Rodri Hernández revela el secreto de su equilibrio fuera del fútbol: “La universidad fue buena para mi salud mental”
El capitán de la Selección española recuerda los años en los que compaginó el fútbol profesional con sus estudios universitarios

Rodri Hernández vive uno de los momentos más brillantes de su carrera deportiva. Campeón del mundo con la selección española en 2026, capitán de La Roja y elegido como uno de los grandes protagonistas del torneo, el centrocampista se ha convertido en uno de los futbolistas más admirados del panorama internacional.
Sin embargo, detrás del éxito, los títulos y el reconocimiento existe una historia marcada por una decisión poco habitual entre los jugadores de élite: compaginar durante años el fútbol profesional con una carrera universitaria.
El futbolista madrileño siempre ha defendido que su formación académica fue una parte esencial de su crecimiento personal.
Mientras muchos jóvenes talentos dedican todos sus esfuerzos a perfeccionar sus habilidades deportivas desde edades tempranas, Rodri decidió mantener un equilibrio entre sus obligaciones como jugador y sus estudios, una elección que, según él mismo reconoce, tuvo un impacto muy positivo en su bienestar emocional.
“Cuando jugué mi primer partido de La Liga, estaba en la Universidad. Disfruté mucho esos cuatro años. Mi cerebro estaba en otras cosas además del fútbol y creo que fue bueno para mi salud mental”, explicó el capitán de la selección española al recordar una etapa que considera fundamental en su vida.
La decisión de continuar estudiando no fue casualidad. Desde pequeño, Rodri creció en una familia donde la educación tenía un peso muy importante.
Cuando comenzó a plantearse seriamente la posibilidad de convertirse en futbolista profesional, llegó a un acuerdo con sus padres: podía perseguir su sueño deportivo, pero debía mantener también su formación académica.
“En mi familia la educación era muy importante”, reconoció en una carta publicada años atrás, recordando que sus padres siempre quisieron que tuviera una preparación más allá del fútbol.
Con apenas 17 años, Rodri dejó Madrid para incorporarse al Villarreal y comenzar una nueva etapa en su carrera.
Mientras entrenaba en la cantera del club castellonense, se matriculó en Administración y Dirección de Empresas en la Universidad Jaume I de Castellón. Su rutina era completamente diferente a la de la mayoría de los futbolistas jóvenes de alto nivel.
Durante su primer año vivió en la residencia de la academia del Villarreal junto a otros compañeros de equipo.
Pero cuando cumplió la mayoría de edad tomó una decisión todavía más singular: en lugar de mudarse a un apartamento privado como muchos deportistas profesionales, decidió instalarse en una residencia universitaria para convivir con estudiantes que no tenían ninguna relación con el mundo del fútbol.
Aquella elección le permitió mantener los pies en el suelo y disfrutar de una vida más cercana a la normalidad.
“Mis compañeros entrenaban y después volvían a un piso solos. Yo me formaba, iba a clase y regresaba a la residencia de estudiantes, donde conocí gente de toda España”, explicó.
Para Rodri, la universidad representaba un espacio donde podía desconectar completamente de la presión deportiva. Allí no era únicamente una joven promesa del Villarreal, sino un estudiante más con exámenes, trabajos y compañeros con preocupaciones diferentes.
Esa doble vida coincidió precisamente con su explosión profesional. El centrocampista debutó en Primera División con el Villarreal en 2015, cuando todavía acudía regularmente a las aulas.

La situación generaba sorpresa entre sus compañeros universitarios, que no terminaban de asimilar que el joven con el que compartían clase fuera también un futbolista que competía al máximo nivel los fines de semana.
“Tenía 19 años cuando jugué mi primer partido de La Liga y estaba en la Universidad. La gente decía: ‘¿Es el mismo tipo?’”, recordó entre risas.
Aunque combinar entrenamientos, viajes, partidos y estudios suponía un enorme esfuerzo, Rodri considera que aquellos años fueron de los más enriquecedores de su vida.
“Tuve que estudiar, salir y disfrutar. Mi cerebro estaba en otras cosas además del fútbol y creo que fue bueno para mi salud mental”, aseguró.
La universidad se convirtió en una especie de refugio frente a la presión del deporte profesional. Cuando terminaba los entrenamientos y regresaba a la residencia, conseguía desconectar de resultados, críticas y expectativas.
“Cuando volvía a la universidad, mi mente se desconectaba por completo”, explicó.
Incluso su salto a clubes de mayor exigencia no cambió su compromiso con los estudios. Tras pasar por el Atlético de Madrid y convertirse en uno de los centrocampistas más importantes de Europa, Rodri continuó avanzando en su formación académica.
Más adelante, después de fichar por el Manchester City en 2019, terminó sus estudios a distancia, manteniendo la promesa que había hecho a sus padres años antes.
La etapa universitaria también tuvo un significado especial en su vida personal. Fue allí donde conoció a Laura Iglesias, la mujer que se convertiría en su pareja. Ella estudiaba Medicina y llevaba una vida completamente alejada de las exigencias del fútbol profesional.
Rodri recuerda aquella relación como otro elemento clave para mantener la perspectiva.
“Conocí a mi novia en la residencia estudiantil; ella estudiaba para ser médica”, contó.
El futbolista explicó que Laura no estaba pendiente de sus problemas deportivos ni de la presión que rodeaba cada partido.
“No le importaban para nada mis presiones futbolísticas. No quería escuchar hablar del empate contra el Celta de Vigo”, relató con humor.

Para Rodri, compartir su vida con alguien ajeno al fútbol fue una forma de recordar que existía una realidad mucho más amplia que un resultado o una clasificación.
Sin embargo, compaginar ambos mundos también le dejó momentos complicados. Uno de los más recordados ocurrió durante sus primeros años como profesional, cuando un exceso de concentración en los estudios estuvo a punto de hacerle llegar tarde a un compromiso con su equipo.
Rodri estaba preparando un examen y había puesto el teléfono en silencio para poder estudiar sin distracciones. Perdió la noción del tiempo y, cuando revisó el móvil, descubrió que tenía decenas de mensajes y llamadas.
“De repente hice una pausa y vi que tenía como 20 mensajes de texto y 50 WhatsApps”, recordó.
El problema era que había olvidado que debía acudir a la concentración previa de un partido de La Liga.
El jugador tuvo que reaccionar rápidamente, prepararse a toda velocidad y desplazarse hasta el hotel del equipo en Valencia, situado aproximadamente a una hora de distancia. Él mismo comparó aquel momento con una escena de película, conduciendo con prisa para intentar llegar antes de que terminara la reunión del grupo.
Finalmente llegó tarde y reconoció que recibió una reprimenda por parte del cuerpo técnico.
“Aquel día me dieron una paliza, pero me lo merecía”, admitió.
Más allá del error, aquella situación le sirvió como aprendizaje para organizar mejor sus responsabilidades y entender que debía encontrar un equilibrio entre sus dos grandes compromisos.
Hoy, convertido en uno de los mejores centrocampistas del mundo, Rodri sigue defendiendo aquella filosofía de vida. Sus estudios no fueron un obstáculo para alcanzar la élite, sino una herramienta que le ayudó a crecer como persona y a afrontar con mayor estabilidad la presión del fútbol profesional.
Su historia representa una forma diferente de entender la carrera de un deportista de alto nivel: talento, disciplina y ambición, pero también formación, equilibrio y una vida más allá del terreno de juego.
Para Rodri Hernández, ganar títulos y levantar trofeos es importante, pero conservar una identidad propia fuera del fútbol ha sido una de las claves que le han permitido llegar hasta la cima.
