Mario Moreno, “Cantinflas”: la compleja arquitectura del mito entre la risa pública y la sombra privada – News

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Mario Moreno, “Cantinflas”: la compleja arquitectura del mito entre la risa pública y la sombra privada

Desde sus humildes orígenes en Tepito desempeñando oficios como cartero, limpiabotas y boxeador hasta convertirse en el primer mexicano galardonado con un Globo de Oro por La vuelta al mundo en 80 días, Mario Moreno “Cantinflas” transformó el habla popular en un arte inmortalizado por la Real Academia Española

 

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El 20 de abril de 1993, la Ciudad de México presenció una de las manifestaciones de duelo popular más multitudinarias de su historia contemporánea.

Un coche de bomberos abría paso a través de mareas humanas para trasladar el féretro de Mario Moreno Reyes, el hombre que durante más de medio siglo había encarnado la esencia, los matices y las contradicciones del alma hispanoamericana.

Conocido universalmente como “Cantinflas”, el comediante no solo conquistó la época de oro del cine mexicano y los escenarios de Hollywood, sino que logró inmortalizar un modo de expresión barroco y esquivo que terminó por redefinir el propio idioma español.

Sin embargo, tras la figura del haragán de pantalones caídos y pañuelo al cuello, habitaba una biografía atravesada por la precariedad extrema, complejas intrigas políticas, desamores trágicos y una brecha insondable entre el personaje entrañable y el individuo severo que controlaba sus destinos.

Nacido el 12 de agosto de 1911 en el humilde barrio capitalino de Santa María la Redonda, cerca de Tepito, Mario Fortino Alfonso Moreno Reyes fue el sexto de catorce hijos del matrimonio formado por el cartero Pedro Moreno Esquivel y María de la Soledad Reyes Guízar.

En un hogar marcado por la estrechez económica y la pérdida prematura de seis hermanos en el parto, el joven Mario se vio obligado a diversificar su sustento desde la infancia.

Trabajó como limpiabotas, mandadero, cartero, taxista e incluso intentó forjarse un futuro en el boxeo profesional, una disciplina que abandonó definitivamente tras ser noqueado en el segundo asalto de su primer y único combate oficial.

La desesperación por salir de la pobreza lo llevó, a los dieciséis años, a falsificar sus documentos de identidad declarando tener veintiún años para alistarse en el Ejército Mexicano, donde prestó servicio en el 27.º Batallón de Infantería en Guadalajara y posterior guarnición en Chihuahua.

La incursión militar concluyó abruptamente cuando su padre envió una carta formal al secretario de Guerra y Marina, el general Joaquín Amaro Domínguez, solicitando la baja de su hijo por ser menor de edad.

 

Mario Moreno Cantinflas: Man who showed social inequality through the  screen (+seeding)

 

El destino de Moreno quedó sellado al incorporarse al circuito de las carpas itinerantes en la década de 1930.

En estos teatros ambulantes de tela y madera, el aspirante a actor intentó inicialmente imitar a figuras del vodevil internacional pintándose el rostro de negro, pero pronto comprendió que la clave del éxito residía en retratar al habitante marginal de las barriadas urbanas de la capital.

Adoptó la indumentaria distintiva del “peladito”: pantalones holgados sostenidos milagrosamente por un cordel, una camiseta gastada, un sombrero deteriorado y un pequeño pañuelo colgado al hombro.

La génesis del nombre “Cantinflas” y de su particular lenguaje verbal constituye uno de los folclores urbanos más estudiados de la cultura mexicana.

Según análisis historiográficos y crónicas de la época, el estilo del personaje surgió de un episodio de pánico escénico en la Carpa Ofelia, donde un joven paralizado por los nervios comenzó a articular un discurso inconexo, lleno de muletillas, sintaxis rota y vacíos de sentido que provocó la risa eufórica del público.

Este fenómeno lingüístico cobró tal dimensión institucional que, en 1992, la Real Academia Española incorporó oficialmente al diccionario los términos cantinflar, cantinflada y cantinflas, consagrando la acción de hablar de forma disparatada e incongruente sin decir nada sustancial.

El salto del ámbito ambulante a la pantalla grande transformó a Mario Moreno en un fenómeno sociocultural sin precedentes.

Tras una modesta aparición inicial en la cinta No te engañes corazón (1937), dirigida por Miguel Contreras Torres, el comediante consolidó su estatus de superestrella con la comedia Ahí está el detalle (1940), bajo la dirección de Juan Bustillo Oro.

La película no solo definió la época dorada del cine mexicano, sino que acuñó una frase que acompañaría al actor durante el resto de su trayectoria.

A partir de entonces, su filmografía incluyó éxitos rotundos como El gendarme desconocido (1941) y El circo (1943), obra que evidenció la profunda influencia expresiva e ideológica que ejercía sobre él la cinematografía de Charles Chaplin.

El propio Chaplin, tras observar el talento interpretativo y el dominio físico del mexicano, llegó a calificarlo públicamente como el mejor comediante vivo del planeta.

