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Las 9 razones teológicas e históricas por las que el judaísmo no reconoce a Jesús como el Mesías

Un análisis bíblico e histórico detalla los nueve argumentos teológicos y legales por los cuales el judaísmo rabínico rechaza la condición mesiánica de Jesús de Nazaret

 

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El rechazo de Jesús de Nazaret como la figura mesiánica por parte del pueblo judío constituye una de las divergencias teológicas e históricas más profundas dentro de las religiones abrahámicas.

Desde la perspectiva del judaísmo rabínico, la interpretación estricta de las Sagradas Escrituras y el incumplimiento de los requisitos proféticos sobre la restauración del reino de Israel mantienen vigente la postura de que el verdadero Mesías aún está por llegar para reconstruir el Tercer Templo en Jerusalén.

En primer lugar, el contexto político del siglo I marcaba una expectativa centrada en un líder terrenal.

“Esperaban un rey, no un cordero”, señalan los analistas teológicos al describir a una sociedad bajo el dominio del Imperio Romano que anhelaba a un libertador militar descendiente de David.

Escritos proféticos como Isaías 9:6-7 y Jeremías 23:5-6 alimentaban la imagen de un gobernante victorioso que traería paz e imperio.

Al ser ejecutado en la cruz, las esperanzas de sus contemporáneos se desvanecieron, tal como expresaron los propios discípulos en Lucas 24:21: “Pero nosotros esperábamos que él era el que había de redimir a Israel”.

A esta frustración política se sumó el escándalo legal de la crucifixión.

Según Deuteronomio 21:23, la ley de la Torá estipula: “Maldito por Dios es el colgado”.

Para los sabios y eruditos de la época, la muerte en un madero romano representaba una condena y deshonra pública incompatible con el Ungido de Dios.

Esta tensión fue reconocida posteriormente por el apóstol Pablo en 1 Corintios 1:23 al admitir: “Predicamos a Cristo crucificado, para los judíos ciertamente tropezadero, y para los gentiles, locura”.

En tercer lugar, la lectura del pasaje de Isaías 53 dio lugar a dos interpretaciones contrapuestas.

Mientras el cristianismo observa en el “siervo sufriente” una profecía directa sobre la pasión de Jesús, la tradición rabínica —consolidada históricamente por comentaristas como Rashi, Ibn Esra e Ibn Caspi— argumenta que dicho texto utiliza una metáfora colectiva para representar los sufrimientos y el exilio del propio pueblo de Israel a lo largo de la historia.

 

Por qué los judíos rechazan a Jesús? Un análisis teológico, histórico y  espiritual - Catholicus.eu Español

 

El cuarto punto de quiebre radica en el principio del monoteísmo estricto.

La fe judía se fundamenta en el Shemá de Deuteronomio 6:4: “Oye, Israel, Jehová nuestro Dios, Jehová uno es”.

La proclamación de la divinidad de Jesús y la doctrina de la Trinidad chocaban frontalmente con este precepto.

Ante las afirmaciones de Jesús sobre su unidad con el Padre, las autoridades de la época manifestaron en Juan 10:33: “Por buena obra no te apedreamos, sino por la blasfemia; porque tú, siendo hombre, te haces Dios”.

Esta postura fue reafirmada siglos más tarde por el filósofo Maimónides en sus 13 Principios de la Fe, donde establece la unidad indivisible de la deidad.

En quinto lugar, la falta de una transformación geopolítica global se percibe como una promesa incumplida.

Profecías como Isaías 2:4 anuncian una era de paz universal donde las naciones “volverán sus espadas en rejas de arado” y no se adiestrarán más para la guerra.

Dado que tras el año 70 d.C.el Templo fue destruido por las legiones romanas y el pueblo judío terminó disperso durante milenios, el judaísmo concluyó que las señales mesiánicas —como el regreso de los exiliados descritos en Ezequiel 37 y el conocimiento universal de Dios señalado en Habacuc 2:14— no se materializaron.

Como sexto factor, la caída de Jerusalén obligó al judaísmo a reorganizarse bajo el liderazgo de figuras como Johanan Ben Sakai, desplazando el centro de la fe desde los sacrificios del Templo hacia la oración en la sinagoga y el estudio de la Torá.

Hacia finales del siglo I, en el Consejo de Yabne, se formalizó la inclusión de la Bircat HaMinim dentro de la oración diaria de la Amidá para expulsar a los seguidores de Jesús de las sinagogas.

Años después, en el 132 d.C., el prominente Rabí Akiba llegó a proclamar como Mesías a Simón Bar Kogba por encabezar una rebelión armada contra Roma, demostrando que la expectativa comunitaria continuaba enfocada en un líder militar.

 

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El séptimo obstáculo se relaciona con la transmisión del linaje de David.

Las leyes bíblicas dictaminan que la adscripción tribal y los derechos dinásticos se heredan exclusivamente por vía paterna biológica.

Al postularse el nacimiento virginal de Jesús sin la paternidad biológica de José, el judaísmo sostiene que la genealogía no cumple con los requisitos legales para reclamar el trono de Israel, rechazando también la vía materna por considerar que la identidad tribal no se transmite por la mujer.

En octavo lugar, la reconstrucción física del santuario en Jerusalén constituye una condición indispensable establecida en el código Mishné Torá de Maimónides.

Las leyes rabínicas estipulan que la confirmación definitiva del Mesías exige dos hechos visibles: reunir a los exiliados de Israel y edificar nuevamente el Templo.

La destrucción del edificio en el año 70 d.C.y la ausencia de una estructura física restaurada se consideran pruebas definitivas de que la era mesiánica aún no ha comenzado.

Finalmente, el propio Nuevo Testamento propone una novena razón de índole teológica para explicar la falta de aceptación generalizada entre el pueblo judío, atribuyendo este fenómeno histórico a un velo espiritual y a un endurecimiento parcial destinado a permitir el desarrollo del plan divino y la apertura de la fe hacia las naciones gentiles.

 

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