El soltero gallego Pedro ha sufrido un rotundo rechazo por parte de su cita Ana María en el restaurante de First Dates tras una cena marcada por la falta de sintonía física

 

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El popular programa de citas de Cuatro, *First Dates*, ha vuelto a dejar uno de esos momentos antológicos que se convierten de inmediato en un fenómeno viral, esta vez analizado por el creador de contenido Pau Polo.

La velada estuvo protagonizada por Pedro, un tierno y bondadoso soltero oriundo de Coruña que acudía al restaurante con el corazón abierto tras años dedicado por entero al cuidado de su madre, y Ana María, una soltera sumamente exigente que no dudó en marcar distancias desde el primer segundo de la cita.

A pesar de que Pedro se autodefinió como un trozo de pan y un “ser de luz” que buscaba la tranquilidad del hogar tras las duras jornadas de trabajo, el veredicto inicial de su acompañante fue devastador.

Ana María confesó en privado que el gallego no le había gustado absolutamente nada a primera vista, activando una actitud fría y crítica que ni las intenciones más nobles del comensal lograron ablandar a lo largo de la cena.

 

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La desconexión física inicial se tradujo rápidamente en un divertido pero incómodo cruce de reproches encubiertos y malentendidos que Pau Polo desglosó con su característico toque de humor.

Uno de los instantes más hilarantes y comentados de la noche se produjo cuando Ana María, analizando minuciosamente la apariencia de su cita, soltó sin tapujos que Pedro tenía “toda la pinta de no saber nadar”, una insólita deducción que desató las carcajadas en las redes.

Las diferencias continuaron cuando hablaron de sus temperamentos, pues mientras el soltero aseguraba ser una “estufa humana” de manos calientes, ella replicó de forma tajante que para calentarse ya disponía de su propio aparato de aire en casa.

El ambiente se volvió aún más tenso y extravagante al abordar el espinoso terreno de las infidelidades pasadas y las preguntas picantes del programa, donde Pedro intentó jugar la carta de la picardía definiéndose como un “pequeño demonio” en la intimidad, provocando una gélida reacción en la psicóloga, quien dejó claro de forma explícita que no iba a haber ningún intercambio íntimo entre ambos.

 

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A pesar de las evidentes señales de rechazo y de que Ana María lo miraba con total indiferencia, el optimismo de Pedro se mantuvo intacto hasta el último segundo, llegando a fantasear con la idea de que la velada terminaría de una forma muy distinta.

En la sala de la decisión final, la soltera mantuvo su postura firme pero educada, agradeciéndole la agradable conversación y reconociendo que era una excelente persona, pero rechazando por completo la posibilidad de tener una segunda cita romántica con él.

La dolorosa pero respetuosa calabaza cerró una de las citas más desastrosas y comentadas del año, demostrando una vez más que la bondad y las ilusiones no siempre son suficientes para encender la chispa del amor en el restaurante más famoso de la televisión española.