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Las siete profecías del Antiguo Testamento pendientes de cumplimiento que marcan el escenario escatológico global

Las escrituras del Antiguo Testamento detallan siete profecías fundamentales aún no cumplidas que proyectan eventos geopolíticos y espirituales a escala global, desde un avivamiento religioso masivo hasta el resurgimiento del Imperio Romano liderado por una coalición de diez naciones

 

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El análisis de la literatura profética del Antiguo Testamento revela la existencia de siete acontecimientos fundamentales que aún no se han registrado en la historia y cuya materialización futura constituye el eje del plan divino para la humanidad.

El primero de estos acontecimientos se centra en el derramamiento del Espíritu Santo sobre toda carne, una promesa fundamentada en el libro de Joel 2:28-29, donde se profetiza:

“Y después de esto derramarme mi Espíritu sobre toda carne, y profetizarán vuestros hijos y vuestras hijas; vuestros ancianos soñarán sueños, y vuestros jóvenes verán visiones. Y también sobre los siervos y sobre las siervas derramaré mi Espíritu en aquellos días”.

Diversos intérpretes vinculan este anuncio con el denominado “avivamiento de la lluvia tardía”, haciendo una analogía con los ciclos agrícolas de Israel, en los cuales la lluvia temprana preparaba la tierra para la siembra y la tardía hacía madurar la cosecha previa a la recolección.

Quienes defienden la postura de un rapto pretribulacional sostienen que la Iglesia alcanzará una plenitud espiritual sin precedentes mediante este despertar global antes de ser removida de la Tierra para no experimentar la ira divina.

Inmediatamente después, Joel 2:30-31 añade las señales cósmicas subsiguientes: “Y daré prodigios en el cielo y en la tierra, sangre, y fuego, y columnas de humo.

El sol se convertirá en tinieblas, y la luna en sangre, antes que venga el día grande y espantoso de Jehová”, eventos asociados a los juicios de la Gran Tribulación descritos en Apocalipsis.

La segunda profecía corresponde a la septuagésima semana de Daniel, detallada en Daniel 9:24 mediante el anuncio del ángel Gabriel: “Setenta semanas están determinadas sobre tu pueblo y sobre tu santa ciudad, para terminar la prevaricación, y poner fin al pecado, y expiar la iniquidad, para traer la justicia perdurable, y sellar la visión y la profecía, y ungir al Santo de los santos”.

Este periodo profético representa un total de 490 años divididos en semanas de siete años centradas en el destino de Israel y Jerusalén.

De este lapso, 69 semanas (483 años proféticos) se cumplieron exactamente desde el decreto del rey Artajerjes para reconstruir los muros de Jerusalén hasta la entrada triunfal y posterior crucifixión de Jesucristo.

El rechazo del Mesías provocó una pausa en el reloj profético, abriendo la era de la Iglesia.

El cumplimiento de la semana 70 comprenderá un periodo final de siete años de Tribulación que iniciará cuando el Anticristo confirme un pacto con Israel, permitiendo la reconstrucción del Templo de Jerusalén.

De acuerdo con Daniel 9:27, “Durante una semana ese gobernante hará un pacto con muchos, pero a media semana pondrá fin a los sacrificios y ofrendas, y en el templo establecerá la abominación que causa destrucción hasta que sobrevenga el desastroso fin que le ha sido decretado”.

A los tres años y medio, este gobernante romperá la alianza, cesará el culto y desatará una persecución masiva hasta la Segunda Venida de Cristo.

 

De la Sombra a la Luz: 7 Profecías del Antiguo Testamento Cumplidas en  Jesucristo - Catholicus.eu Español

 

En tercer lugar, el cierre del Antiguo Testamento en Malaquías 4:5-6 anuncia el regreso profético de Elías: “He aquí, yo os envío el profeta Elías antes que venga el día de Jehová, grande y terrible.

Él hará volver el corazón de los padres hacia los hijos, y el corazón de los hijos hacia los padres, no sea que yo venga y hiera la tierra con maldición”.

Aunque Jesucristo afirmó que Juan el Bautista cumplió una dimensión espiritual inicial de esta profecía al predicar el arrepentimiento previo a su Primera Venida, la mención explícita del “día de Jehová, grande y terrible” señala un cumplimiento futuro y literal.

Se contempla que Elías intervendrá durante la semana 70 de Daniel, relacionándose con el ministerio de los dos testigos de Apocalipsis 11 para restaurar la fe intergeneracional y preparar al pueblo de Israel antes del retorno mesiánico.

La cuarta profecía describe la invasión de Gog y Magog registrada en Ezequiel 38:1-6.

La visión detalla una coalición militar multinacional dirigida por Gog, procedente de Magog y calificado como príncipe soberano de Rosh, Mesec y Tubal.

Geográficamente, la investigación histórica asocia a Rosh con la actual Rusia al extremo norte; Magog con naciones de Asia Central como Kazajistán, Uzbekistán y Turkmenistán; y Mesec, Tubal, Gomer y Togarma con el territorio de la actual Turquía.

