El candidato de la izquierda escenifica un encuentro privado con las principales hinchadas del fútbol colombiano en vísperas de la segunda vuelta, coincidiendo con la ratificación de la condena a 28 años de prisión contra Santiago Uribe Vélez.

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A menos de dos semanas para la crucial cita con las urnas del 21 de junio, la campaña presidencial colombiana ha trasladado su centro de gravedad desde los grandes auditorios hacia los espacios de la cultura popular urbana. En un movimiento estratégico diseñado para apelar a las bases juveniles y a los sectores tradicionalmente marginados, el candidato Iván Cepeda Castro protagonizó este fin de semana una reunión a puerta cerrada con líderes de las principales barras organizadas del balompié nacional en el occidente de la capital de la República.

El encuentro, coordinado en un formato de estricta reserva cara a cara, congregó a representantes de aficiones históricamente enfrentadas, incluyendo delegaciones del América de Cali, Deportivo Cali, Atlético Nacional, Junior de Barranquilla, Independiente Santa Fe, Millonarios, Atlético Bucaramanga, Deportes Tolima y Once Caldas. Según portavoces de la candidatura, el acto buscó proyectar una simbología de reconciliación civil bajo la premisa de que “la camiseta de la selección y el fútbol pertenecen a toda la nación” y no a un sector partidista exclusivo, en clara alusión a la retórica de su rival en el tarjetón, Abelardo de la Espriella.

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El representante a la Cámara Daniel Monroy, uno de los principales dinamizadores del activismo joven dentro del oficialismo, enfatizó el valor político del encuentro en un momento de alta tensión institucional. “Este mensaje de unión en medio de la diferencia es una lección para los sectores políticos que aún no han tomado una posición”, señaló Monroy, vinculando la agenda del barrismo con la defensa del derecho a la vida y los programas de paz territorial.

El fútbol como espacio público

Desde la plataforma oficialista se lanzó una severa advertencia contra lo que califican como la “estigmatización de los movimientos sociales por parte de Gobiernos de derecha”. Monroy criticó frontalmente los modelos de gestión privada en los escenarios deportivos de la capital, denunciando que “hasta el Estadio El Campín está privatizado” y prometiendo blindar el carácter popular del deporte frente a las lógicas corporativas.

La jornada coincidió, asimismo, con la partida de la selección nacional de fútbol hacia los Estados Unidos para la disputa de la cita mundialista, un evento que no estuvo exento de controversia local tras el protocolario acto de despedida encabezado por el presidente saliente, Gustavo Petro, debido a supuestos desplantes atribuidos a figuras del plantel profesional en las redes sociales.

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A la par del despliegue en las comunas bogotanas, la recta final hacia la Casa de Nariño se vio sacudida de forma inmediata por una notificación de los tribunales de alta justicia: la ratificación de la condena a 28 años de prisión contra el ganadero Santiago Uribe Vélez, hermano del expresidente Álvaro Uribe Vélez, por delitos vinculados al paramilitarismo.

imageEl entorno de Iván Cepeda capitalizó de inmediato el fallo judicial para reforzar una de las promesas bandera de su programa: la reforma del sistema penitenciario para delincuentes de “cuello blanco”. Miembros del equipo de campaña recordaron que la plataforma de Cepeda contempla la eliminación de beneficios como la reclusión en guarniciones militares o la detención domiciliaria para los condenados por corrupción y violaciones a los derechos humanos, exigiendo que se aplique el régimen penitenciario ordinario.

La confluencia de este veredicto de alto impacto con la movilización de las estructuras juveniles en las barriadas perfila un panorama de extrema polarización para el balotaje del 21 de junio, donde el control del relato sobre el orden legal y la paz social resultará determinante.