Los sismos destructivos y las profecías bíblicas sobre el fin de los tiempos: entre registros históricos y cataclismos apocalípticos - News

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Los sismos destructivos y las profecías bíblicas sobre el fin de los tiempos: entre registros históricos y cataclismos apocalípticos

La actividad sísmica global y desastres de gran magnitud como el terremoto registrado en Venezuela el 24 de junio de 2026 son interpretados por sectores teológicos como el cumplimiento de las profecías bíblicas sobre el fin de los tiempos

 

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La actividad sísmica registrada a nivel global continúa generando alarma social y académica por su capacidad destructiva en grandes núcleos urbanos, un fenómeno que diversas corrientes de interpretación teológica vinculan con las advertencias bíblicas sobre los últimos tiempos.

La literatura sagrada, desde el Antiguo hasta el Nuevo Testamento, encuadra los terremotos como manifestaciones de la soberanía divina y señales precursoras de eventos trascendentales.

En el discurso del Monte de los Olivos, Jesús de Nazaret respondió a la inquietud de sus discípulos sobre los signos de su segunda venida e interrogaron:

“Dinos, ¿cuándo serán estas cosas y qué señal habrá de tu venida y del fin del siglo?”, a lo que él declaró formalmente: “Habrá hambre y terremotos en diferentes lugares. Todo esto será apenas el comienzo de los dolores”.

El término griego empleado en el texto original para referirse a “dolores” es odin, término que designa específicamente los dolores de parto y sugiere un incremento progresivo en la frecuencia e intensidad de las crisis planetarias.

La historia moderna documenta desastres de gran magnitud que evidencian esta vulnerabilidad geológica, entre los que destacan el terremoto de Gansu (China) en 1920; el gran terremoto de Kanto (Japón) en 1923, que destruyó gran parte de Tokio; el sismo de Valdivia (Chile) en 1960, que alcanzó una magnitud de 9,5 —la más alta registrada en la historia— y provocó un tsunami devastador; el terremoto de Ancash (Perú) en 1970, donde un alud sepultó la ciudad de Yungay; y el sismo de Tangshan (China) en 1976, calificado como uno de los más mortíferos de la era moderna.

En el siglo XXI, la tendencia ha continuado con el sismo de Sumatra-Andamán en 2004 (magnitud 9,1) y su consecuente tsunami en el sudeste asiático; el terremoto de Haití en 2010; el de Tohoku (Japón) en 2011 (magnitud 9,0), que derivó en una crisis nuclear; los sismos en Turquía y Siria a inicios de 2023; y los dos fuertes sismos consecutivos registrados en Venezuela el 24 de junio de 2026, los cuales causaron severos daños materiales e infraestructura afectada en la región.

Más allá de los acontecimientos históricos y recientes, la escatología bíblica describe una serie de eventos futuros de escala global y cósmica.

En el libro de Apocalipsis 6:12-14 se profetiza el sexto sello:

“Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de silicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar”.

Este pasaje proyecta fracturas masivas en la corteza terrestre, alteración de cuencas oceánicas, megatsunamis, actividad volcánica extrema con oscurecimiento atmosférico, lluvias de meteoros y alteraciones en la estructura del firmamento.

 

Así fueron los días posteriores a los terremotos de Venezuela, que dejan  tras de sí miles de muertos

 

Asimismo, Apocalipsis 11:13 detalla un evento sísmico localizado en Jerusalén, posterior a la labor y muerte de los dos testigos bíblicos:

“En aquella hora hubo un gran terremoto, y la décima parte de la ciudad se derrumbó, y por el terremoto murieron en número de siete mil hombres; y los demás se aterrorizaron, y dieron gloria al Dios del cielo”.

El juicio final culmina en Apocalipsis 16:17-21 con el derramamiento de la séptima copa, anunciado por una voz del trono que decreta: “Hecho está”.

El texto detalla:

“Entonces hubo relámpagos y voces y truenos, y un gran temblor de tierra, un terremoto tan grande, cual no lo hubo jamás desde que los hombres han estado sobre la tierra. Y la gran ciudad fue dividida en tres partes, y las ciudades de las naciones cayeron; y la gran Babilonia vino en memoria delante de Dios, para darle el cáliz del vino del ardor de su ira. Y toda isla huyó, y los montes no fueron hallados. Y cayó del cielo sobre los hombres un enorme granizo como del peso de un talento; y los hombres blasfemaron contra Dios por la plaga del granizo, porque su plaga fue sobremanera grande”.

Respecto a la actitud humana ante la adversidad y el dolor, el teólogo Charles Spurgeon reflexionó:

“He conocido a personas que dicen: bueno, si yo fuera afectado, quizás me convertiría; si estuviera enfermo, quizás sería salvo. Oh, no pienses así. La enfermedad y la tristeza por sí mismas no son ayudas para la salvación. El dolor y la pobreza no son evangelistas. La enfermedad y la desesperación no son apóstoles. Mira a los perdidos en el infierno: el sufrimiento no ha surtido efecto en ellos.Aquel que es sucio aquí es sucio allá; aquel que fue injusto en esta vida es injusto en la vida por venir.  No hay nada en el dolor y el sufrimiento que por su propia naturaleza conduzca a la purificación”.

 

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