EJECUCIÓN EN VIVO: EL DOCUMENTAL QUE REVELA EL HORROR DE EL JUNQUITO DESPUÉS DE OCHO AÑOS

En las pantallas de cine de Madrid, Miami y otras ciudades del mundo, la figura de Óscar Pérez ha regresado con una fuerza arrolladora que sacude las conciencias y desafía las narrativas oficiales.

Ocho años después de su trágica muerte el 15 de enero de 2018 en la masacre de El Junquito, el documental “ÓSCAR: El hombre más buscado de una nación”, dirigido por la cineasta venezolana Vanessa Whaite, irrumpe como un rayo de luz en la oscuridad de la represión chavista.

No es una simple reconstrucción histórica: es un aldabonazo que expone con crudeza, documentos, audios inéditos, testimonios exclusivos y la propia voz del protagonista, la verdad que el régimen intentó enterrar bajo balas y propaganda.

Una verdad que revela no solo el destino de un hombre valiente, sino el rostro siniestro de un sistema que opera como una empresa narcoterrorista.

Imaginemos la tensión en una sala de cine a oscuras.

 

Las imágenes cobran vida: un policía de élite del CICPC, entrenado en operaciones especiales, guapo, carismático, padre de familia, que un día decide romper el silencio.

Óscar Alberto Pérez, nacido en 1981, no era un desconocido.

Había actuado en películas como “Muerte Suspendida”, donde interpretaba a un agente de la ley, promoviendo valores que él mismo encarnaba.

Pero en 2017, todo cambió.

Pérez descubrió, documentó y denunció públicamente cómo Nicolás Maduro y su entorno dirigían Venezuela como una red criminal internacional.

Con videos virales que recorrieron el mundo, acusó al gobierno de narcotráfico, corrupción y represión sistemática.

Su llamada a la insurrección no buscaba derramar sangre inocente: quería capturar a los cabecillas y entregarlos a la justicia internacional.

Un acto de heroísmo que lo convirtió en el hombre más buscado del país.

El documental de Whaite, estrenado mundialmente el 19 de abril de 2026 en Madrid y con proyecciones especiales en Miami el 7 de junio, Barcelona el 27 y Valencia el 28, reconstruye meticulosamente esos meses de persecución implacable.

Más de siete u ocho años de investigación rigurosa, enfrentando censura, amenazas y el miedo de los testigos, dan como resultado una obra que combina material de archivo ciudadano, documentos oficiales, peritajes independientes y testimonios de su madre, familiares, colegas y aliados.

La voz del propio Óscar resuena en la pantalla, transmitiendo en vivo mientras el cerco se cerraba.

Es un testimonio en primera persona que desmonta la versión oficial del régimen, esa que lo pintaba como un terrorista loco y aislado.

La secuencia más impactante, que eriza la piel de cualquier espectador, revive los momentos finales en la finca de El Junquito.

Cercado por fuerzas de seguridad del Estado, Pérez y su pequeño grupo de rebeldes —incluyendo mujeres y civiles— intentaron negociar una rendición.

Transmitió en Instagram la barbarie: “Nos van a matar”, se escucha su voz entre disparos.

El régimen no quiso prisioneros.

Lo que siguió fue una ejecución extrajudicial a sangre fría, con francotiradores y un asalto desproporcionado.

 

Así es el documental sobre Óscar Pérez, el expolicía venezolano que fue  ejecutado en vivo en 2018 | TN

Cuerpos acribillados, incluso después de muertos.

Imágenes que el documental preserva con rigor forense, demostrando que no fue un enfrentamiento, sino una masacre planificada para enviar un mensaje: quien desafíe al poder será eliminado sin piedad.

Vanessa Whaite, con experiencia en National Geographic y History Channel, explica en entrevistas el motor de su obra: pura curiosidad ante las contradicciones.

“Quería enfrentar la narrativa oficial del régimen con la realidad”, dice.

Lo que encontró fue un hombre complejo: un agente táctico elite capacitado en cielo, mar y tierra, un padre amoroso, un soñador que creía en una Venezuela libre.

Su rebelión no fue improvisada; surgió de evidencias concretas sobre el funcionamiento criminal del Estado.

El documental no idealiza: muestra sus errores, sus dudas, pero sobre todo su coraje moral en un país donde la disidencia se paga con la vida.

El impacto del filme va más allá de las salas de cine.

En un Venezuela que aún cicatriza heridas tras la caída de Maduro, “ÓSCAR” reabre debates sobre memoria histórica, justicia y el costo de la libertad.

Miles de venezolanos en el exilio y dentro del país ven en Pérez un símbolo de resistencia.

No era un superhéroe invencible; era un hombre común que eligió lo extraordinario.

Su historia inspira a una nueva generación que creció bajo la opresión y ahora, en la transición, busca verdad y reparación.

Familias de otras víctimas de la represión se sienten representadas: el documental honra no solo a Pérez, sino a todos los que cayeron por soñar con democracia.

