La debacle electoral del Partido Socialista en Andalucía ha provocado una intensa crisis interna en la que la militancia exige la dimisión inmediata de María Jesús Montero

 

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La reciente debacle electoral del Partido Socialista Andaluz ha desatado una auténtica guerra interna contra la figura de María Jesús Montero.

Tras firmar el peor resultado en la historia del socialismo en Andalucía, la militancia ha estallado en un clamor público exigiendo su dimisión inmediata.

Este malestar no se limita a su liderazgo regional; numerosos cargos y afiliados consideran que también debe abandonar su acta en el Congreso de los Diputados, un escaño que Montero se negó a dejar hace meses, escudándose en motivos laborales y de estabilidad política.

Durante la noche electoral, las caras largas y el ambiente de funeral político se hicieron evidentes, reflejando la desilusión de un partido que gobernó Andalucía durante casi cuatro décadas.

La sensación de derrota total ha abierto un profundo debate interno sobre el futuro del PSOE en la comunidad y, especialmente, sobre el papel que ha desempeñado Montero durante toda la campaña.

Existen convicciones dentro del partido que sugieren que la dirigente socialista estaría esperando que pase la tormenta mediática para regresar cómodamente al Congreso y abandonar definitivamente Andalucía.

Sin embargo, esta posibilidad ha indignado aún más a una buena parte de la militancia, que siente que el socialismo andaluz ha sido utilizado como una simple plataforma política personal.

“No basta con apartarse de Andalucía, tiene que asumir responsabilidades políticas reales”, repiten muchos militantes en privado.

 

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La presión también se dirige ya directamente hacia Pedro Sánchez.

Sectores críticos del Partido Socialista consideran que el presidente está llevando al partido a una situación límite debido a su obsesión por controlar cada estructura territorial desde Madrid.

El creciente descontento interno apunta a una dirección nacional cada vez más cuestionada y acusada de gobernar de forma excesivamente centralizada y autoritaria.

La crisis socialista ya no se percibe únicamente como un problema andaluz; muchos dirigentes temen que el desgaste nacional del sanchismo esté provocando un borrado progresivo del Partido Socialista en numerosos territorios de España.

Mientras tanto, en Andalucía, el enfado continúa creciendo, y la exigencia de dimisiones se ha convertido en un clamor imposible de ocultar.

La militancia socialistas lo tiene claro: María Jesús Montero debe desaparecer del mapa político, tanto autonómico como nacional.

Este clamor resuena en cada rincón del partido, reflejando no solo el descontento con el liderazgo de Montero, sino también una demanda de cambio y renovación que muchos consideran urgente para la supervivencia del socialismo en la región.

La situación actual plantea un desafío significativo para el PSOE, que deberá enfrentarse a sus propios demonios internos si desea recuperar la confianza de su base y evitar un descalabro aún mayor en el futuro.

 

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