Los archivos inéditos de don Juan de Borbón salen del olvido: el legado familiar que Juan Carlos I no pudo utilizar para escribir sus memorias y que ahora podrá estudiarse
El emérito ha recuperado todos los recuerdos de su padre, don Juan de Borbón, que permanecieron durante años en cajas deterioradas en un desván del Palacio Real

Cuando Juan Carlos I decidió escribir sus memorias bajo el título ‘Reconciliación’, tenía claro que el proyecto debía apoyarse no solo en sus recuerdos, sino también en la documentación familiar que durante décadas había permanecido custodiada por la Casa del Rey.
Sin embargo, una cuestión jurídica sobre la propiedad de esos archivos impidió que tanto el rey emérito como la escritora francesa Laurence Debray pudieran consultarlos durante la elaboración del libro.
Aquella limitación obligó a reconstruir buena parte de la historia mediante testimonios personales, fotografías conservadas por familiares y conversaciones con personas que habían compartido momentos clave de su vida. Meses después de la publicación de la obra, el futuro de ese valioso legado documental comienza a aclararse.
Publicadas inicialmente en Francia y posteriormente en España, las memorias ‘Reconciliación’, escritas en primera persona con la colaboración de Laurence Debray, representan el primer relato autobiográfico del rey emérito sobre su infancia, su formación, la Transición española, el reinado y los episodios más relevantes de su vida pública y privada.
En la introducción de la obra, Juan Carlos I explica que decidió escribirlas pese al consejo que siempre recibió de su padre, don Juan de Borbón, quien defendía que «los reyes no se confiesan».
El exjefe del Estado justificó su decisión asegurando que sentía que «le estaban robando su historia» y que había llegado el momento de ofrecer su propia versión de los hechos.
Durante el proceso de documentación, Juan Carlos I solicitó acceder tanto a su archivo personal como al legado documental de su padre, don Juan de Borbón, conde de Barcelona. Sin embargo, la autorización nunca llegó.
La Casa del Rey consideró necesario aclarar previamente quién era el propietario legal de aquella documentación antes de permitir cualquier consulta, lo que impidió utilizar ese material para completar numerosos pasajes del libro.

La escritora Laurence Debray reconoció posteriormente que aquella circunstancia supuso una importante decepción para el desarrollo del proyecto.
«Para mí fue una decepción no tener sus archivos personales. Incluso pensaba tener acceso a los archivos de su padre, don Juan. Empecé trabajando con esa ilusión.»
Ante la imposibilidad de consultar esos documentos, el trabajo de reconstrucción histórica tomó un rumbo muy diferente.
Fue el propio Juan Carlos I quien organizó encuentros, llamadas y entrevistas con antiguos colaboradores, familiares y amigos para contrastar fechas, recuperar fotografías y reconstruir episodios que no podían verificarse mediante documentos oficiales.
«Era el Rey el que me organizaba las llamadas, la logística para hablar con unos y con otros. Él me daba el material», explicó Debray al recordar aquellos meses de trabajo conjunto.
Mientras tanto, el archivo personal de don Juan de Borbón permanecía prácticamente olvidado en un desván del Palacio Real.
La documentación se encontraba almacenada desde hacía años en cajas deterioradas cuyo estado de conservación comenzaba a preocupar seriamente debido al paso del tiempo.
Según diversas informaciones, fue el propio Juan Carlos I quien trasladó a la Casa del Rey su inquietud por las condiciones en las que se encontraba el legado documental de su padre, reclamando que se adoptaran medidas para garantizar su preservación.
Tras esa petición se puso en marcha un proceso de recuperación y catalogación del archivo.
Un oficial archivista de la Armada, junto con otro miembro del Cuarto del Rey, asumieron la tarea de abrir las cajas, revisar cuidadosamente cada documento y clasificarlos según su naturaleza y relevancia histórica.
El objetivo era distinguir los recuerdos estrictamente familiares de aquellos materiales susceptibles de formar parte del patrimonio documental de la historia contemporánea de España.
Una vez concluido ese trabajo inicial, la Casa del Rey solicitó un informe jurídico para resolver definitivamente la cuestión sobre la propiedad del archivo de don Juan de Borbón.
El dictamen determinó que los legítimos propietarios del legado eran sus tres hijos: la infanta Pilar —fallecida en 2020—, la infanta Margarita y Juan Carlos I.
Aclarada la situación legal, el rey emérito autorizó que la documentación con valor histórico pudiera ser evaluada con vistas a su posible depósito en una institución pública especializada en conservación documental, como el Archivo General de Palacio, donde investigadores e historiadores podrían consultarla en el futuro.

Entre el abundante material recuperado aparecen miles de documentos que permiten reconstruir no solo la trayectoria política del conde de Barcelona, sino también numerosos aspectos de su vida cotidiana durante el largo exilio de la familia Borbón.
El archivo conserva fotografías familiares de Alfonso XII, Alfonso XIII y del propio don Juan, correspondencia privada, documentos relacionados con la vida en Estoril, facturas domésticas, billetes y cupones de descuento para viajes en tren, además de diversa documentación administrativa que refleja la realidad diaria de una familia real obligada a vivir fuera de España durante décadas.
Uno de los hallazgos más significativos es la Cartilla Naval de Guardiamarina que don Juan utilizó durante su formación militar.
El documento testimonia la profunda vocación marinera del conde de Barcelona, quien ingresó con apenas 17 años en la Escuela Naval Militar de San Fernando, en Cádiz, tras superar los exámenes del Ministerio de Marina.
Allí juró bandera ante Alfonso XIII el 28 de octubre de 1930. Sin embargo, su carrera quedó abruptamente interrumpida el 14 de abril de 1931, cuando la proclamación de la Segunda República obligó a la familia real a abandonar España.
Aquel mismo día, don Juan dejó la academia naval y partió hacia Gibraltar a bordo de un buque de guerra antes de continuar su exilio por Italia, Francia y, finalmente, el Reino Unido, donde prosiguió su formación en el prestigioso Britannia Royal Naval College de Dartmouth.
Esa pasión por el mar marcaría toda su vida y sería heredada posteriormente por su hijo, Juan Carlos I, quien también desarrolló una estrecha vinculación con la Armada española durante su formación como futuro jefe del Estado.
La recuperación y ordenación de este archivo abre ahora una nueva etapa para el estudio de la historia de la familia Borbón durante el siglo XX.
Muchos de los documentos que no pudieron incorporarse a ‘Reconciliación’ por razones administrativas y jurídicas podrán aportar en el futuro nuevos datos sobre el exilio, la vida personal de don Juan de Borbón y el contexto histórico en el que se desarrolló una parte fundamental de la historia de la monarquía española.
