitud y condiciones de visibilidad respecto al resto de la cuenca.

Años más tarde, durante exploraciones arqueológicas realizadas en el año 2000, los investigadores descubrieron una caja de cantera enterrada en 1849 que contenía documentos del Colegio Militar, monedas de plata, periódicos de la época y un revólver.

El uso del castillo como residencia presidencial concluyó durante el mandato de Lázaro Cárdenas (1934-1940).

“El presidente Lázaro Cárdenas del Río determinó que el edificio no debía representar el privilegio del poder Ejecutivo sino convertirse en patrimonio público, trasladando la residencia presidencial a Los Pinos”, registran los analistas del periodo posrevolucionario.

Mediante decreto oficial, el Castillo de Chapultepec fue destinado a albergar el Museo Nacional de Historia, inaugurado en 1944, e incorporó en sus muros obras del muralismo mexicano creadas por David Alfaro Siqueiros, Juan O’Gorman y José Clemente Orozco.

La relevancia internacional del sitio se refleja en el ámbito militar estadounidense, cuyo himno del Cuerpo de Marines inicia con la frase «From the Halls of Montezuma» («Desde los salones de Moctezuma»), en referencia directa a la toma de la fortaleza en 1847.

Hoy en día, la edificación se mantiene como una de las estructuras arquitectónicas más representativas de América Latina, al condensar en sus espacios la evolución política, social y cultural de México desde la época prehispánica hasta la era contemporánea.

 

Los secretos del Castillo de Chapultepec

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