La hija de Carlos Herrera y Mariló Montero contrae matrimonio en el Upper East Side ante sesenta invitados, luciendo un vestido de diseño propio con reminiscencias españolas

 

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Nueva York, la ciudad que adoptó a Rocío Crusset hace ya una década para consolidar su carrera internacional en el mundo de la moda, ha sido el escenario elegido por la modelo y el financiero estadounidense Charlie Schein para contraer matrimonio.

En una ceremonia marcada por la más estricta intimidad familiar y un medido perfil protocolario, la pareja formalizó su unión en la histórica Iglesia de San Ignacio de Loyola, ubicada en el distinguido barrio del Upper East Side.

Al enlace acudieron únicamente unos sesenta invitados, un deseo expreso de los contrayentes para preservar el carácter afectivo y privado de la jornada.

La novia, que accedió al templo del brazo de su padre y padrino, el periodista Carlos Herrera, acaparó la atención de los presentes con un vestido nupcial que ella misma diseñó para la ocasión.

Se trata de una pieza de inspiración bohemia y romántica, confeccionada en un delicado encaje blanco con motivos florales.

El diseño destacó por un pronunciado escote en V en la espalda, mangas fluidas de estilo mariposa y una falda asimétrica estructurada en volantes escalonados que dotaban de dinamismo a la silueta, rematando el conjunto con una ligera cola.

Fiel a su estilo minimalista, Crusset completó el atuendo con un moño bajo de bailarina adornado con flores naturales, pendientes de perlas y brillantes de tamaño medio, y un sobrio buqué de lirios del valle.

 

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Dada la procedencia de los contrayentes y la naturaleza cosmopolita de su entorno, la liturgia se ofició de manera bilingüe en inglés y español.

Asimismo, el servicio religioso incorporó ciertos pasajes y simbolismos propios del rito hebreo, en deferencia a las raíces judías de la familia del novio.

Charlie Schein, que optó por un clasicismo depurado, lució un traje sastre azul oscuro, camisa blanca y corbata en azul marino con sutiles motivos geométricos en tonos blancos y celestes, una línea estética que también siguieron los testigos y allegados masculinos de la celebración.

La representación de la crónica social española estuvo encabezada por la madre de la novia, Mariló Montero, quien destacó por su elegancia al lucir un vestido bicolor en tonos rosa fucsia y rojo con falda abullonada.

Montero, según confirmaron fuentes cercanas, se trasladó a los Estados Unidos una semana antes del enlace para tutelar los últimos preparativos logísticos junto a su hija.

La delegación familiar se completó con la actual esposa de Carlos Herrera, Pepa Gea, así como el hermano de la novia, Alberto Herrera, quien acudió acompañado por Blanca y Andrés, además de un reducido grupo de cuatro amigas de la infancia de la modelo procedentes de Sevilla.

La única ausencia notable en el cónclave familiar fue la del pequeño Marcos, hijo de Alberto Herrera, debido a su corta edad.

 

Rocío Crusset se casa en Nueva York con un bohemio vestido de encaje y  volantes que deja la espalda al descubierto

 

Tras la conclusión del oficio religioso, los recién casados y sus invitados se trasladaron al prestigioso restaurante del chef Daniel Boulud, situado en las inmediaciones del Upper East Side.

El banquete posterior tuvo lugar en el salón Bellecour, un espacio caracterizado por su profusa luminosidad natural y su decoración de corte palaciego.

Pese a la distancia geográfica, las raíces andaluzas de la novia vertebraron la propuesta gastronómica y lúdica del festejo.

Los asistentes brindaron con manzanilla de Sanlúcar de Barrameda y degustaron piezas de jamón ibérico de bellota cortado a cuchillo por un maestro profesional, armonizado con una cuidada selección de caldos procedentes de las denominaciones de origen de Rioja y Canarias.

El componente emotivo de la velada alcanzó su punto álgido durante los tradicionales bailes de honor.

Rocío Crusset abrió la pista junto a Carlos Herrera al compás de una balada interpretada por Frank y Nancy Sinatra, para posteriormente dar paso a la interpretación de la clásica sevillana «Me sabe a sal» del conjunto Sal Marina, un instante que suscitó las lágrimas de los familiares más directos, incluidos Mariló Montero y Alberto Herrera, quienes manifestaron a los medios su profunda satisfacción por la complicidad y felicidad que irradia la pareja.

Tras las celebraciones, el nuevo matrimonio ha fijado su residencia habitual en su apartamento del barrio de Tribeca, si bien se prevé su tradicional visita estival al litoral español en las próximas semanas.

 

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