El magistrado Jesús Villegas advierte en ‘El Cascabel’ de que los indicios sitúan al presidente del Gobierno como “tramollista” de la red corrupta y no como un observador ajeno.

 

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La presión judicial sobre el entorno del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, ha alcanzado un umbral de extrema gravedad procesal.

Durante la última emisión del programa político El Cascabel, magistrados y expertos en derecho penal han analizado el alcance de los últimos informes de la policía judicial entregados al juez Santiago Pedraz.

La conclusión de los expertos es unánime y demoledora para los intereses de Moncloa: de producirse una citación judicial para el jefe del Ejecutivo, la solidez y el enfoque de las pruebas acumuladas obligarán al instructor a convocarlo en condición de investigado (imputado) y nunca como un mero testigo presencial.

Los analistas legales descartan de plano la estrategia de defensa desplegada por el Partido Socialista, que intenta encapsular las responsabilidades afirmando que se trata de “terceras personas” quienes aluden al presidente en las grabaciones y documentos intervenidos.

A juicio de la judicatura, las alusiones constantes —que se repiten hasta en trescientas ocasiones dentro del sumario— no responden a una invención coordinada, sino a la descripción técnica del verdadero “tramollista” que opera detrás del escenario delictivo.

 

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A pesar de la contundencia de los indicios, el camino procesal para ver al presidente del Gobierno ante un tribunal presenta una notable complejidad institucional debido a su condición de aforado.

El juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, carece de competencia constitucional para imputar de forma directa a un miembro del Parlamento.

Para ello, se requiere la activación de un suplicatorio ante el Congreso de los Diputados y el posterior traslado de la causa penal al Tribunal Supremo.

“El suplicatorio es una espada de doble filo. La judicatura no dará ese paso sin tener la causa completamente amarrada. Si la Cámara Baja denegara la autorización sin un armazón probatorio indestructible, se podría provocar un sobreseimiento libre, lo que equivaldría a una sentencia absolutoria irreversible para el investigado”, advierten las fuentes jurídicas consultadas.

No obstante, el proceso se encuentra actualmente en lo que técnicamente se denomina “casilla número uno”.

Aunque el atestado policial posee la consideración jurídica de una denuncia formal, la investigación previa realizada por la policía judicial dota al procedimiento de una consistencia estructural que impide su archivo prematuro.

 

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Frente a la narrativa oficialista que sugiere la existencia de una “trama ficticia” orquestada por enemigos políticos internos y externos para derrocar al secretario general del PSOE, el sumario aporta hitos fácticos que desmienten la tesis de la fabulación.

Entre los elementos más alarmantes señalados por los magistrados destacan las reuniones mantenidas por los cabecillas de la red en la propia sede central del Partido Socialista y los inexplicables accesos directos a la dirección general de la Guardia Civil.

La capacidad de la trama para “abrir las puertas” de las más altas instituciones del Estado —incluyendo supuestas mediaciones ante la Fiscalía General del Estado, cuyo anterior titular ya arrastra una condena por revelación de secretos— confirma que los implicados operaban con un respaldo político de primer nivel.

Los tribunales centran ahora sus esfuerzos en dirimir si el nivel de credibilidad de los testimonios es suficiente para formalizar la imputación del “número uno” de la jerarquía estatal, en un escenario que evoca los capítulos más oscuros del felipismo, cuando las redes de poder utilizaban términos en clave para referirse a la cúspide del mando presidencial.

 

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