Hondarribia y el caserío Basalore: el refugio vasco que ha conquistado a las estrellas de Hollywood
Elsa Pataky y Chris Hemsworth han querido narrar las maravillas que se encontraron durante su estancia en el País Vasco con sus hijos

En la desembocadura del río Bidasoa, donde la geografía de Gipuzkoa se encuentra con el Cantábrico y la frontera francesa, se sitúa Hondarribia.
Esta villa costera, históricamente conocida como Fuenterrabía, ha dejado de ser únicamente un enclave patrimonial del País Vasco para consolidarse como uno de los destinos de privacidad y lujo rural más codiciados por figuras de la industria cinematográfica internacional.
La actriz española Elsa Pataky y su esposo, el actor australiano Chris Hemsworth, han vuelto a situar esta localidad en el foco mediático tras calificarla como un entorno idóneo para fijar su residencia, atraídos por la serenidad del paisaje, la preservación de la arquitectura tradicional y la gastronomía local.
El centro neurálgico de este interés se localiza a escasos minutos del casco urbano, en la finca Basalore.
Se trata de un caserío tradicional cuya denominación procede de las voces en euskera basoa (bosque) y lorea (flor).
Con una extensión de 27 hectáreas de terreno natural rodeado de arbolado, viñedos de txakoli y prados donde pastan animales de granja, la propiedad funciona operacionalmente como la suite rural de máxima categoría del Hotel Arbaso de Donostia.
Diseñado para acoger a un máximo de diez huéspedes, el complejo arquitectónico combina muros de piedra recuperada y vigas de madera histórica con un interiorismo contemporáneo.
En la planta superior albergó una suite principal dotada de alcoba, zona de lectura y jacuzzi, mientras que la planta baja articula salones con chimenea orientados al descanso familiar.
Durante su estancia, la familia Hemsworth-Pataky, acompañada por el actor estadounidense Matt Damon y su entorno cercano, contó con adaptaciones específicas en las instalaciones, entre las que destacó la instalación de un gimnasio exterior acondicionado para rutinas de alto rendimiento, la asistencia de chefs privados enfocados en la cocina de producto local y servicios dedicados al cuidado infantil.
La ubicación del caserío permite a los visitantes combinar la desconexión total dentro de la finca con actividades al aire libre como la hípica, el senderismo por el monte Jaizkibel o recorridos por las bodegas de la comarca.

Más allá del aislamiento que ofrece el caserío, la atracción de la zona reside en el valor histórico y urbanístico de Hondarribia.
Los asentamientos en la zona se remontan a la Prehistoria, con testimonios como los dólmenes hallados en Jaizkibel, y a la época romana, cuando funcionó como punto de fondeo fluvial.
No obstante, la fundación formal de la villa se consolidó en 1203 mediante la concesión de la Carta Puebla por parte del rey Alfonso VIII de Castilla, otorgándole el Fuero de San Sebastián.
Debido a su condición de enclave defensivo fronterizo frente al Reino de Francia, la localidad se estructuró alrededor de un recinto amurallado que se conserva en la actualidad.
El acceso al casco antiguo se realiza a través de la Puerta de Santa María, desde donde arranca la Calle Mayor (Nagusia Kalea), flanqueada por fachadas solariegas con escudos de armas y balcones de forja.
En la cúspide de la colina se sitúa la Plaza de Armas, presidida por el Castillo de Carlos V, una fortaleza de origen medieval reconstruida en el siglo X por Sancho Abarca de Navarra y ampliada posteriormente por la corona castellana, que hoy alberga las instalaciones del Parador de Turismo.
En sus inmediaciones se erige la Iglesia de Santa María de la Asunción y del Manzano, un templo de traza gótica con añadidos renacentistas y barrocos construido entre los siglos XV y XVI sobre los restos de la muralla primigenia.
A la oferta monumental se suma el barrio de La Marina (Portua), situado junto al puerto antiguo.
Caracterizado por sus casas de pescadores de tres plantas con entramados de madera pintados en colores vivos —tradicionalmente verde, azul y rojo, utilizando la pintura sobrante de las embarcaciones—, este distrito concentra la vida social y gastronómica del municipio.
La calle San Pedro es el eje vertebrador de la cultura del pintxo, donde se elaboran especialidades en formato miniatura a partir de productos del mar Cantábrico.

La gastronomía local sustenta gran parte de la reputación internacional de la villa.
La cocina tradicional de Hondarribia se fundamenta en las capturas del día de la flota de bajura, con preparaciones culinarias consolidadas como el bacalao al pil-pil, la merluza a la koskera, las kokotxas de merluza en salsa verde, las anchoas salazonadas y las brasas de pescado entero como el besugo o el rodaballo.
Estas elaboraciones se maridan habitualmente con el txakoli de la Denominación de Origen Getariako Txakolina, un vino blanco joven, afrutado y con una ligera acidez natural producido en los viñedos que rodean las laderas del litoral gipuzkoano.
En el ámbito repostero, la oferta culmina con elaboraciones artesanales como la pantxineta, un postre tradicional vasco elaborado con masa de hojaldre rellenada de crema pastelera y cubierta con almendras fileteadas.
La posición de Hondarribia en la bahía de Txingudi ofrece una dinámica transfronteriza singular.
La cercanía inmediata con la localidad francesa de Hendaya, accesible mediante un trayecto de pocos minutos en barco que cruza la desembocadura del Bidasoa, permite a los residentes y visitantes desplazarse entre ambos países con fluidez.
Esta proximidad a San Sebastián, ubicada a apenas 20 kilómetros, proporciona un acceso rápido a servicios urbanos, festivales internacionales de cine y música, y una de las mayores concentraciones de estrellas Michelin por metro cuadrado del mundo, manteniendo al mismo tiempo el ritmo pausado y la privacidad de una villa marinera.
La combinación de patrimonio arquitectónico, seguridad, alta cocina y fincas rurales adaptadas a los estándares de exclusividad contemporáneos ha consolidado a Hondarribia y al valle del Bidasoa no solo como un destino vacacional recurrente para personalidades del cine global, sino como un modelo de desarrollo turístico sustentado en la identidad cultural y la conservación del entorno natural.
