• El presidente del Gobierno se desplaza a Barcelona tras la recepción en el Palacio Real, una decisión calificada de “espantada” por la oposición.

• El viaje coincide con una semana negra para Ferraz por las revelaciones del ‘caso Leire’ y la imputación de Zapatero en la causa Plus Ultra.

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MADRID / BARCELONA — En un movimiento que ha desatado una oleada de reproches por la falta de solemnidad y decoro institucional, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, abandonó la capital este sábado por la tarde con destino a Barcelona.

El jefe del Ejecutivo central ha optado por refugiarse en el ambiente multitudinario del festival de música Primavera Sound, una controvertida maniobra que la oposición y diversos sectores de la opinión pública interpretan como una estrategia de evasión deliberada frente al clima de contestación social y al aislamiento diplomático escenificado durante las últimas horas en Madrid.

La marcha del líder socialista se produjo inmediatamente después de los actos oficiales de bienvenida al Papa León XIV.

Fuentes de la carrera diplomática no han ocultado su asombro ante lo que consideran un desplante inédito a la delegación vaticana.

La frialdad del Sumo Pontífice hacia el secretario general del PSOE —que contrastó abiertamente con la sintonía, calidez y cercanía exhibida por el Santo Padre hacia Sus Majestades los Reyes, Don Felipe VI y Doña Letizia— parece haber acelerado la necesidad de Moncloa de cambiar drásticamente de escenario.

Sánchez es el responsable político (quizá penal) de un golpe posmoderno que  ha tratado de desbaratar el sistema constitucional. Desde ayer y hasta el  jueves, el presidente es un parásito del Papa

Para los analistas políticos, la decisión de Sánchez de buscar el amparo de un festival masivo responde a la imposibilidad de realizar actos a pie de calle sin verse expuesto a sonoras protestas populares.

El blindaje policial y las barricadas que habitualmente rodean sus apariciones en Madrid se han vuelto un peaje demasiado costoso en términos de imagen pública, especialmente en una semana en la que la presión judicial ha alcanzado cotas críticas.

La controvertida agenda del fin de semana presidencial coincide, además, con un horizonte penal extremadamente adverso para el Partido Socialista:

El ‘caso Leire’: El cerco de las libretas de la Unidad Central Operativa (UCO) sobre el entorno familiar directo del presidente continúa estrechándose, aportando indicios diarios que dificultan el sostenimiento del relato oficial.

Imputación de Zapatero: La reciente imputación del expresidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, en el marco del procedimiento judicial que investiga las presuntas irregularidades de la aerolínea Plus Ultra, ha supuesto un durísimo impacto en la línea de flotación de Ferraz.

Asociaciones de víctimas de abusos denuncian su exclusión en la visita del  papa León XIV a España

Desde las filas de la oposición no se ha tardado en calificar este viaje de “huida rácana” y “desprecio intolerable” tanto a la ciudadanía como a las altas instituciones del Estado.

Critican que, mientras el país se vuelca con la histórica trascendencia de la visita del Pontífice, el jefe del Ejecutivo prefiera el postureo y la distracción musical antes que comparecer para ofrecer explicaciones detalladas sobre los presuntos casos de corrupción que cercan a su partido.

Con la credibilidad gubernamental seriamente erosionada tras el gélido encuentro en la pista de aterrizaje de Barajas, la imagen de un presidente buscando camuflar el rechazo civil entre el gentío de un festival de pop-rock no hace sino profundizar la percepción de un final de ciclo marcado por el aislamiento, la frivolidad y el asedio judicial.