El juicio por la denominada causa Cuadernos volvió a dar un giro inesperado después de una audiencia cargada de tensión, acusaciones cruzadas y declaraciones que podrían abrir una nueva etapa judicial dentro de uno de los expedientes más explosivos de la política argentina reciente.

 

 

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Todo comenzó cuando el abogado Maximiliano Rusconi, defensor del exministro Julio De Vido, pidió formalmente que se investiguen presuntas presiones ejercidas durante la etapa de instrucción de la causa por el fallecido juez Claudio Bonadío y por el fiscal Carlos Stornelli.

La solicitud se produjo luego de la declaración de Julio César Silva, encargado del edificio de la calle Juncal y Uruguay donde vivía Cristina Fernández de Kirchner.

Durante su testimonio, Silva aseguró haber sido víctima de fuertes presiones mientras declaraba en los primeros momentos de la investigación judicial.

Según relató ante el tribunal, le hicieron saber que conocían detalles sobre su familia y sobre los movimientos de su barrio.

También sostuvo que le insinuaron qué tipo de declaraciones debía realizar respecto a bolsos, visitas y movimientos vinculados al edificio donde residía la expresidenta.

Las palabras del testigo generaron un profundo impacto dentro de la sala.

Silva afirmó además que nunca releyó correctamente la declaración que terminó firmando durante aquella etapa y que muchas de las afirmaciones incluidas en el documento no reflejaban realmente lo que él había querido decir.

Según explicó, actuó bajo miedo y presión psicológica.

Las acusaciones apuntaron directamente contra Claudio Bonadío y Carlos Stornelli, dos figuras centrales en el desarrollo original de la causa Cuadernos.

Aunque Bonadío ya falleció, la denuncia mantiene una enorme gravedad política y judicial debido a que Stornelli continúa desempeñándose como fiscal federal en Comodoro Py.

La defensa de Julio De Vido pidió que se extraigan testimonios para abrir una investigación específica sobre esas supuestas maniobras de presión y condicionamiento de testigos.

El tribunal respondió que analizará el planteo al finalizar el debate oral, luego de evaluar toda la prueba y el conjunto completo de declaraciones.

 

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Sin embargo, el solo hecho de que el pedido haya sido aceptado para análisis ya provocó una fuerte repercusión política y mediática.

Muchos observadores comenzaron a preguntarse si la causa Cuadernos podría ingresar ahora en una etapa completamente distinta a la imaginada inicialmente.

Mientras tanto, la audiencia siguió sumando momentos de enorme tensión.

Ese mismo día declaró la esposa de Oscar Centeno, el exchofer cuyos famosos cuadernos se transformaron en el corazón de toda la investigación judicial.

Su testimonio rápidamente se convirtió en otro foco de controversia.

Según distintos periodistas presentes en la audiencia, la mujer mostró un relato confuso y en varios momentos pareció mezclar recuerdos personales con información obtenida a través de medios de comunicación y otras audiencias públicas.

Esa situación quedó especialmente expuesta cuando fue confrontada con declaraciones realizadas años atrás.

En un momento particularmente incómodo, los abogados le recordaron que en 2017 ella había asegurado haber declarado frente al fiscal Stornelli.

Sin embargo, las actas oficiales demostraban que su declaración había sido realizada ante el juez Bonadío.

La contradicción dejó al descubierto inconsistencias importantes dentro de su relato actual.

Los abogados defensores aprovecharon inmediatamente ese episodio para cuestionar la credibilidad de varios testimonios vinculados a la causa.

Pero el momento más llamativo de la jornada apareció cuando la mujer habló sobre Jorge Basigalupo, un sargento retirado de la Policía Federal que custodió los famosos cuadernos.

Según declaró, Basigalupo habría funcionado como una especie de testaferro de Centeno.

La mujer sostuvo que Centeno compraba automóviles utilizando dinero cuyo origen no podía justificar y que luego colocaba esos vehículos a nombre de otras personas para evitar sospechas.

 

 

 

Uno de esos autos habría quedado registrado a nombre de ella misma y otro a nombre de Basigalupo.

La revelación generó nuevas preguntas sobre la verdadera relación entre ambos hombres y sobre el manejo de dinero alrededor del caso.

Aunque todavía no existen pruebas concluyentes sobre esas afirmaciones, las declaraciones comenzaron a alimentar dudas sobre algunos aspectos centrales de toda la investigación original.

Los abogados defensores de varios imputados aprovecharon inmediatamente la situación para reforzar una estrategia que vienen impulsando desde hace tiempo.

Intentan demostrar que durante la instrucción de la causa existieron irregularidades, presiones indebidas y manipulación de testimonios.

La discusión ya no se concentra únicamente en los supuestos hechos de corrupción investigados originalmente.

Ahora también empieza a girar alrededor de cómo se obtuvieron las pruebas y bajo qué condiciones declararon muchos testigos e imputados colaboradores.

Ese punto resulta especialmente delicado porque podría afectar directamente la validez de parte del proceso judicial.

Distintos analistas jurídicos comenzaron a señalar que, si la Justicia llegara a comprobar presiones indebidas sobre testigos, el impacto sobre la causa podría ser enorme.

No solamente desde el punto de vista político, sino también procesal.

Las defensas podrían pedir nulidades parciales o cuestionar seriamente algunos testimonios considerados claves durante la investigación inicial.

Mientras tanto, las redes sociales y los programas políticos explotaron con interpretaciones cruzadas sobre lo ocurrido.

Sectores cercanos al kirchnerismo sostienen que las nuevas declaraciones confirman una supuesta persecución judicial impulsada durante años contra Cristina Fernández de Kirchner y exfuncionarios de su gobierno.

Por el contrario, otros sectores consideran que se intenta desacreditar una investigación histórica utilizando testimonios débiles o contradictorios.

La figura de Carlos Stornelli volvió a quedar en el centro de la tormenta.

El fiscal ya había atravesado otras polémicas y conflictos judiciales en el pasado, pero esta nueva situación amenaza con volver a colocar bajo la lupa parte de su actuación en uno de los expedientes más emblemáticos de la política argentina moderna.

Dentro de los tribunales federales se percibe un clima de enorme tensión.

Muchos consideran que el juicio Cuadernos atraviesa uno de sus momentos más sensibles desde el inicio del debate oral.

Cada nueva audiencia parece abrir interrogantes inesperados y sumar elementos que complejizan todavía más una causa que ya lleva años marcada por escándalos, acusaciones cruzadas y enfrentamientos políticos permanentes.

Por ahora, el tribunal decidió esperar antes de tomar una decisión definitiva sobre el pedido de investigación contra Bonadío y Stornelli.

Pero lo ocurrido en las últimas audiencias dejó algo muy claro dentro del escenario político argentino.

La causa Cuadernos, lejos de acercarse tranquilamente a una conclusión, parece entrar en una nueva etapa llena de dudas, sospechas y revelaciones capaces de alterar nuevamente todo el tablero judicial y político del país.