La tablilla mesopotámica VAT 8917 y los registros cuneiformes del linaje de los nefilim - News

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La tablilla mesopotámica VAT 8917 y los registros cuneiformes del linaje de los nefilim

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En el panorama de la asiriología contemporánea, el estudio de los artefactos procedentes de las excavaciones mesopotámicas de finales del siglo XIX continúa ofreciendo hallazgos de profunda relevancia histórica y académica.

Uno de los documentos más singulares de este período es el fragmento cuneiforme catalogado oficialmente como VAT 8917, conservado en la Colección del Museo de Pérgamo de Berlín. Recuperada originalmente en las campañas arqueológicas de 1899, la pieza permaneció catalogada de manera provisional durante casi noventa años bajo la etiqueta de «posible texto médico» de procedencia incierta.

No fue sino hasta 1981 cuando se inició una reevaluación sistemática del objeto, seguida por el trabajo de investigación emprendido en 1983 por el especialista Andreas Fuchs en el contexto de sus estudios sobre la terminología médica de la Edad del Bronce.

La traducción precisa del escrito reveló que no se trataba de un formulario farmacológico ni de un tratado clínico convencional, sino de una descripción inventarial, metódica y casi clínica que detalla catorce entradas descriptivas relativas a la morfología, el comportamiento y la dinámica poblacional de un linaje asociado a las entidades conocidas en el ámbito mesopotámico como aquellos que descendieron del cielo.

Dada su composición lingüística, que combina elementos del sumerio y del acadio, el texto ha sido fechado en un período de transición que abarca aproximadamente entre los años 1800 y 1600 a. C.

Esta característica indica que la tablilla conservada constituye la copia de una tradición documental o testimonial considerablemente más antigua.

A diferencia de las obras literarias de corte poético o mitológico contemporáneas, el documento emplea la rigurosa retórica de los registros administrativos, utilizando la misma metodología contable con la que los escribas del área del Tigris y el Éufrates consignaban las medidas de un muro, la profundidad de un canal de irrigación o los cargamentos de grano tributado.

Las primeras seis entradas de la tablilla están dedicadas de forma exclusiva a la estatura y la estructura ósea general.

Al aplicar las conversion de las unidades mesopotámicas de codos al sistema métrico moderno, la altura registrada para los individuos descritos sitúa la cifra entre los 11 y 12 pies.

La segunda entrada precisa que las extremidades de estos seres presentaban una longitud que excedía la proporción habitual observada en los seres humanos, evidenciando una morfología caracterizada por brazos y piernas notablemente más largos en relación con la longitud del torso.

En las entradas tercera y cuarta, el escriba consignó la presencia de un arco superciliar considerablemente más marcado, una mayor amplitud en la zona escapular y una particularidad anatómica descrita literalmente mediante la expresión «doble fuerza en la espalda», formulación que los investigadores interpretan como una indicación de mayor densidad ósea o de una configuración diferenciada en la columna vertebral.

Las características faciales y cutáneas ocupan el bloque comprendido entre las entradas quinta y séptima.

El documento señala que los ojos de estas figuras poseían una cualidad descrita como «del color del fuego» o ardiente, acompañada de un brillo característico y de una disposición orbital de mayor amplitud respecto a la estructura craneal humana convencional.

En lo referente a la epidermis, la sexta entrada emplea una terminología traducida diversamente por los especialistas como «pálida como el hueso» o «del color de un cielo despejado», coincidiendo en señalar un tono manifiestamente más claro que la pigmentación olivas a marrón propia de las poblaciones locales de Mesopotamia.

Por su parte, la séptima entrada consigna que el cabello poseía una cualidad de reflejo metálico, calificada por la fuente como «brillante como el cobre».

El texto prosigue en sus entradas octava y novena detallando aspectos fisiológicos y de movilidad.

Se registra que estos seres exhibían un umbral de fatiga atípico, con una necesidad de descanso significativamente menor a la de los seres humanos, así como un desplazamiento calificado como «veloz más allá de la carrera de los hombres».

Sin embargo, es a partir de la décima entrada donde el documento aporta datos centrales sobre su identificación y genética de poblaciones.