A esta alianza del norte se sumarán Persia (Irán), Cus (Sudán y regiones al sur de Egipto) y Fut (Libia).

Esta multitud invadirá Israel, provocando una intervención divina directa en los montes de Israel mediante un gran terremoto, plagas, fuego, azufre, sangre, granizo y confusión interna entre las tropas.

Dado que tras esta derrota bélica Israel empleará siete meses en enterrar a los caídos y siete años en quemar el armamento capturado para limpiar la tierra, la mayoría de los teólogos ubica esta invasión antes del inicio de la Gran Tribulación, ya que la persecución del Anticristo en la mitad de la semana 70 impediría tales labores logísticas organizadas.

Como quinta profecía, Daniel 7:7-8 revela el resurgimiento del Imperio Romano a través de la visión de la cuarta bestia:

“Después de esto miraba yo en las visiones de la noche, y he aquí la cuarta bestia, espantosa y terrible y en gran manera fuerte, la cual tenía unos dientes grandes de hierro; devoraba y desmenuzaba, y las sobras hollaba con sus pies, y era muy diferente de todas las bestias que vi antes de ella, y tenía diez cuernos.

Mientras yo contemplaba los cuernos, he aquí que otro cuerno pequeño salía entre ellos, y delante de él fueron arrancados tres cuernos de los primeros; y he aquí que este cuerno tenía ojos como de hombre, y una boca que hablaba grandes cosas”.

El ángel intérprete explica en Daniel 7:24 que “los diez cuernos significan que de aquel reino se levantarán diez reyes; y tras ellos se levantará otro, el cual será diferente de los primeros, y a tres reyes derribará”.

Esta confederación de diez naciones emergidas del antiguo territorio romano otorgará su autoridad al Anticristo, coincidiendo con Apocalipsis 17:12-13, formando la estructura política global que será destruida de forma definitiva en la Segunda Venida.

 

Antiguo Testamento: las profecías cumplidas en Jesucristo

 

La sexta profecía garantiza la reubicación y unificación completa de las doce tribus de Israel.

La división histórica ocurrida cerca del año 930 a.C. separó al pueblo en el Reino del Norte (Israel o Efraín, compuesto por diez tribus) y el Reino del Sur (Judá y Benjamín).

Tras la caída del Reino del Norte ante Asiria en el 722 a.C., sus habitantes fueron deportados, dando origen a las “tribus perdidas”, mientras que el Reino del Sur sufrió el cautiverio babilónico en el 586 a.C. preserveando su identidad.

En Ezequiel 37:19-22, Dios ordena al profeta juntar dos varas de madera —representando a Judá y Efraín— y declara:

“He aquí, yo tomo a los hijos de Israel de entre las naciones a las cuales fueron, y los recogeré de todas partes, y los traeré a su tierra; y los haré una nación en la tierra, en los montes de Israel, y un rey será a todos ellos por rey; y nunca más serán dos naciones, ni nunca más serán divididos en dos reinos”.

Este proceso de reagrupamiento geográfico e histórico se refleja de manera contemporánea mediante estudios genéticos de ADN e investigaciones históricas que han permitido la identificación y repatriación masiva a Israel de comunidades aisladas durante milenios, como los Bene Menashe de la India (descendientes de Manasés), los Beta Israel de Etiopía (vinculados a Dan), grupos Pashtunes en Afganistán y Pakistán con costumbres hebreas, y descendientes de Anusim o criptojudíos en la Península Ibérica y América Latina.

Finalmente, la séptima profecía anuncia en Zacarías 14:4 la fractura física del Monte de los Olivos durante la Segunda Venida de Jesucristo:

“Y se afirmarán sus pies en aquel día sobre el monte de los Olivos, que está enfrente de Jerusalén al oriente; y el monte de los Olivos se partirá por en medio hacia el oriente y hacia el occidente, haciendo un valle muy grande; y la mitad del monte se apartará hacia el norte, y la otra mitad hacia el sur”.

El contexto bíblico sitúa este evento en medio de un sitio militar global contra Jerusalén, registrado en Zacarías 14:2-3, donde la ciudad será tomada hasta que el Señor intervenga directamente.

Al posarse los pies del Mesías en el mismo lugar desde donde ascendió a los cielos —hecho confirmado por los dos varones en vestiduras blancas que dijeron a los discípulos:

“Varones galileos, ¿por qué estáis mirando al cielo? Este mismo Jesús, que ha sido tomado de vosotros al cielo, así vendrá como le habéis visto ir al cielo”— se desatará un fenómeno geológico de escala masiva que partirá la topografía rocosa de la región, abriendo un gran valle orientado hacia el oriente y marcando el establecimiento visible de su reino sobre la Tierra.

 

Antiguo Testamento: las profecías cumplidas en Jesucristo

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