La producción enfrentó obstáculos monumentales.

Testigos temerosos, archivos ocultos, presiones políticas.

Whaite y su equipo invirtieron años recolectando piezas de un rompecabezas sangriento.

Audios donde Pérez detalla las operaciones de narcotráfico que involucraban a altos funcionarios.

Videos inéditos de su preparación.

Testimonios de su madre, Aminta, que rompe el corazón al relatar el dolor de perder a un hijo mientras el régimen celebraba su muerte.

Colegas del CICPC que confirman cómo el sistema estaba podrido desde dentro.

Cada elemento construye un relato irrefutable que contrasta con la propaganda chavista, que aún hoy intenta deslegitimarlo.

Pero “ÓSCAR” no es solo denuncia; es un llamado urgente a la reflexión.

En un mundo donde dictaduras y autoritarismos resurgen, la historia de Pérez ilustra el precio de la valentía.

Un policía que actuó en películas para promover justicia termina convirtiéndose en protagonista real de la lucha contra la tiranía.

Su ejecución en vivo, transmitida al mundo, fue un acto de resistencia final que nadie podrá borrar.

El documental preserva ese archivo para que las futuras generaciones conozcan la verdad: no fue un criminal, fue un patriota ejecutado por un régimen que temía su ejemplo.

Las reacciones no se han hecho esperar.

En Miami, epicentro del exilio venezolano, el estreno del 7 de junio promete ser emotivo y multitudinario.

 

Así es el documental sobre Óscar Pérez, el expolicía venezolano que fue  ejecutado en vivo en 2018 | TN

Salas llenas de aplausos, lágrimas y abrazos.

En España, donde la comunidad venezolana es numerosa, las proyecciones en Barcelona y Valencia generan debates acalorados.

Críticos y activistas de derechos humanos lo celebran como una obra necesaria.

Mientras tanto, remanentes del chavismo intentan descalificarlo, repitiendo viejos slogans.

Pero las evidencias son abrumadoras.

Peritajes independientes confirman la ejecución extrajudicial.

Documentos oficiales revelan órdenes directas.

La verdad, como dice el título, sale a la luz ocho años después.

La vida de Óscar Pérez antes de la rebelión merece capítulos enteros.

Nacido en Caracas, se formó como investigador criminal, escaló posiciones por mérito y se involucró en el cine con pasión.

Su rol en “Muerte Suspendida” no fue casual: quería humanizar a la policía y restaurar la confianza en las instituciones.

Irónicamente, terminó exponiendo cómo esas instituciones habían sido capturadas por el crimen.

Padre de tres hijos, esposo devoto, su decisión de rebelarse significó abandonar todo por un ideal mayor.

El documental explora esa dimensión humana con sensibilidad: las cartas a su familia, los momentos de duda, la determinación inquebrantable.

No fue un fanático; fue un hombre que vio el abismo y decidió actuar.

En el contexto actual de Venezuela, con un gobierno interino intentando reconstruir instituciones y justicia, el filme adquiere un valor añadido.

Sirve como recordatorio de que la transición debe incluir verdad plena sobre los crímenes del pasado.

Las víctimas de El Junquito, las torturas en prisiones, las ejecuciones extrajudiciales: nada puede quedar impune si se quiere construir una democracia sólida.

“ÓSCAR” contribuye a esa memoria colectiva, preservando evidencias que podrían usarse en tribunales internacionales.

Es cine que se convierte en arma de justicia.

Visualmente, el documental es impactante.

Imágenes de alta calidad, montaje dinámico que alterna acción, intimidad y denuncia.

La banda sonora tensa, los testimonios cargados de emoción.

Es cine documental en su mejor forma: riguroso, emotivo y adictivo.

 

No deja al espectador indiferente.

Al salir de la sala, uno siente rabia, admiración y una urgencia por contar esta historia.

En redes sociales, el tráiler ha generado millones de vistas y comentarios apasionados.

“Por fin la verdad”, escriben miles.

“Óscar vive en nosotros”.

Ocho años de silencio impuesto por el miedo.

Ocho años en los que el régimen intentó borrar su nombre.

Pero la película de Vanessa Whaite demuestra que la verdad es más fuerte que las balas.

Óscar Pérez no murió en vano.

Su legado inspira, su ejemplo perdura y su historia, ahora en la gran pantalla, obliga a Venezuela y al mundo a confrontar el pasado para construir un futuro libre.

Mientras las luces se encienden al final de la proyección, el mensaje resuena claro: la lucha continúa, la memoria no se apaga y la libertad siempre vale el precio.

En un país que sueña con reconciliación, este documental no cierra heridas; las abre para sanarlas de verdad.

Es el tributo que Pérez merecía y el aldabonazo que Venezuela necesitaba.

La película no solo cuenta una historia: la revive con toda su intensidad dramática, recordándonos que héroes como Óscar Pérez no se olvidan.

Su verdad, ocho años después, sigue iluminando el camino hacia la justicia.