José, un tatuador granadino de 38 años apodado “El Ramita”, irrumpió con un altavoz portátil en ‘First Dates’ y quedó completamente deslumbrado al conocer a Mamen, una empresaria y joven abuela malagueña de su misma edad

 

thumbnail

 

El popular restaurante de ‘First Dates’ volvió a convertirse en el epicentro de los choques culturales, estéticos y emocionales más comentados de la televisión en España con el encuentro entre José, artísticamente conocido como “El Ramita”, y Mamen.

Él, un tatuador de 38 años oriundo de Granada con catorce años de experiencia en las agujas, irrumpió en el plató de Cuatro cargando un enorme altavoz portátil a modo de “alma gemela”, una particular extensión de su arrolladora y ambiciosa personalidad musical.

Ella, una espectacular malagueña de la misma edad que regenta desde hace dieciséis años su propia tienda de ropa, juguetes y complementos, dejó a todos boquiabiertos con un atuendo explosivo, una energía desbordante que comparó con la de “Willy Fogg de fiesta” y la sorprendente revelación de ser una joven abuela de dos nietos.

A pesar de compartir raíces mestizas y gitanas, la velada transitó rápidamente de una fascinación mística inicial a un incómodo desborde de intensidad sentimental y carnal que terminó por arruinar cualquier posibilidad de romance.

Desde el instante en que Mamen cruzó el umbral de la puerta, José quedó completamente encandilado, describiendo la aparición de la malagueña como un destello de luz celestial que le tocó el corazón y le puso los nervios de punta.

Su reacción inmediata fue activar una incesante maquinaria de piropos desmedidos, alabando detalladamente su sonrisa, sus labios, su pelo y su figura.

Si bien Mamen recibió los primeros elogios con agrado y picardía, la insistencia desbocada del granadino comenzó a sembrar una profunda desconfianza en ella.

La malagueña, curtida en las lides de la vida y los negocios, detectó que tanta verborrea y exceso de halagos solían ser la estrategia común de quienes buscan un encuentro meramente esporádico y carnal.

Esta percepción se agudizó cuando José, presumiendo de un ego inquebrantable y de una labia que consideraba su “arma secreta” para suplir un físico alejado de los cánones normativos, intentó “leerle los ojos” con una psicología barata de conexión mística, asegurando que parecían conectados por Bluetooth o señal WiFi.

 

image

 

La tensión y el sutil rechazo de Mamen se hicieron más evidentes a medida que los platos se servían y los temas de conversación subían de tono.

Aunque la música flamenca parecía un punto de unión ideal, e incluso José se armó de valor para cantarle a capela una canción de Canelita, su interpretación musical no terminó de convencer el exigente oído de la malagueña, quien percibió ciertos desajustes vocales a pesar de valorar su audacia.

El verdadero punto de inflexión llegó cuando la cena se adentró en terrenos íntimos y se debatió sobre las experiencias sexuales y los orgasmos fingidos.

Fue en ese escenario donde José desató sus fantasías más explícitas, proponiendo escenarios idílicos con velas y esposas, y admitiendo sin tapujos que le daban ganas de morderle el pescuezo a su cita debido al perfume que desprendía.

Esta velocidad vertiginosa y el tono sumamente picante provocaron que Mamen se sintiera incómoda, retraída y con una creciente sensación de fatiga, confirmando para sus adentros que el granadino iba demasiado rápido y confundía la caballerosidad con el acoso verbal.

 

image

 

A pesar de las evidentes señales de freno que Mamen enviaba, como proponer un brindis condicionado a “mantener una bonita amistad”, José se mantuvo ciego ante el inminente naufragio debido a su absoluta ilusión.

Convencido de haber encontrado a la mujer de su vida e incluso bromeando con invitarla a Málaga y preparar una carroza con seis caballos blancos para casarse, el granadino asumió con orgullo la totalidad de la cuenta cuando llegó el temido momento del pago.

Sin embargo, la burbuja de fantasía estalló con crudeza en la sala de la decisión final.

Mientras José reiteraba con vehemencia que había sufrido un flechazo incontrolable y que deseaba una segunda cita romántica porque intuía un futuro próspero juntos, Mamen se mantuvo firme en su realidad.

Con absoluta claridad y educación, la malagueña sentenció que solo veía a José como un amigo ideal para salir de fiesta y compartir risas, pero descartó por completo cualquier vínculo de pareja debido a la falta de atracción física y al empalagoso exceso de insistencia que, lejos de enamorarla, terminó por ahuyentar el amor del reservado más famoso de la pequeña pantalla.

 

image