El contraste entre el protocolo de Juan Fernando Quintero y el gesto de James con la hija del presidente abre un profundo debate sobre el respeto institucional en Colombia.

Un frío ambiente de tensión política e institucional ha empañado el tradicional acto de entrega del pabellón nacional a la Selección Colombia antes de su partida para representar al país en el exterior.
Lo que debía ser una ceremonia de unidad patria se ha transformado en un encendido debate social tras difundirse las imágenes oficiales del encuentro entre el plantel de futbolistas y el presidente de la República, Gustavo Petro, acompañado por su hija menor, Antonela.
El foco de la polémica se ha centrado en el capitán y referente del equipo, James Rodríguez.
Según diversos analistas y periodistas locales —incluyendo duras críticas vertidas en espacios tradicionalmente moderados como Noticias Caracol—, el comportamiento del mediocampista estuvo desprovisto de la mínima cortesía protocolaria que exige la investidura presidencial.

Durante el saludo oficial, varios futbolistas evitaron el contacto visual con el mandatario. Sin embargo, la actitud de James Rodríguez fue la que desató la mayor indignación pública.
Testigos y cronistas del evento señalaron que el jugador no solo esquivó el saludo a la joven Antonela Petro, confesa admiradora del futbolista, sino que posteriormente intentó “esconderse” en la última fila de la fotografía oficial, luciendo gafas de sol en un recinto cerrado.
“Es absolutamente desgarrador ver la cara que pone la niña”, comentaron fuentes televisivas, aludiendo a la visible decepción de la menor al ver pasar de largo a uno de sus grandes ídolos deportivos.
“No se trata de simpatías políticas. Quien está ofreciendo el pabellón es el presidente de la República, y el respeto a la institución debe prevalecer hasta el último día de su mandato”, añadieron las mismas fuentes, comparando la situación con la época en la que Carlos ‘El Pibe’ Valderrama portaba el brazalete con un comportamiento intachable.
Dos formas de entender el protocolo
En las antípodas de la actitud de Rodríguez se situó el seleccionador nacional (de nacionalidad argentina), quien se mostró sumamente amable y sonriente ante las autoridades. Asimismo, los analistas han destacado la educación de Juan Fernando Quintero. A pesar de haber manifestado públicamente en el pasado su apoyo a opciones políticas de oposición (como Federico ‘Fico’ Gutiérrez), el futbolista paisa mantuvo una conducta impecable y caballerosa durante el acto.

La figura de Quintero ha cobrado especial relevancia en las últimas horas debido a su compleja historia personal, estrechamente ligada al conflicto armado y a las dinámicas del Estado colombiano.
El futbolista perdió a su padre, Jaime Quintero, en 1995, tras desaparecer en el departamento de Antioquia cuando este se encontraba bajo custodia del Ejército Nacional, entonces liderado en la zona por el que fuera posteriormente comandante de la institución, el general Eduardo Zapateiro.
A pesar de que la familia Quintero ha reclamado durante años el esclarecimiento de los hechos y ha criticado los ascensos militares sin que se asuman responsabilidades, el jugador ha sabido desligar su dolor familiar y sus posturas políticas del respeto a la figura presidencial actual.
Su comportamiento ha sido ampliamente respaldado en redes sociales, donde el propio Quintero compartió un mensaje de resiliencia bíblica: “Mi mandato es, sé fuerte y valiente. No tengas miedo ni te desanimes”.

Ante la avalancha de críticas y la pérdida de imagen que esto puede suponer para los patrocinadores privados de la delegación, la Federación Colombiana de Fútbol se ha visto obligada a emitir un comunicado oficial.
En la nota, la entidad rechaza categóricamente los “ataques y descalificaciones” dirigidos hacia los jugadores y sus familias, haciendo un llamamiento a la unidad nacional en torno al equipo.
No obstante, el debate sigue abierto en las calles colombianas: ¿debe un deportista de élite mantener la neutralidad y el respeto institucional por encima de sus afinidades políticas, o son sus gestos una expresión legítima de la polarización que vive el país? El caso de James Rodríguez parece haber dejado una profunda herida en la afición.
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