La magistrada Beatriz Biedma denuncia haber sido víctima de seguimientos ilegales y una asfixiante campaña de hostigamiento orquestada por el entorno socialista para frenar la investigación por presunta corrupción contra David Sánchez

 

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El Estado de derecho en España se enfrenta a uno de sus desafíos más alarmantes tras desvelarse un presunto entramado de espionaje, hostigamiento y coacciones dirigido contra la juez de Badajoz, Beatriz Biedma.

La magistrada, encargada de instruir la causa penal contra David Sánchez Pérez-Castejón —hermano del presidente del Gobierno— por presuntos delitos de corrupción, malversación y tráfico de influencias, ha denunciado formalmente haber sido víctima de una asfixiante campaña de presión diseñada desde las estructuras más próximas al partido oficialista.

Lo que comenzó como una rigurosa instrucción judicial sobre la adjudicación supuestamente irregular de un puesto público se ha transformado en un preocupante escenario de persecución, donde emisarios vinculados al aparato de poder habrían organizado vigilancias ilícitas en la vida diaria de la instructora con el único propósito de neutralizar el procedimiento.

La gravedad de la situación penal alcanzó una nueva dimensión cuando el juez de la Audiencia Nacional, Santiago Pedraz, autorizó un registro en la sede central socialista de la calle Ferraz.

Esta medida excepcional se fundamentó en el hallazgo de indicios sólidos de que figuras operativas de la formación, entre las que se menciona a Leire Díez junto a un letrado imputado en la causa, se presentaron ante un empresario ofreciéndole tratos de favor y beneficios judiciales a cambio de coordinar el espionaje y seguimiento físico a la magistrada Biedma.

En las grabaciones e intervenciones telefónicas interceptadas por la Unidad Central Operativa (UCO) de la Guardia Civil, los implicados hacían gala de una absoluta impunidad, llegando a afirmar de manera explícita que contaban con el respaldo de la Fiscalía General del Estado, al tiempo que recibían comunicaciones directas por parte del secretario de organización, Santos Cerdán.

 

Beatriz Biedma, la juez del 'hermanísimo' que resistió el acoso de la cloaca y fue vigilada hasta en el colegio de sus hijas | Crónica

 

El plan criminal desmantelado por los investigadores federales consistía en emplear redes de hostigamiento para vigilar los movimientos personales de la juez en la capital pacense, interrogar discretamente a sus vecinos y acumular información sensible que permitiera desacreditarla públicamente y forzar el bloqueo de la instrucción desde dentro.

La Guardia Civil ya custodia dispositivos de almacenamiento y discos duros que contienen grabaciones de vídeo correspondientes a los seguimientos a los que fue sometida la servidora pública.

A pesar del despliegue de estos métodos de coacción, la firmeza de la magistrada ha permitido mantener el avance de las diligencias, acorralando al investigado principal durante las sesiones de interrogatorio parlamentario y judicial, donde se desmontó la naturaleza de su plaza tras ser interpelado sobre la ubicación real y las funciones específicas de la oficina de artes escénicas de la Diputación de Badajoz, a las que solo pudo responder con evidentes titubeos.

El nerviosismo institucional ante el avance de una causa que amenaza con cercar directamente al entorno familiar de la Moncloa ha provocado movimientos inauditos en el plano procesal.

En un giro que ha despertado fuertes sospechas en los círculos jurídicos, la fiscal asignada al caso presentó un extenso escrito de 125 páginas solicitando el sobreseimiento inmediato y el archivo de las actuaciones justo en el momento en que las pesquisas penales tomaban mayor fuerza.

Este intento de frenar la causa coincide con las denuncias de la opinión pública sobre la vulneración de la intimidad y la independencia de una funcionaria judicial cuyo único cometido ha sido fiscalizar el presunto uso de nombramientos a dedo financiados con fondos públicos.

La resistencia de Beatriz Biedma frente a este hostigamiento sistémico deja al descubierto una estrategia de desgaste que buscaba garantizar la impunidad mediante el uso de recursos y presiones estatales, abriendo un debate sin precedentes sobre los límites del poder y la protección de los jueces en el ejercicio de sus funciones constitucionales.

 

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