En un emotivo discurso de despedida en su tierra natal, el mandatario colombiano advirtió sobre el “retorno de los espectros de la muerte” y defendió los logros sociales de su cuatrienio frente a la agenda de la derecha radical.

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En el tramo definitivo de la campaña electoral que culminará en las urnas el próximo domingo 21 de junio, el presidente de la República, Gustavo Petro, ha pronunciado uno de sus discursos más vehementes y polarizantes hasta la fecha.

Desde las riberas del río Sinú, en el departamento de Córdoba, el jefe de Estado arremetió con dureza contra el candidato presidencial de la derecha, Abelardo de la Espriella, acusándolo de pretender “sacrificar la soberanía nacional” mediante una polémica agenda de sumisión a los intereses estadounidenses y un supuesto plan para reinstaurar dinámicas paramilitares en las regiones.

El detonante de la indignación presidencial fue la difusión de una entrevista en la que De la Espriella —quien se define abiertamente como “republicano y costeño”— abogó por el regreso de las bases militares norteamericanas a territorio colombiano, el restablecimiento de la interdicción aérea y la dolarización de la economía nacional como mecanismo para blindar el capital de los ciudadanos frente a la inflación.

Para Petro, estas propuestas representan una capitulación geopolítica ante la figura de Donald Trump y una traición al campesinado humilde que sufrió el rigor del conflicto armado.

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“No puedo entender a un trabajador que vote por su verdugo”, exclamó el mandatario ante una plaza pública concurrida, evocando los episodios más oscuros de la historia reciente de Córdoba, región fuertemente golpeada por las masacres y el despojo de tierras ejecutado por las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC).

En una clara alusión al entorno de De la Espriella —a quien tildó de “jovencillo de Miami que no conoce a Colombia” y de representar a los “terratenientes improductivos”—, Petro advirtió que el proyecto de la oposición busca revertir la reforma agraria que ya ha entregado unas 50,000 hectáreas en el Caribe.

Con una retórica cargada de referencias al poeta republicano español Miguel Hernández, el presidente advirtió sobre los peligros éticos de un cambio de rumbo político:

El retorno de las masacres: Petro enfatizó el peligro de devolver el poder a quienes justificaron el uso de sierras eléctricas y fosas comunes.

Precarización laboral: Criticó con dureza la propuesta de sustituir el salario mínimo vital por esquemas de “contratación por horas”, calificándolos de “esclavistas”.

Financiación internacional: Sugirió de manera controvertida que las campañas de la oposición se nutren de los “dineros sucios del genocidio mundial”, haciendo alusiones directas a líderes internacionales como Benjamín Netanyahu y Javier Milei.

Un pacto entre iguales con Washington

Recordando su encuentro bilateral con Donald Trump en la Casa Blanca, Petro aseguró que su Gobierno ha mantenido una postura de dignidad frente a Washington. “Yo le di la mano y lo miré a los ojos frente al retrato de Abraham Lincoln… y se lo dije: el único pacto viable es un pacto entre iguales, sobre la vida y la libertad, no sobre la base de la genuflexión miamense”, aseveró el gobernante, rechazando de plano que el futuro del país deba diseñarse bajo los estándares estéticos y económicos de las élites de Florida.

PETRO REVENTÓ A ABELARDO: "TRAERÁ LOS PARAMILITARES". SACÓ JUGADOTA POR PLAN  DE TRUMP EN COLOMBIA - YouTube

En un tono que muchos analistas interpretan como una preparación para el escenario post-electoral, Petro denunció la existencia de supuestos planes para su “asesinato físico y moral” debido al impacto de su palabra en las multitudes.

No obstante, lejos de mostrarse amedrentado, lanzó un desafío directo a sus detractores: “Los que me van a echar de la presidencia por tratar de anunciar verdades, pues échenme y me voy a la calle con mi pueblo. De pronto puedo hacer más en la calle”.

El presidente concluyó su intervención haciendo un llamamiento masivo a las mujeres colombianas (“cuidadoras de la vida”) y al electorado en general para que no permitan la “compra de votos”, argumentando que ninguna suma de dinero compensa el beneficio de la universidad pública gratuita o la dignidad laboral conquistada bajo su administración.

Con las elecciones del 21 de junio a la vuelta de la esquina, el discurso de Córdoba tensa aún más la cuerda de una nación que debate su destino entre la continuidad del proyecto popular o un giro drástico hacia la derecha conservadora.