El regreso del bisonte del bosque: la especie declarada extinta que redefinió la recuperación ecológica en Canadá
El exitoso programa de reintroducción iniciado en 1980 en el remoto valle de Nahanni permitió rescatar de la extinción al bisonte del bosque canadiense, una especie declarada erróneamente extinta en la década de 1940

El lejano valle de Nahanni Bute, ubicado en los remotos Territorios del Noroeste de Canadá, fue testigo en junio de 1980 de un acontecimiento histórico para la conservación de la fauna silvestre en Norteamérica.
Un avión de transporte militar aterrizó en una pista de tierra improvisada para liberar a 28 bisontes del bosque (Bison bison athabascae), el mamífero terrestre más grande del hemisferio occidental. Con esta acción se introdujo nuevamente a la especie en un ecosistema boreal que no había albergado a ninguno de estos ejemplares en más de un siglo, tras décadas de declive provocado por la acción humana.
El bisonte del bosque se distingue de su pariente, el bisonte de las llanuras, por su imponente tamaño. Un macho adulto puede superar los 900 kilogramos de peso y alcanzar casi 1,8 metros de altura hasta el hombro.
Su morfología le permite adaptarse a climas de frío extremo y desplazarse a través de densas capas de nieve utilizando la fuerza de su masa muscular para acceder al alimento enterrado.
Más allá de sus dimensiones, la especie cumple una función clave como ingeniera de ecosistemas: al pastar de forma intensiva, excavar revolcaderos que se transforman en humedales temporales para anfibios e insectos, y dispersar nutrientes a través del estiércol, el animal mantiene abiertos los espacios prados dentro del denso bosque boreal.

La población original de estos bisontes sufrió un drástico declive a partir de mediados del siglo XIX debido a la expansión del comercio de pieles y la caza con armas de repetición.
A principios del siglo XX, la población continental se había reducido a aproximadamente 250 individuos. Para intentar frenar su desaparición, el gobierno canadiense creó en 1922 el Parque Nacional Wood Buffalo.
Sin embargo, la posterior introducción masiva de bisontes de las llanuras en la misma área provocó la hibridación no controlada entre ambas subespecies y la propagación de enfermedades.
Hacia la década de 1940, la comunidad científica consideró oficialmente extinto al bisonte del bosque genéticamente puro.
La situación cambió en 1957, cuando un investigador del Servicio de Vida Silvestre avistó durante un vuelo de rutina una manada aislada de aproximadamente 200 ejemplares en una zona remota del parque.
Los análisis biológicos posteriores confirmaron que se trataba de bisontes del bosque puros que habían permanecido fuera del alcance de los híbridos.
A partir de este hallazgo, se establecieron poblaciones de resguardo, entre ellas una en el Parque Nacional Elk Island en Alberta, que sirvió como reserva genética y desde donde se trasladaron los 28 ejemplares hacia el valle del río Liard en 1980.
A pesar de amenazas constantes como brotes recurrentes de ántrax, depredación por parte de manadas de lobos, accidentes en carreteras e inviernos rigurosos, el grupo reintroducido comenzó a prosperar.
Un año después de su liberación, los investigadores registraron las primeras actividades de modificación del entorno por parte de los animales, evidenciando el restablecimiento de sus patrones de comportamiento natural.
Posteriormente, se realizaron liberaciones suplementarias que elevaron el número total de animales fundadores a 99.

Con el paso de los años, las evaluaciones demostraron un incremento constante en la población. Para el año 2000, la manada de Nahanni superaba los 200 individuos.
En 2017, un censo aéreo exhaustivo contabilizó aproximadamente 960 bisontes distribuidos en un área de 10.000 kilómetros cuadrados.
Ante estos resultados, las autoridades de vida silvestre modificaron el estatus de la subespecie de “en peligro de extinción” a “amenazada”, momento tras el cual cesaron las intervenciones humanas y las reintroducciones asistidas en la zona.
Una vez que el manejo directo finalizó, la población continuó expandiéndose de manera autónoma. Los animales cruzaron a nado el río Liard, un caudaloso curso de agua considerado previamente por los biólogos como una barrera natural infranqueable.
Tras cruzar el río, los bisontes establecieron una colonia permanente en el noreste de Columbia Británica, logrando así presencia continua en tres jurisdicciones canadienses.
Paralelamente, la presencia de la especie inició un proceso de reactivación de las dinámicas del suelo boreal.
La apertura de praderas, la regeneración de los antiguos revolcaderos llenos de agua de lluvia y el reciclaje de nutrientes comenzaron a revertir la densificación del bosque observada durante su siglo de ausencia.
Asimismo, el regreso del animal tuvo un impacto lingüístico y cultural en las comunidades autóctonas de la zona, como la comunidad indígena de Nahná Náod̲é (Nahanni Bute), donde la palabra ancestral empleada en su lengua para designar al bisonte del bosque volvió a tener un referente vivo en el territorio tras más de cien años.
Actualmente, los datos recopilados durante 45 años en la región de Nahanni constituyen uno de los registros más prolongados sobre la restitución de un gran herbívoro en las latitudes septentrionales, documentando el impacto de la reintroducción de una especie clave en la restauración de los procesos naturales de su hábitat.