Una comensal desata las críticas en redes tras ignorar a su pareja con el teléfono móvil, negarle la mirada y asegurar que las extranjeras “revientan el dinero” de los hombres.

 

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El plató-restaurante de First Dates fue testigo de uno de los episodios más tensos y criticados de su trayectoria reciente.

La cita entre Sofía y Santos, dos solteros divorciados que acudían al formato de Cuatro en busca de una nueva oportunidad sentimental, derivó en un absoluto desencuentro marcado por la desconexión digital, la ausencia de cortesía elemental y las generalizaciones prejuiciosas por parte de la comensal, provocando una oleada de indignación entre los espectadores.

Desde los primeros compases del encuentro en la barra, la actitud de Sofía anticipaba una velada compleja.

Tras definirse a sí misma ante Carlos Sobera como una mujer “caprichosa, desordenada” y “una loquita simpática”, la soltera no ocultó su profunda decepción al conocer a Santos, cuya profesión de decorador de interiores y físico no se correspondían con el prototipo de “hombre argentino” y fogoso que ella había solicitado explícitamente al equipo de casting.

“He cogido el móvil porque me he quedado un poco impactada al no ser lo que yo quería.

Tenemos un grupo de amigas que se llama ‘Tardeo’ y les he dicho que era feo”, confesó abiertamente ante las cámaras, llegando a proferir descalificativos hacia el aspecto del soltero.

 

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La mudanza a la mesa principal no corrigió la dinámica; al contrario, acentuó la brecha entre ambos.

Durante gran parte de la cena, Sofía optó por mantener la atención fija en su dispositivo telefónico y evitar de forma sistemática el contacto visual con su acompañante.

A pesar de los intentos de Santos por encauzar la conversación e interesarse por sus aficiones —ella declaró trabajar en la venta de libros—, las respuestas de la comensal se limitaron a monosílabos y gestos de desinterés.

La tensión se hizo explícita cuando el propio Santos, visiblemente incómodo, afeó su conducta calificándola como una “falta de educación”.

Ante el reproche, la soltera recurrió a evasivas familiares para justificar el uso del terminal.

Posteriormente, en los totales del programa, defendió su actitud argumentando que la ausencia de atracción física la eximía de la obligatoriedad de mantener las normas básicas de cortesía: “No le miraba porque no me ha convencido su físico”.

 

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El momento de mayor controversia de la noche se produjo cuando el debate viró hacia las preferencias geográficas y de nacionalidad en el ámbito del cortejo.

Tras admitir Santos que él prefería perfiles de mujeres latinas o extranjeras, Sofía profirió una generalización de tintes xenófobos que incendió las redes sociales.

“A mí las latinas y la mayoría de las extranjeras, por experiencias de hombres que les han pasado, les revientan todo el dinero”, afirmó la soltera, intentando matizar previamente, de manera contradictoria, que se consideraba una persona “normal” y no racista.

Llegados al veredicto final, la resolución no deparó sorpresas, aunque sí un alivio compartido.

Santos tomó la iniciativa para denegar de forma tajante la posibilidad de un segundo encuentro, argumentando la total ausencia de “chispa” y afinidad, una postura secundada por Sofía, quien insistió en el handicap de que el comensal no fuera de origen argentino.

El episodio concluyó como un claro exponente de las conductas de deshumanización y los sesgos que en ocasiones lastran las interacciones en la sociedad contemporánea.