El hallazgo de un vehículo chocado en Paseo Tollocan, Toluca, reveló el cuerpo sin vida de Wendy Saray Pavón Torres en la cajuela con signos de violencia

 

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El hallazgo de un vehículo chocado en una de las principales vialidades de Toluca terminó revelando una de las historias más estremecedoras de violencia de pareja registradas recientemente en el país. Lo que inicialmente parecía un accidente de tránsito terminó convirtiéndose en un caso de feminicidio que dejó a una familia destruida, a dos hijos en la orfandad y a un presunto agresor prófugo.

Todo comenzó en los primeros días de mayo, cuando Wendy Saray Pavón Torres, una joven madre de 33 años, salió de su casa en Ciudad de México. Según relataron sus familiares, la mujer se despidió con normalidad y dijo que se vería con su pareja. “Les dijo que iba a ir a ver a su novio y que regresaría después”, recuerdan. Sin embargo, nunca volvió.

Dos días después, su ausencia ya era alarmante. Wendy no se presentó a trabajar ni acudió a recoger a sus hijos de 15 y 13 años, algo completamente inusual en una mujer descrita por su familia como responsable, trabajadora y profundamente dedicada a sus hijos. La denuncia por desaparición fue interpuesta de inmediato, pero la respuesta definitiva llegaría de la forma más trágica posible.

 

La Jornada Estado de México

 

El punto de quiebre ocurrió cuando, tras la difusión de un accidente vehicular en Paseo Tollocan, en Toluca, una familia reconoció el automóvil involucrado: un Chevrolet Chevy que pertenecía a la pareja de Wendy. La escena del hallazgo fue impactante. La policía acudió al lugar tras el reporte de un choque contra un poste. El conductor no estaba.

Lo que sí encontraron cambió por completo la investigación: en la cajuela del vehículo estaba el cuerpo sin vida de una mujer con visibles signos de violencia. “Una mujer a la que mataron a golpes”, relataron los reportes iniciales. Las autoridades confirmaron más tarde que se trataba de Wendy Saray.

Un elemento clave fue el análisis de cámaras de vigilancia instaladas en la salida de la carretera México–Toluca, donde se observó el automóvil circulando con un solo ocupante. No había pasajeros visibles en los asientos. El cuerpo iba oculto en la parte trasera del vehículo.

Mientras la investigación avanzaba en paralelo a la búsqueda de la familia, una pista crucial surgió cuando una operadora de emergencias confirmó que una mujer con características similares había ingresado al Servicio Médico Forense en Toluca a causa de un accidente. La noticia obligó a los familiares a trasladarse con la esperanza de un error. Pero la identificación fue definitiva.

 

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“Efectivamente el cuerpo que encontraron era el de Wendy”, confirmaron entre lágrimas los familiares. La escena en el forense marcó el inicio de un duelo irreversible.

La búsqueda de respuestas llevó a la familia hasta la vivienda del principal sospechoso, la pareja sentimental de Wendy. En la zona cerril de Xochimilco, encontraron una casa precaria, construida con láminas y madera. Afuera, restos calcinados de objetos personales levantaron sospechas inmediatas: ropa, maquillaje, un teléfono y un espejo parcialmente quemados.

“Tenía un perfume muy característico… y la botella se veía calcinada”, relató un integrante de la familia durante la inspección. En el interior, los indicios reforzaban la hipótesis de un crimen cometido en ese mismo lugar antes del traslado del cuerpo.

Wendy y el presunto agresor, identificado como Mario Hernández Vega, de 43 años, se habían conocido meses atrás cuando él realizaba trabajos de albañilería en el domicilio familiar. Lo que comenzó como una relación aparentemente común terminó en una historia marcada por antecedentes ocultos. Las autoridades confirmaron posteriormente que el hombre había estado preso en dos ocasiones: una por violación y otra por robo, además de registrar antecedentes de violencia.

“Wendy no sabía esto. Su familia tampoco”, señalaron los investigadores.

 

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El caso dio un giro aún más inquietante cuando se confirmó que el sospechoso había huido tras el choque del vehículo, abandonando la escena y desapareciendo sin dejar rastro. Hasta el momento, las fiscalías de la Ciudad de México y del Estado de México mantienen su búsqueda activa.

La familia de Wendy, devastada, organizó su despedida en medio de una profunda conmoción social. El cortejo fúnebre recorrió calles de su comunidad entre música, flores y lágrimas. Vecinos y amigos acompañaron el ataúd mientras una banda interpretaba melodías tradicionales en su honor. Entre el dolor, también se alzaron voces de exigencia de justicia.

“Quiero ser tu voz, Wendy”, expresó uno de los periodistas que documentó el caso, reflejando el sentimiento de una comunidad que exige que el crimen no quede impune.

Wendy fue recordada como una madre entregada, con sueños y metas aún por cumplir. “Una mujer trabajadora, dedicada a su familia y a sus hijos”, repetían quienes la conocían. Su historia, truncada de forma violenta, dejó al descubierto una vez más la crudeza del feminicidio en México y la vulnerabilidad de muchas mujeres frente a relaciones marcadas por el control y la violencia oculta.

Hoy, el lugar donde ocurrió el crimen permanece asegurado. Mientras tanto, la investigación continúa abierta y las autoridades mantienen la búsqueda del principal sospechoso. La familia de Wendy, entre el duelo y la esperanza de justicia, sigue esperando una sola respuesta: que el responsable sea detenido y enfrente a la ley.