Isabel Preysler desvela los secretos de su matrimonio con Julio Iglesias: una historia de amor, ausencias y celos que marcó su vida para siempre
Recordamos el matrimonio entre Isabel Preysler y Julio Iglesias, marcado por la pasión, las prolongadas ausencias del cantante y unos celos que terminaron desgastando la relación

Isabel Preysler decidió abrir las puertas de su pasado para recordar una de las relaciones que más marcaron su vida: su matrimonio con Julio Iglesias.
En sus memorias, la conocida como la “reina de corazones” repasa los años junto al cantante español, desde el intenso comienzo de su historia de amor hasta una separación marcada por la distancia, las largas giras internacionales, los celos y las dificultades de mantener una vida familiar mientras la carrera artística de Julio Iglesias alcanzaba una dimensión mundial.
Fue una relación que comenzó cuando ambos eran muy jóvenes y que, durante años, despertó una enorme fascinación pública. Isabel, nacida en Manila en 1951, había llegado a España siendo adolescente y pronto se convirtió en uno de los grandes rostros sociales del país.
Julio Iglesias, por su parte, comenzaba a consolidarse como uno de los artistas españoles con mayor proyección internacional después de ganar el Festival Internacional de la Canción de Benidorm en 1968 y lanzar una carrera que le llevaría a actuar en escenarios de todo el mundo.
La pareja se conoció en 1970 y su relación avanzó rápidamente. Apenas ocho meses después de aquel primer encuentro, contrajeron matrimonio en la iglesia de Nuestra Señora del Carmen de Illescas, en Toledo, en enero de 1971.
La boda estuvo marcada por una circunstancia especial: Isabel estaba embarazada de su primera hija, Chábeli, que nació en septiembre de ese mismo año.
Años después, Preysler reconoció que aquella etapa estuvo condicionada por las normas sociales de la época y por la presión de ocultar un embarazo antes del matrimonio.
La familia creció con la llegada de Julio José en 1973 y Enrique en 1975. Durante aquellos primeros años, Isabel se volcó en su papel de esposa y madre mientras Julio construía una carrera internacional que le obligaba a pasar largos periodos fuera de España.
En sus recuerdos, la socialité admite que el amor hacia Julio no fue necesariamente inmediato, sino que fue creciendo con el tiempo.
«Me casé queriendo mucho a Julio, pero es cierto que con el paso del tiempo me enamoré locamente.»

Según explica, llegó a dedicar gran parte de sus esfuerzos a adaptarse a las necesidades del cantante y a crear un hogar estable que no interfiriera en su trayectoria profesional.
«Para complacerle, me olvidé de mí y me convertí en su ideal de mujer. Mi aspiración era aportarle tranquilidad y que nuestra relación no interfiriese en su trabajo.»
Sin embargo, esa entrega tuvo también una consecuencia personal: mientras la vida profesional de Julio Iglesias crecía constantemente, el mundo de Isabel comenzó a reducirse al ámbito familiar.
El éxito internacional del artista fue uno de los grandes factores que condicionaron el matrimonio. Las giras por América, Europa y otros continentes hacían que las ausencias fueran cada vez más prolongadas.
La convivencia diaria fue desapareciendo y la relación comenzó a sostenerse principalmente a través de llamadas telefónicas y mensajes desde distintos países.
«Al final, nuestra vida conyugal se limitaba a las postales de los diferentes países que Julio visitaba en sus giras y al teléfono, porque sus ausencias eran cada vez más largas.»
A pesar de la distancia, Isabel recuerda que Julio siempre tuvo una gran preocupación por la seguridad económica de su familia. Antes de cada viaje, el cantante dejaba indicaciones detalladas por si ocurría algún problema durante sus desplazamientos.
«Cada vez que iba de viaje, Julio tenía la obsesión de dejarme instrucciones por si le pasaba algo.»
Entre esas indicaciones estaba la información sobre la situación financiera del matrimonio, aunque Isabel asegura que ella conocía perfectamente esos detalles porque ambos compartían una cuenta bancaria.
«Me recordaba el dinero del que disponíamos, aunque yo lo sabía perfectamente porque teníamos una cuenta conjunta y todo lo que ganaba lo ingresaba en ella.»

Pero la estabilidad económica no consiguió compensar la falta de tiempo compartido. La distancia física terminó generando tensiones y uno de los aspectos más complicados de la relación fueron los celos del cantante.
Isabel relata que, mientras ella nunca llegó a imaginar que Julio pudiera serle infiel, él reaccionaba con desconfianza ante cualquier hombre que se acercara a ella.
«Mientras que yo jamás sospeché que podía estar engañándome, Julio, en cambio, sentía unos celos enfermizos hacia cualquiera que se me acercara.»
La periodista y empresaria explica que después de esos episodios él solía pedirle perdón y ella mantenía la esperanza de que la situación cambiara.
«Siempre me pedía perdón y yo me hacía la absurda ilusión de que iba a cambiar.»
Con la perspectiva del tiempo, reconoce que aquellos problemas formaban parte de una personalidad muy difícil de modificar.
«Los celos los llevaba inscritos en su ADN.»
La ruptura llegó en 1978, después de siete años de matrimonio. El final de la relación fue un momento doloroso para ambos, no solo por la separación sentimental, sino también por todo lo que habían construido juntos como familia.
Isabel recuerda que la ruptura no estuvo marcada únicamente por los conflictos, sino también por la tristeza de perder una etapa importante de sus vidas.
«Cuando Julio asumió que nuestro matrimonio se había roto, se sintió tan destrozado como yo y ambos vivimos un duelo por nuestros días felices.»
Tras la separación, ambos rehacieron sus vidas. Julio Iglesias continuó con una carrera internacional histórica y se convirtió en uno de los artistas latinos más reconocidos del mundo.
Isabel Preysler inició posteriormente nuevas relaciones sentimentales con figuras como el marqués de Griñón, Carlos Falcó; el exministro Miguel Boyer; y el escritor Mario Vargas Llosa.
A pesar del paso del tiempo, los dos han mantenido una relación basada en el respeto, especialmente por sus tres hijos en común.
Chábeli, Julio José y Enrique Iglesias han sido siempre el vínculo que los ha mantenido conectados después de una historia de amor que comenzó con una enorme intensidad y terminó convirtiéndose en uno de los matrimonios más recordados de la crónica social española.
Décadas después de su separación, Isabel Preysler continúa recordando aquellos años con una mezcla de nostalgia y reflexión: una etapa en la que vivió el amor, la maternidad, la fama y también las dificultades de compartir su vida con un hombre cuya carrera estaba destinada a convertirlo en una leyenda de la música mundial.
