Ana Boyer y Fernando Verdasco presentan a su hija Mía y celebran una nueva etapa familiar junto a sus cuatro hijos
“Después de tres chicos, nos hizo mucha ilusión saber que llegaba una niña. Fue un momento muy especial para toda la familia”, nos dice Ana, que dio a luz a su hija el pasado 4 de mayo

Ana Boyer y Fernando Verdasco viven uno de los momentos más felices desde que comenzaron su historia juntos.
Tres meses después del nacimiento de su primera hija, Mía, la pareja ha compartido nuevos detalles sobre la adaptación a la vida con cuatro hijos y sobre la ilusión que ha supuesto incorporar a una niña a una familia que hasta ahora estaba formada por tres hermanos varones.
El matrimonio asegura que la mayor satisfacción en esta etapa no reside únicamente en la llegada de la pequeña, sino en verla crecer rodeada del cariño de Miguel, Mateo y Martín, quienes, según explican, se han implicado desde el primer día en el cuidado y la atención hacia su hermana menor.
La pequeña Mía nació el 4 de mayo de 2026 en Madrid, un acontecimiento que puso fin a la espera de un embarazo anunciado meses antes y que representó un acontecimiento especialmente significativo para la familia.
Después de convertirse en padres de Miguel, Mateo y Martín, Ana Boyer y Fernando Verdasco recibieron con enorme alegría la noticia de que su cuarto hijo sería una niña.
Aunque siempre manifestaron públicamente que la salud del bebé era su principal prioridad, ambos reconocieron que les hacía especial ilusión poder experimentar la crianza de una hija tras haber formado previamente una familia con tres niños.
La llegada de Mía también supuso un momento muy especial para el entorno familiar de Ana Boyer.
La empresaria es la hija menor de Isabel Preysler y del fallecido exministro Miguel Boyer, por lo que el nacimiento convirtió nuevamente a Isabel Preysler en abuela de una numerosa familia integrada por los hijos de Chábeli Iglesias, Enrique Iglesias y la propia Ana.
Con el nacimiento de la pequeña, la conocida socialité alcanzó la cifra de diez nietos, consolidando una familia que mantiene una estrecha relación pese a que muchos de sus miembros residen fuera de España durante buena parte del año.

Durante las semanas previas al parto, Ana Boyer y Fernando Verdasco regresaron desde Doha, ciudad catarí donde establecieron su residencia hace aproximadamente una década debido a los compromisos profesionales del extenista.
El matrimonio decidió trasladarse temporalmente a Madrid para afrontar la recta final del embarazo rodeado de sus familiares y con el mismo equipo médico que había acompañado a Ana en sus anteriores maternidades.
La decisión permitió que la pequeña naciera en el Hospital Ruber Internacional, el mismo centro sanitario en el que habían venido al mundo sus tres hermanos mayores.
Poco después del nacimiento, la pareja presentó oficialmente a su hija mediante una emotiva fotografía familiar compartida en redes sociales.
En la imagen aparecían los seis integrantes de la familia, reflejando la complicidad entre los hermanos y la felicidad de los padres.
Junto a la publicación confirmaron que la niña llevaría el nombre de Mía, manteniendo una tradición muy significativa para la familia: todos los hijos del matrimonio tienen nombres que comienzan por la letra M.
Así, Miguel, Mateo, Martín y ahora Mía continúan un homenaje iniciado en recuerdo de Miguel Boyer, padre de Ana y figura muy importante en su vida.
La elección del nombre despertó además interés por su significado.
Mía es un nombre femenino que ha ganado una enorme popularidad en España y otros países europeos durante la última década.
Su origen suele asociarse al hebreo y existen diversas interpretaciones sobre su significado, entre ellas “la elegida” o “la amada de Dios”.
Más allá de su simbolismo, la pareja destacó que el nombre encajaba perfectamente con la tradición familiar y con el deseo de elegir una denominación sencilla, internacional y fácilmente reconocible.

Tres meses después del nacimiento, Ana Boyer ha explicado que la mejor parte de esta nueva etapa consiste en observar cómo sus hijos mayores han integrado a Mía en su rutina diaria.
Según relata, Miguel, el mayor de los hermanos, ejerce un papel especialmente protector; Mateo muestra una enorme curiosidad por todo lo relacionado con la bebé, mientras que el pequeño Martín, pese a su corta edad, demuestra continuamente afecto hacia su hermana.
Para la pareja, contemplar esa relación fraternal representa una de las mayores satisfacciones de la maternidad y la paternidad.
Ana Boyer reconoce que, después de haber criado ya a tres hijos, afronta esta experiencia con mayor tranquilidad y confianza.
La experiencia acumulada le permite disfrutar del crecimiento de la pequeña con menos incertidumbre que en sus primeros embarazos.
Al mismo tiempo, destaca que cada hijo posee una personalidad completamente diferente, lo que convierte cada etapa en una experiencia nueva, incluso para unos padres con amplia experiencia.
Fernando Verdasco comparte esa visión y ha manifestado en distintas ocasiones que la organización familiar se ha convertido en un auténtico trabajo en equipo.
Tras su retirada del tenis profesional, el deportista dispone de más tiempo para involucrarse en la vida cotidiana de sus hijos, circunstancia que ambos consideran fundamental para mantener el equilibrio de una familia numerosa.
El extenista participa activamente en las rutinas diarias, desde llevar a los niños a sus actividades hasta colaborar en el cuidado de la recién nacida, reforzando un modelo de corresponsabilidad que la pareja ha defendido públicamente en diversas entrevistas.

La historia de Ana Boyer y Fernando Verdasco comenzó en 2013 después de conocerse gracias a su entorno común vinculado a Enrique Iglesias.
Su relación avanzó con rapidez y culminó con su boda celebrada el 7 de diciembre de 2017 en la exclusiva isla caribeña de Mustique, en una ceremonia privada que reunió a familiares y amigos cercanos.
Desde entonces han construido una sólida vida familiar marcada por frecuentes cambios de residencia derivados de la carrera deportiva de Verdasco y por la decisión compartida de priorizar siempre el bienestar de sus hijos.
La familia reside habitualmente en Doha, una ciudad que ambos han descrito como especialmente adecuada para criar niños gracias a su tranquilidad, seguridad y calidad de vida.
Sin embargo, mantienen un vínculo constante con España, país al que regresan con frecuencia para visitar a sus familiares y cumplir diversos compromisos profesionales.
Ese contacto permanente ha permitido que los niños mantengan una estrecha relación con sus abuelos, tíos y primos.
En los últimos meses, Ana Boyer también ha retomado progresivamente su actividad pública como embajadora de diversas firmas y creadora de contenido, aunque insiste en que su prioridad absoluta continúa siendo la familia.
Sus apariciones públicas muestran una imagen serena y alejada de la exposición excesiva, manteniendo la discreción que siempre ha caracterizado tanto a ella como a Fernando Verdasco respecto a la vida privada de sus hijos.
Con la llegada de Mía, la pareja considera que su proyecto familiar ha alcanzado una etapa muy especial.
La ilusión por tener una hija después de tres niños se ha unido a la satisfacción de comprobar la extraordinaria relación existente entre los cuatro hermanos.
Para Ana Boyer, el mayor regalo no consiste únicamente en haber ampliado la familia, sino en observar cada día cómo la pequeña crece rodeada de cariño, complicidad y protección, consolidando un hogar en el que la unión familiar continúa siendo el eje central de su vida.
