La primera novela de Alejandra Rubio titulada Si decido arriesgarme debutó en las librerías rodeada de fuertes críticas por sus graves fallos de coherencia interna y edición

 

thumbnail

 

El salto al mundo de las letras por parte de figuras de la crónica social y el entorno televisivo suele generar una gran expectación mediática, aunque no siempre acompañada del respaldo de la crítica especializada.

El caso más reciente lo protagoniza Alejandra Rubio con la publicación de su primera obra de ficción, titulada *Si decido arriesgarme*.

La novela, orientada inicialmente hacia el sector del público juvenil con un rango de edad estimado entre los 13 y los 16 años, ha llegado a los escaparates de las principales librerías del país envuelta en un intenso debate debido a la proliferación de severos desajustes en la continuidad argumental, errores de bulto en la caracterización de los escenarios y evidentes fallos de corrección ortotipográfica que lastran la experiencia de la lectura.

La trama principal de la obra se articula en torno a la vivencia de una joven pareja de adolescentes que toma la decisión de trasladar su residencia desde la comunidad autónoma de Cantabria hacia Madrid con el propósito de emprender sus respectivos estudios superiores.

La normalidad del relato se ve alterada de forma abrupta con la irrupción de Ulises, hermano del novio de la protagonista, Carla.

A partir de ese hito, la narrativa precipita un triángulo amoroso donde la velocidad con la que la protagonista modifica sus afectos emocionales ha sido calificada por los analistas literarios como inverosímil, carente de la progresión psicológica necesaria para sostener la maduración de los personajes dentro de un marco de ficción realista.

 

Los expertos dictan sentencia a la primera novela de Alejandra Rubio: “Con  margen para seguir evolucionando y sorprendernos todavía más” - Infobae

 

Más allá de los giros de guion, el núcleo de la controversia que rodea a *Si decido arriesgarme* radica en los descuidos de raccord o coherencia interna.

Uno de los ejemplos más comentados en los foros de análisis literario se produce durante una secuencia ambientada en una sala de cine, donde se describe explícitamente que Carla viste una falda; sin embargo, al abandonar el recinto en la página subsiguiente, la indumentaria de la protagonista se transforma de manera mágica en un vestido, sin que medie transición o justificación alguna en el texto.

Asimismo, la configuración del espacio residencial donde conviven los personajes incurre en flagrantes contradicciones.

El texto establece inicialmente que el edificio de apartamentos está habitado de forma exclusiva por estudiantes universitarios; no obstante, capítulos más adelante, el espacio común del hueco del ascensor —descrito como el lugar donde “las señoras mayores guardan los carritos de la compra”— se transforma en el escenario de los encuentros románticos clandestinos entre Carla y Ulises, revelando una falta de rigor en la planificación del microcosmos de la novela.

La inestabilidad de la obra se manifiesta también en la mutación arbitraria de las identidades de los personajes secundarios.

El empleador de Ulises, introducido formalmente en las primeras páginas bajo el nombre de Joaquín, pasa a ser denominado Julián en los pasajes posteriores del libro de manera repentina y sin ninguna explicación que justifique un cambio de identidad o un alias.

Esta falta de supervisión editorial se extiende al manejo de la temporalidad histórica del relato.

La novela menciona que la relación previa de los protagonistas se extendía durante años, pero omite precisar la cronología exacta.

Un desajuste similar ocurre al abordar el pasado penal de Ulises, cuya estancia en un centro penitenciario se introduce como un elemento dramático pero jamás se llega a esclarecer en qué momento sucedió ni cómo encaja dicha experiencia en la línea de vida de unos personajes en teoría adolescentes.

 

Los lectores opinan sobre el primer libro de Alejandra Rubio, 'Si decido  arriesgarme': "Buen debut literario con margen para seguir mejorando"

 

En el plano estrictamente lingüístico, las deficiencias ortográficas e incorrecciones gramaticales constituyen otro de los puntos débiles señalados de forma unánime por los revisores de estilo.

El texto presenta una ausencia sistemática de signos de puntuación esenciales, como las comas explicativas, y recurre al uso de términos que contravienen las normas académicas de la Real Academia Española (RAE).

Entre los errores detectados destacan la grafía incorrecta de extranjerismos adaptados y construcciones morfológicas deficientes como el uso anómalo de la palabra “cuanto menos” terminada en grafías no normativas que alteran la correcta sintaxis de la lengua castellana.

Para muchos expertos en literatura juvenil, la acumulación de estos descuidos sugiere un proceso de redacción acelerado y una alarmante ausencia de filtros de corrección profesional por parte de la casa editorial encargada del lanzamiento.

A pesar de que el volumen de fallos estructurales impide considerar a *Si decido arriesgarme* como una obra de referencia dentro del género de la narrativa juvenil contemporánea, el impacto comercial del libro se mantiene al alza impulsado por la curiosidad de un público que encuentra en estas mismas inconsistencias un motivo de entretenimiento y parodia involuntaria.

El debut literario de Alejandra Rubio se sitúa así en un terreno ambiguo, donde el valor de la obra no reside en la calidad de su prosa ni en la solidez de su arquitectura narrativa, sino en su capacidad para generar interacciones en plataformas digitales y convertirse en un fenómeno de consumo masivo basado en el análisis de sus propios errores de edición.

 

Alejandra Rubio arrasa en Amazon con su primera novela y responde a las  duras críticas: "Muchos ni se la han leído"