El actor Enrique Aguilar falleció trágicamente a los 36 años tras recibir un disparo accidental en el cuello mientras grababa el programa piloto de la serie Reportero de turno en una residencia de la Colonia del Valle

La historia del cine y la televisión en México está repleta de momentos gloriosos, pero también de tragedias inexplicables que parecen sacadas del guion más oscuro de una película de suspenso.
Uno de los episodios más desgarradores y menos recordados por las nuevas generaciones es, sin duda, la muerte de Enrique Aguilar Bretón, un actor que a los 36 años lo tenía todo: porte, talento y un futuro que prometía consagrarlo como uno de los grandes protagonistas de la década de los 70.
Su fallecimiento no ocurrió por causas naturales ni en la soledad de su hogar, sino de manera estrepitosa, absurda y trágica en un set de filmación, dejando una herida abierta en el gremio artístico que tardó años en sanar.
Nacido en la Ciudad de México el 11 de enero de 1935, Enrique Aguilar no fue un improvisado en las artes.
Hijo de Domingo Aguilar Chávez y María de Lourdes Bretón, sintió el llamado de las tablas desde muy joven, formándose en la prestigiosa Academia de la Asociación Nacional de Actores (ANDA).
Su debut en 1957 sustituyendo a Carlos Navarro en la obra *Cada quien su vida* marcó el inicio de una carrera ascendente.
Aguilar poseía una versatilidad que le permitió navegar con éxito entre el cine de terror, como su magistral interpretación de un sacerdote escéptico en la joya cinematográfica *El escapulario* (1968), y el melodrama televisivo, participando en casi veinte telenovelas de gran calado como *El dolor de vivir* y *La familia*.

El 31 de enero de 1971 parecía ser un domingo de trabajo habitual para el galán, quien se encontraba en el mejor momento de su vida profesional.
Vestido con un saco sport a cuadros amarillos y conduciendo su flamante Javelin blanco, se dirigió a una residencia en la Colonia del Valle.
Allí se grabaría el programa piloto de la serie *Reportero de turno*, un proyecto que prometía ser su gran salto al estelarismo absoluto bajo la producción de Raúl Astor y Chela Castro.
Nadie en la producción podía imaginar que aquellos serían los últimos minutos de vida del actor.
La tragedia comenzó con una macabra ironía.
Al llegar al set, un miembro del equipo le entregó una pistola de utilería bromeando sobre que “tuviera cuidado porque estaba cargada”.
El comentario fue escuchado por la hija adolescente de la dueña de la casa, quien, con la naturalidad propia de la juventud, intervino para decir que los juguetes de utilería no le sorprendían, pues en su casa había una colección real de más de ochenta armas antiguas pertenecientes a sus hermanos.
Aguilar, quien era un reconocido coleccionista de antigüedades y figuras de elefantes, sintió una curiosidad genuina y aceptó la invitación de la joven para ver las piezas en otra habitación de la casa.

Fue en ese espacio privado donde el destino se ensañó con el actor.
Mientras observaban un viejo revólver Colt calibre .
38 que colgaba de la pared como un trofeo histórico, la adolescente tomó el arma.
Enrique se encontraba a menos de un metro de distancia.
En un movimiento brusco e inconsciente, mientras la joven intentaba alcanzar un polvorín decorativo, el gatillo fue accionado.
A diferencia de las armas de utilería del set, este revólver de colección estaba cargado y listo para disparar.
La detonación rompió el silencio de la residencia y la bala se incrustó directamente en el cuello del actor.
El estruendo, aunque escuchado por el director y compañeros como Marta Zavaleta, fue confundido inicialmente con ruidos propios de la producción.
Sin embargo, el grito de horror de la adolescente alertó a todos.
Enrique Aguilar cayó al suelo desangrándose ante la mirada atónita de sus colegas.
A pesar de la rápida intervención de los socorristas, el actor exhaló su último suspiro apenas unos instantes después de que llegara la ayuda médica.
La escena posterior fue devastadora: sus padres llegaron al lugar para encontrar el cuerpo inerte de su hijo, una imagen que provocó el colapso total de su madre y un luto nacional en la prensa de la época.
Gracias al testimonio de Marta Zavaleta, se determinó que se trató de un accidente fortuito y la joven no enfrentó cargos penales, pero la sombra del incidente persiguió a la producción por siempre.
Enrique Aguilar fue sepultado en el Panteón Jardín, y meses después, el programa *Siempre en domingo* le rindió un homenaje póstumo.
Su muerte a los 36 años sigue siendo un recordatorio brutal de la fragilidad de la vida y de cómo, en un segundo de imprudencia, se puede apagar la luz de una de las estrellas más brillantes del espectáculo mexicano.
News
Estela Núñez: La voz de cristal que sobrevivió a la sombra del éxito y las tragedias del corazón
Estela Núñez consolidó una de las trayectorias más elegantes de la balada mexicana tras superar el anonimato forzado en la…
Encuentros de leyenda: Las colaboraciones ocultas entre Ramón Valdés y Pedro Infante en la Época de Oro
Ramón Valdés, antes de alcanzar la fama mundial como Don Ramón, consolidó su carrera inicial en el Cine de Oro…
Abel y Caín en el Cine de Oro: La oscura trama de poder y traición por la que David Reynoso encarceló a su hermano Bruno Rey
El influyente actor y líder sindical David Reynoso, conocido como “El Mayor”, utilizó todo su poder político y legal para…
La sombra del villano: El despiadado abandono y la doble vida de Víctor Parra frente al destino de Begoña Palacios
El legendario villano del Cine de Oro Víctor Parra ocultó una vida de bigamia y amenazó con desaparecer a su…
El legado de las sombras: La tragedia genética que unió a Rosa Elena Durgel y Rosita Pelayo
La actriz Rosita Pelayo heredó una letal sentencia genética de su madre, la diosa del Cine de Oro Rosa Elena…
La joya oculta del saqueo: El origen presidencial y la fortuna prohibida de Katy Jurado
La leyenda del cine de oro Katy Jurado fue en realidad la hija ilegítima del expresidente mexicano Emilio Portes Gil,…
End of content
No more pages to load






