El religioso Alfonso Avilés, nacido en Murcia, tenía más de 30 años de vida sacerdotal. En el suceso también ha muerto un sacerdote local

La tragedia golpeó con fuerza a la Iglesia católica en Ecuador y también a una comunidad marcada por años de cercanía pastoral con un sacerdote español que había hecho de su vocación una forma de vida total.
El padre Alfonso Avilés Pérez, nacido en Murcia y con más de tres décadas de sacerdocio, murió ahogado en General Villamil Playas, en la provincia ecuatoriana del Guayas, después de lanzarse al mar para rescatar a un monaguillo que estaba siendo arrastrado por el fuerte oleaje.
En el mismo hecho perdió la vida también el sacerdote ecuatoriano Pedro Anzoátegui, quien se sumó al intento de auxilio.
El menor logró sobrevivir.
El episodio ocurrió durante una jornada de retiro espiritual en la costa, en el marco de las actividades de preparación para la Semana Santa.
El grupo había llegado a Playas para compartir un encuentro religioso cuando, en medio de la jornada, uno de los monaguillos entró en una zona peligrosa del mar y comenzó a tener dificultades para salir.
Fue entonces cuando ambos sacerdotes reaccionaron sin vacilar.
Se lanzaron al agua para intentar poner a salvo al joven, pero la fuerza de la corriente terminó arrastrándolos mar adentro.
La escena dejó en shock a quienes estaban en el lugar.
La prioridad inmediata fue sacar con vida al monaguillo, y eso se consiguió.
Pero el desenlace para los dos sacerdotes fue devastador.
El padre Alfonso Avilés falleció en el mismo suceso y, horas después, también fue recuperado el cuerpo del padre Pedro Anzoátegui.
La noticia se extendió con rapidez por Guayaquil, Daule y otras comunidades católicas donde ambos eran ampliamente conocidos, provocando una ola de conmoción, dolor y homenajes espontáneos.

Alfonso Avilés no era un sacerdote de paso.
Había construido una relación profunda con su feligresía y llevaba nueve años de servicio en la parroquia San Alberto Magno, en La Aurora, dentro del cantón Daule.
Allí no solo era visto como párroco, sino como guía espiritual, consejero cercano y una figura decisiva en la vida de muchas familias.
Quienes acudieron a despedirlo no hablaron únicamente de un religioso, sino de un hombre que había levantado comunidad, formado jóvenes y acompañado procesos personales en silencio, con constancia y carácter.
Durante las misas celebradas en su memoria, el tono fue el de una despedida marcada por el dolor, pero también por una convicción compartida: su muerte fue el reflejo de la vida que llevó.
En uno de esos homenajes, el padre Lope Pascual resumió el sentimiento colectivo con una frase que estremeció a los presentes: “Los dos se jugaron la vida por salvar la vida de otros dos jóvenes”.
Esa idea se repitió una y otra vez entre fieles, compañeros y vecinos, como si todos intentaran encontrar sentido en medio de una pérdida tan brutal.
Las palabras de los feligreses retrataron además el perfil humano del sacerdote murciano.
“Él era el sinónimo de paz, de alguien que reconfortaba y que nunca te dejaba caer”, dijo una de las asistentes a la misa de cuerpo presente.
Otra fiel recordó que el padre Alfonso la ayudó a reencontrarse con su fe y a recomponer su relación familiar.
En cada testimonio aparecía la misma imagen: un hombre firme, cercano, con sentido del humor, profundamente comprometido con su vocación y con una forma de ejercer el sacerdocio desde la entrega concreta, no solo desde el discurso.
La Arquidiócesis de Guayaquil expresó su pesar por la tragedia y destacó la vocación sacerdotal de ambos religiosos.
En su mensaje de condolencias, la Iglesia agradeció la vida del padre Alfonso y mostró también su solidaridad con la comunidad golpeada por la muerte del padre Pedro Anzoátegui.
La dimensión del suceso no se limitó al ámbito eclesial.
También generó una fuerte reacción en sectores ciudadanos que vieron en lo ocurrido un acto extremo de valentía y de amor al prójimo.
En Daule, cientos de personas acudieron a la parroquia San Alberto Magno para darle el último adiós a Alfonso Avilés.
El féretro fue colocado en el centro del templo, rodeado de flores, mientras largas filas de fieles se acercaban entre lágrimas para despedirse.
Muchos llegaron vestidos de blanco y negro, otros lo hicieron en familia, y casi todos compartían la sensación de haber perdido a alguien irremplazable.
Después de las exequias, el cuerpo fue trasladado para su sepultura, en medio de una jornada marcada por la emoción contenida y el respeto.

La muerte de ambos sacerdotes dejó una huella inmediata en la Iglesia ecuatoriana, pero también una lección que ha resonado con fuerza en cada mensaje de despedida.
No murieron en un accidente cualquiera ni en una circunstancia pasiva.
Murieron al intentar salvar una vida.
En tiempos donde tantas figuras públicas son juzgadas por la distancia entre lo que dicen y lo que hacen, la historia de Alfonso Avilés y Pedro Anzoátegui cayó como una verdad desnuda y poderosa: predicaron el compromiso con el otro y lo llevaron hasta sus últimas consecuencias.
Por eso, en medio del luto, la imagen que permanece no es solo la de una tragedia en el mar de Playas.
Es también la de dos sacerdotes que, frente al peligro, no retrocedieron.
Uno había llegado desde Murcia y había echado raíces en Ecuador.
El otro pertenecía a la tierra que hoy lo llora.
Los dos terminaron unidos por un gesto final que transformó una jornada de retiro en una historia de sacrificio que ya forma parte de la memoria de sus comunidades.

News
Estela Núñez: La voz de cristal que sobrevivió a la sombra del éxito y las tragedias del corazón
Estela Núñez consolidó una de las trayectorias más elegantes de la balada mexicana tras superar el anonimato forzado en la…
Encuentros de leyenda: Las colaboraciones ocultas entre Ramón Valdés y Pedro Infante en la Época de Oro
Ramón Valdés, antes de alcanzar la fama mundial como Don Ramón, consolidó su carrera inicial en el Cine de Oro…
La bala que apagó una estrella: El fatídico final de Enrique Aguilar en la cúspide de su éxito
El actor Enrique Aguilar falleció trágicamente a los 36 años tras recibir un disparo accidental en el cuello mientras grababa…
Abel y Caín en el Cine de Oro: La oscura trama de poder y traición por la que David Reynoso encarceló a su hermano Bruno Rey
El influyente actor y líder sindical David Reynoso, conocido como “El Mayor”, utilizó todo su poder político y legal para…
La sombra del villano: El despiadado abandono y la doble vida de Víctor Parra frente al destino de Begoña Palacios
El legendario villano del Cine de Oro Víctor Parra ocultó una vida de bigamia y amenazó con desaparecer a su…
El legado de las sombras: La tragedia genética que unió a Rosa Elena Durgel y Rosita Pelayo
La actriz Rosita Pelayo heredó una letal sentencia genética de su madre, la diosa del Cine de Oro Rosa Elena…
End of content
No more pages to load





