El presentador de ‘Pasapalabra’ debuta como escritor. Su primera novela se titula ‘El sótano’ y llega a las librerías el 27 de mayo

 

Roberto Leal en 'El Hormiguero'

 

El plató de El Hormiguero se ha convertido en el escenario de una noche repleta de confesiones, risas y profunda reflexión de la mano de uno de los rostros más queridos y polifacéticos de la televisión española, Roberto Leal.

El carismático presentador sevillano, que sigue cosechando éxitos históricos al frente de Pasapalabra en Antena 3 y compagina las grabaciones de formatos de gran audiencia como El Desafío y Nos vamos de madre, acudió al programa de Pablo Motos para desvelar una faceta completamente inédita en su carrera profesional.

El comunicador debuta oficialmente en el mundo de la literatura con El sótano, su primera novela adscrita al género del thriller psicológico, cuyo lanzamiento comercial está programado para el próximo 27 de mayo en todas las librerías del país.

Durante una distendida charla, Leal aprovechó el espacio televisivo para abrir el apetito de los espectadores desgranando los principales misterios y el origen de una trama que promete atrapar a los amantes del suspense, al mismo tiempo que compartió una desternillante y terrorífica anécdota personal que dejó a toda la audiencia sin palabras.

 

Roberto Leal relata en 'El Hormiguero' el gran susto con las cámaras de su  casa: "Se me encogió el corazón"

 

La conversación comenzó profundizando en el argumento central de El sótano, una obra que narra la decadencia absoluta de Samuel, un hombre que diez años después de convertirse en el principal sospechoso de la desaparición de su pareja sentimental ve cómo su existencia se desmorona por completo.

Sin empleo y atormentado por los fantasmas del pasado, el protagonista se ve obligado a regresar a la vivienda de su progenitor, un refugio donde comenzará a recibir de forma sistemática un misterioso epistolario dirigido a un desconocido con una posición económica boyante.

Leal explicó detalladamente cómo la curiosidad empuja a Samuel a cometer la ilegalidad de abrir estas misivas procedentes de fondos de inversión, bufetes de abogados y tasaciones inmobiliarias, iniciando una peligrosa obsesión que va más allá de la simple identidad del destinatario.

La trama da un giro oscuro cuando el protagonista decide invadir la intimidad de este desconocido, fijando su atención en la esposa de este e instalando un sofisticado sistema de cámaras de videovigilancia que controla de manera clandestina desde el sótano de su casa.

Esta premisa argumental sirvió de catalizador para que Pablo Motos y el propio autor abrieran un hondo y necesario debate de corte social en torno a la alarmante desprotección de los datos personales y la evaporación de los límites de la intimidad en la sociedad contemporánea contemporánea.

Leal reflexionó sobre el hecho de que, a pesar de las normativas vigentes, los ciudadanos exponen habitualmente su privacidad de forma voluntaria a través de las nuevas tecnologías, normalizando conductas de vigilancia y sobreexposición que nos vuelven sumamente vulnerables frente a agentes externos.

 

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Al hilo de este perturbador análisis sobre los sistemas de seguridad doméstica, Roberto Leal provocó la carcajada unánime del público al relatar una traumática vivencia propia que sufrió en su hogar durante la madrugada debido a una falsa alarma.

El presentador rememoró el instante en que la central de alertas se comunicó con él tras registrar un extraño movimiento blanquecino en las estancias de su domicilio, un suceso que tras una primera inspección visual resultó ser simplemente el balanceo de unas toallas colgadas en el tendedero frente a un sensor óptico.

Sin embargo, la verdadera situación de pánico se desencadenó minutos más tarde cuando el comunicador, incapaz de conciliar el sueño y embargado por el nerviosismo, decidió auditar minuciosamente el histórico de grabaciones de sus cámaras de seguridad.

Con el corazón encogido y a punto de telefonear a las fuerzas de seguridad del Estado, Leal detuvo un fotograma exacto que mostraba la imponente silueta de un intruso alto en el interior de su cocina, descubriendo con gran bochorno tras ampliar la imagen que el supuesto asaltante era él mismo captado por la lente momentos antes mientras caminaba a oscuras.

La sincera autocrítica del invitado, que se autodefinió entre risas como un idiota por su confusión, cerró con broche de oro una entrevista que combinó a la perfección la promoción editorial de un thriller prometedor con la naturalidad y el sentido del humor que le caracterizan.

 

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