 

Se cumplen 107 años del nacimiento de Mario Moreno “Cantinflas” - Otilca  Radio

 

La proyección internacional de Moreno alcanzó su punto cúlmine en 1956 al coprotagonizar la superproducción estadounidense La vuelta al mundo en 80 días, adaptación de la obra de Julio Verne dirigida por Michael Anderson.

Encarnando al fiel escudero Picaporte junto a David Niven, Moreno no solo contribuyó al éxito comercial del filme —que recaudó más de cuarenta millones de dólares—, sino que se convirtió en el primer actor mexicano en obtener el Globo de Oro al mejor actor en comedia o musical.

Sin embargo, su intento posterior por afianzarse en la industria hollywoodense con la cinta Pepe (1960) evidenció los límites del cruce cultural: el humor de Cantinflas, intrínsecamente ligado al juego semántico y a las sutilezas de la sintaxis castellana, resultaba sumamente complejo de traducir para las audiencias angloparlantes.

Lejos de las cámaras, la personalidad de Mario Moreno contrastaba de forma drástica con el arquetipo cálido y dicharachero que exhibía en la pantalla.

Diversas crónicas de contemporáneos y colegas coinciden en describirlo como un hombre serio, reservado, calculador y distante en las distancias cortas.

Su influencia se extendió a las esferas del poder político e institucional en México.

Manteniendo una estrecha y compleja relación con el Partido Revolucionario Institucional (PRI), llegó a desempeñarse como consejero personal del presidente Gustavo Díaz Ordaz en 1965.

Asimismo, su liderazgo en el ámbito gremial provocó sonados enfrentamientos, como el álgido litigio sindical de 1951 con Jorge Negrete, secretario general de la Asociación Nacional de Actores (ANDA), en el marco del polémico proceso contra la actriz Leticia Palma.

Esa dualidad entre el compromiso social y la figuración pública quedó plasmada de manera monumental en 1953, cuando el muralista Diego Rivera lo situó en el centro del gran friso en la fachada del Teatro de los Insurgentes.

En la obra de más de cuatrocientos metros cuadrados realizada en mosaico de vidrio, Cantinflas aparece representado como una figura mediadora entre las clases acaudaladas y las masas populares, repartiendo el dinero entre los desfavorecidos junto a próceres de la independencia como Miguel Hidalgo y José María Morelos.

 

Recordando a Mario Moreno Cantinflas - ehplustv.com

 

La bonanza económica permitió a Moreno cultivar pasiones como la tauromaquia.

Tras destacar como torero cómico en plazas emblemáticas como la Monumental de México, adquirió la Hacienda La Purísima en Ixtlahuaca y fundó la ganadería de toros de lidia Moreno Reyes, cuyos ejemplares fueron solicitados por célebres matadores como Manuel Benítez “El Cordobés” y Antonio Ordóñez.

En el plano sentimental, estuvo casado durante treinta y dos años con Valentina Ivanova Zukoff, una bailarina de origen ruso a quien conoció en las carpas teatrales y que falleció víctima del cáncer en 1966.

La imposibilidad de concebir hijos impulsó a la pareja a adoptar en 1962 a Mario Arturo Moreno Ivanova, un niño rodeado por el estigma y los rumores no confirmados que lo señalaban como hijo biológico del actor, nacido de una relación extramatrimonial con la estadounidense Marion Roberts, quien se quitó la vida poco después de la adopción.

La vida privada de Moreno estuvo flanqueada por otros episodios sombríos, como la trágica muerte por sobredosis de la actriz checomexicana Miroslava Stern en 1955 —asociada por la leyenda urbana a un amor no correspondido hacia el comediante— y la posterior negativa de la actriz Irán Eory a contraer matrimonio con él en 1969.

Tras haber rodado su última película, El barrendero, en 1981, y de haber prestado su voz para populares series animadas de alcance global producidas por Hanna-Barbera, Moreno se retiró progresivamente de la vida pública.

Fumador empedernido de más de tres cajetillas diarias durante décadas, el actor sucumbió a un cáncer de pulmón que desencadenó un paro cardíaco el 20 de abril de 1993, a los ochenta y un años de edad.

Su fallecimiento motivó homenajes internacionales, incluido un minuto de silencio en el Congreso de los Estados Unidos.

Sin embargo, tras los honores de Estado y las demostraciones de fervor popular, la muerte del mito dio paso a un cruento litigio legal.

Durante años, su hijo adoptivo Mario Arturo Moreno Ivanova y su sobrino Eduardo Moreno Laparade se disputaron ferozmente los derechos de autor de 34 películas fundamentales del actor, un pleito paralelo al entablado por la distribuidora Columbia Pictures, que finalmente obtuvo la titularidad de los derechos cinematográficos en los tribunales estadounidenses en 2001.

A través del tiempo, la figura de Mario Moreno “Cantinflas” permanece como un testimonio vivo de la comedia latinoamericana.

Su legado no reside únicamente en las cintas que inmortalizaron su imagen, sino en la capacidad de un hombre del pueblo para transformar el caos verbal en un arte imperecedero que superó las barreras del tiempo y las contradicciones de su propia existencia.

 

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