• La cronista política relata en una entrevista con Alfonso Rojo el “calvario profesional” sufrido tras anticipar las claves de la caída del exministro.

• Despoja al presentador de Cuatro de la condición de periodista: “Es un publicista que se dedica al teleentretenimiento”.

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MADRID — El debate sobre los límites de la deontología profesional y las presiones político-mediáticas ha vuelto a encenderse con inusitada fuerza.

En el transcurso de una pormenorizada entrevista concedida al director de Periodista Digital, Alfonso Rojo, la periodista Ketty Garat ha roto su silencio para denunciar la “carnicería” y el “canibalismo periodístico” del que afirma haber sido víctima durante los últimos cuatro años.

El motivo: haber sido la primera informadora en desvelar los motivos reales que provocaron la abrupta destitución del exministro de Transportes, José Luis Ábalos, mucho antes de que las investigaciones de la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil salieran a la luz.

En el centro de sus acusaciones más severas se sitúa el presentador de Mediaset, Risto Mejide. Garat ha sido tajante al desbancar al conductor de Todo es mentira de la categoría de informador puro, definiéndolo en términos estrictamente comerciales y de espectáculo.

“Risto Mejide no es un periodista. Yo no le meto en la categoría en la que podemos estar nosotros. Es un publicista que se dedica a hacer un teleentretenimiento, es decir, un show”, aseveró con firmeza.

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Según el testimonio de la reportera, el entorno de La Moncloa y Ferraz activó de forma coordinada a sus terminales de comunicación para “triturar su credibilidad” y levantar un muro de contención en torno a los implicados en el posterior escándalo de las mascarillas (el denominado ‘caso Koldo’).

En este engranaje de presión, Garat identifica al rostro de Cuatro como una pieza clave dedicada a ejercer de “abogado defensor” del exdirigente socialista.

“Me he sentido atacada porque he sido atacada; ha habido una cacería mediática y una cacería política contra mí por el mero hecho de publicar”, confesó la periodista.

Garat lamentó profundamente que la “maquinaria del miedo” consiguiera amordazar y sembrar la duda sobre las informaciones independientes durante casi tres años, mientras las detenciones de figuras clave como Koldo García o Víctor de Aldama se fraguaban en sede judicial.

Durante todo ese período, añade, el presentador de televisión estuvo “atentando contra mi honor y vejando mi trabajo de manera sostenida”, incluso cuando el devenir de los acontecimientos y las resoluciones judiciales comenzaron a dar la razón a las exclusivas de la periodista.

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El momento de mayor carga dramática de la comparecencia se produjo cuando Alfonso Rojo interrogó a la invitada sobre si el conductor de Mediaset había mostrado la decencia institucional de rectificar o pedir disculpas una vez que la UCO ratificó punto por punto sus informaciones.

Sentencia definitiva: “Jamás, ni lo va a hacer”, zanjó Garat con absoluto desprecio, sugiriendo que la ofensiva personal desplegada desde el plató de Cuatro respondía únicamente a criterios de rentabilidad política para la factoría oficialista.

La denuncia pública de Ketty Garat no solo evidencia la profunda fractura existente en las tertulias televisivas, sino que traza un preocupante cuadro sobre el acoso al periodismo de investigación e independiente en España, señalando cómo determinados espacios de entretenimiento han podido ser presuntamente instrumentalizados como “bufones útiles” para blindar las responsabilidades del Ejecutivo.