La comensal Ana de 26 años rechaza de forma tajante un segundo encuentro sentimental en ‘First Dates’ tras sentirse profundamente incómoda por la actitud desinhibida de su cita

 

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El plató de ‘First Dates’ se ha convertido una vez más en el escenario de uno de los desencuentros más comentados de la televisión, reflejando a la perfección el abismo que a veces separa las expectativas de la realidad en una primera cita.

En esta ocasión, los protagonistas fueron Ana, una joven de 26 años dedicada al sector del marketing que acababa de regresar a España tras una etapa residiendo en Dubái, y Reuel, un monitor de zumba, entrenador personal y auxiliar de enfermería de la misma edad.

Lo que prometía ser una velada agradable entre dos jóvenes con profesiones dinámicas y gustos afines terminó transformándose en un incómodo despliegue de insinuaciones subidas de tono que terminaron por dinamitar cualquier posibilidad de romance, dejando a la soltera completamente estupefacta ante la actitud de su pretendiente.

Desde el primer instante, la tensión ambiental se hizo notar.

Reuel entró al restaurante visiblemente nervioso, hasta el punto de que el sudor comenzó a jugarle una mala pasada frente al presentador Carlos Sovera.

Lejos de ocultarlo, el soltero decidió naturalizar la situación explicando que padece hiperhidrosis aguda, una condición médica que le impide regular correctamente las glándulas sudoríparas.

Al encontrarse con Ana en la barra, intentó romper el hielo utilizando un juego de palabras con su propio nombre de origen bíblico, sugiriendo con acento americano la frase “very well” para indicar si la soltera era de su agrado.

Ana, que lucía un brazo inmovilizado debido a una aparatosa caída sufrida durante las fiestas de un pueblo, mostró una actitud simpática y receptiva en los primeros minutos, valorando la transparencia de su cita.

 

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Sin embargo, a medida que se trasladaron a la mesa y comenzó la cena, el comportamiento de Reuel dio un giro radical que dinamitó la complicidad inicial.

El entrenador personal, obsesionado con la atracción física y adoptando una actitud que él mismo definió de forma provocativa, comenzó a lanzar comentarios extremadamente directos que rozaron la ordinariez.

Al fijarse en el físico de Ana, el soltero cruzó una línea roja al verbalizar sin filtros sus pensamientos íntimos: “Te iba a decir, si me ponen tu sonrisa, me cago con tus tetas. Pero pero no”.

Esta frase, lejos de halagar a la comensal, sembró la incomodidad en la mesa.

Aunque Reuel intentó matizar el golpe asegurando que lo retiraba y que buscaba ser un caballero, el daño ya estaba hecho.

Ana, que previamente se había definido como una persona directa al estilo de la mítica Samantha de ‘Sex and the City’, empezó a replegarse ante la agresividad verbal de su acompañante.

El debate estético continuó cuando Reuel, que también vestía una camisa notablemente abierta, cuestionó el uso del escote en las mujeres.

Ante la pregunta de por qué los hombres no solían llevarlo tanto, Ana respondió con naturalidad que un escote sirve para “marcar formas”, a lo que el monitor de zumba reaccionó moviendo los músculos de su propio torso entre risas, exclamando: “Mira si lo puedo mover todo. Me mueve las tetitas”.

La escena provocó la risa nerviosa de la joven, quien admitió ante las cámaras del programa que la situación la estaba superando por completo: “Me parto. Ya no sé dónde mirar”.

 

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En un intento por reconducir la velada y mostrar una faceta más tierna, Reuel pidió al personal del restaurante que le trajeran un detalle que había preparado minuciosamente para ella: un collar con piedras de colores.

Al entregárselo, el soltero intentó implementar una estrategia para asegurar un segundo encuentro, proponiendo que si ella aceptaba el regalo significaba que quería volver a verlo más allá de una simple amistad.

Ana, demostrando una gran agilidad mental y rechazando sutilmente la presión, declinó quedarse con la joya en ese momento y le sugirió con ironía: “Pues me lo quedo en mi casa. Te lo pones tú con ese escote, puedes lucirlo”.

La gota que colmó el vaso llegó hacia el final de la cena, cuando Reuel justificó su actitud persistente y desinhibida con una polémica declaración de intenciones que sentenció definitivamente el veredicto de la noche: “A mí me gusta ser un caballero, pero si parece siempre un caballero, al final va a ser su amigo. Entonces, yo soy un caballero empotrador”.

Esta polémica autodefinición terminó por disipar cualquier duda en la mente de la joven de marketing.

En el momento de la decisión final, cuando el programa planteó la habitual pregunta sobre si tendrían una segunda cita romántica, Ana se mostró tajante y sincera, priorizando su comodidad y marcando una distancia insalvable.

“A ver, como para conocerle como amigos y eso sí, pero es que el empotrador me ha dado miedo, sinceramente”, sentenció la soltera, rechazando cualquier vínculo sentimental.

Reuel, asumiendo el fiasco de su estrategia de seducción, intentó suavizar el rechazo entregándole finalmente el collar de manera desinteresada y despidiéndose con la promesa de mantener una relación estrictamente amistosa y “sin empotrador”, cerrando así una de las citas más surrealistas y comentadas del formato televisivo.