La décima entrada registra la existencia de una marca constante situada sobre la frente, entre los ojos, que servía como rasgo distintivo del linaje.

Las entradas undécima y duodécima abordan de manera directa la descendencia resultante del cruzamiento entre estos seres y las mujeres humanas, consignando que la transmisión de los rasgos no era uniforme.

De acuerdo con el texto, los descendientes híbridos presentaban combinaciones variables de estas características: mientras algunos individuos conservaban la estatura y los rasgos oculares pero no la palidez cutánea, otros manifestaban únicamente la pigmentación.

Finalmente, las dos últimas entradas legibles analizan la esperanza de vida, señalando que la longevidad superior observada en los primeros miembros de la estirpe experimentaba una reducción progresiva a lo largo de las generaciones sucesivas a medida que el grupo se integraba en la población general.

El aspecto que otorga a la tablilla VAT 8917 una dimensión particular en el campo de la literatura comparada es su directa coincidencia con textos redactados en épocas y geografías posteriores.

Más de mil años después de la elaboración del fragmento de Berlín, la tradición judía conservada en el Libro de Enoc —cuyas capas más antiguas, compuestas entre los siglos III y II a. C., se han preservado en los fragmentos arameos hallados en las cuevas de Qumrán— describe a los Vigilantes y a su descendencia, los nefilim.

Los manuscritos de Qumrán registran de igual modo la presencia de seres de estatura excepcional, ojos resplandecientes, piel de extremada palidez y una señal o marca distintiva asociada al linaje, así como el paulatino debilitamiento de sus rasgos biológicos tras el paso de las generaciones.

Dado que los escribas mesopotámicos de la Edad del Bronce no tenían acceso a manuscritos arameos redactados un milenio más tarde, ni los redactores del periodo helenístico contaban con acceso al registro cuneiforme archivado en Mesopotamia, la historiografía analiza la coexistencia de ambas líneas de transmisión independientes.

En el plano del análisis genético y arqueológico de apoyo, diversos especialistas han señalado que el patrón de variabilidad y atenuación progresiva de los rasgos descrito en la tablilla coincide con los modelos biológicos del vigor híbrido y la posterior dilución génica en poblaciones cerradas que se cruzan con un grupo mayoritario.

Asimismo, en el marco de la literatura mesopotámica general, el término sumerio lulu («trabajador primitivo» o «ser mezclado»), presente en textos como la Epopeya de Atrahasis, documenta la noción mesopotámica del cruce deliberado de fuentes biológicas.

Por otro lado, los registros de campo de la arqueología de los siglos XIX y XX han dejado constancia de hallazgos óseos aislados de grandes dimensiones en la región del Levante y Mesopotamia, tales como el informe de excavación de 1936 en las inmediaciones de la antigua Laquis que documentó estructuras óseas compatibles con estaturas superiores a los siete pies, si bien la falta de protocolos de conservación rigurosos en la época ocasionó la pérdida de muchos de estos ejemplares en las colecciones institucionales.

Respecto a la recepción académica del hallazgo y las razones que mantuvieron la tablilla apartada del debate público durante décadas, el propio Andreas Fuchs reflexionó sobre las dinámicas investigativas y el escepticismo de la comunidad científica en una entrevista concedida en la década de 1990:

«Relacionar textos mesopotámicos con el folclore de los nefilim es una forma rápida de perder credibilidad académica.

La mayoría de los especialistas serios de ese campo evitan activamente el tema debido a la manera en que es recibido cuando sale de los círculos académicos y entra en los medios populares.»

El testimonio de Fuchs pone de manifiesto la cautela institucional imperante en torno al tratamiento de documentos que tocan áreas limítrofes entre la asiriología oficial y la mitología comparada.

A pesar de la existencia de dos entradas cuyo estado de conservación fragmentario aún genera debate técnico entre los filólogos y traductores, la tablilla VAT 8917 permanece como uno de los registros cuneiformes más detallados e instructivos sobre las descripciones físicas que las culturas de la antigua Mesopotamia dejaron por escrito en relación con las poblaciones y estirpes de su entorno.

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