San Blas de Sebaste: La extraordinaria historia del médico y obispo que desafió al Imperio Romano - News

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San Blas de Sebaste: La extraordinaria historia del médico y obispo que desafió al Imperio Romano

Nacido alrededor del año 260 d. C. en Armenia, San Blas de Sebaste destacó desde joven como un médico dedicado a sanar gratuitamente a los más desfavorecidos antes de ser nombrado obispo en un contexto de intensa persecución romana

 

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En el año 316 d. C., bajo las frías temperaturas del invierno en Sebaste, Armenia, el obispo y médico Blas de Sebaste se convirtió en una de las figuras más emblemáticas del cristianismo primitivo tras enfrentar un proceso de juicio, tortura y ejecución ordenado por el gobernador romano Agrícola.

Nacido alrededor del año 260 d. C. en el seno de una familia de discretos creyentes, Blas destacó desde temprana edad por su inteligencia para el estudio de la medicina tradicional basándose en las doctrinas de Hipócrates y Galeno, así como por una notable vocación de servicio hacia los sectores empobrecidos y marginados.

Tras dedicarse durante años a atender de manera gratuita a los enfermos en los barrios más desfavorecidos de la región, fue aclamado por la comunidad cristiana local como obispo en medio de la sangrienta persecución impulsada por el emperador Diocleciano en el año 303 d. C. A pesar de sus dudas iniciales sobre su preparación teológica, aceptó la misión eclesial y, guiado por la comunidad, se refugió en el monte Argeo para mantener el liderazgo pastoral.

Durante su estancia en una gruta de la montaña, la tradición señala que convivió pacíficamente con la fauna silvestre y continuó celebrando los sacramentos en secreto para las pequeñas congregaciones que ascendían durante las noches.

En el año 316 d. C., la intensificación de las medidas contra los cristianos por mandato del emperador Licinio llevó al gobernador Agrícola a enviar tropas a las alturas del monte Argeo.

Al ser localizado, Blas no ofreció resistencia ante las fuerzas armadas y pronunció un sereno saludo a sus captores: “Bienvenidos, hermanos, me traéis una buena noticia”.

Durante su traslado en calidad de prisionero hacia las dependencias judiciales de Sebaste, ocurrieron hechos extraordinarios registrados por los cronistas de la época.

En primera instancia, intervino para que un lobo devolviera el único cerdo que le había arrebatado a una viuda local.

Posteriormente, al aproximarse a la ciudad, atendió a un niño de siete años que sufría un episodio de asfixia severa producido por una espina de pescado atascada en la garganta.

El obispo colocó sus manos encadenadas sobre el cuello del menor, realizó una breve oración e hizo la señal de la cruz, logrando que el niño expulsara el objeto punzante y salvara la vida.

 

Blas de Sebaste. Santo obispo y mártir. - Logroño Pasión

 

Al comparecer ante el pretorio, Agrícola intentó persuadirlo mediante promesas de honores e incluso el nombramiento de médico imperial a cambio de quemar incienso en honor a las divinidades romanas.

Blas rechazó tajantemente la propuesta declarando formalmente ante los escribas del tribunal que la fe no era algo que se pudiera entregar ni extraer del bolsillo, subrayando que los honores mundanos eran humo y vacío frente a la corona de la vida eterna prometida a los perseverantes.

Ante su negativa, el tribunal ordenó severas flagelaciones y el empleo de peines de hierro para desgarrar su piel.

Pese a la gravedad de los castigos, permaneció en oración manteniendo la templanza, y esa misma noche la viuda a la que había ayudado sobornó a los guardias para brindarle alimentos, ungüentos y dos velas encendidas.

A la mañana siguiente, ante la persistencia del prisionero, el gobernador dispuso que fuera arrojado a las aguas heladas de un lago a las afueras de la ciudad con grilletes en sus extremidades.

Según los testimonios recopilados de cientos de espectadores, el obispo se mantuvo erguido sobre la superficie del agua y lanzó un claro desafío a las tropas: “Si los dioses en cuyo nombre me estáis matando tienen realmente algún poder, que lo demuestren, que entren también en el agua”.

Un grupo de 70 soldados aceptó la provocación y saltó al lago helado, pero las aguas se cerraron sobre ellos y ninguno logró regresar a la superficie. Blas caminó pacíficamente hasta la orilla opuesta sin haber sido arrastrado por la corriente ni por las cadenas.

 

San Blas de Sebaste, obispo y mártir

 

Ante la imposibilidad de quebrar su postura, Agrícola dictó la sentencia definitiva de decapitación al amanecer del 3 de febrero del año 316 d. C. Dos jóvenes que habían sido instruidos por Blas durante su cautiverio solicitaron voluntariamente ser ejecutados junto a él.

En el lugar del patíbulo, con vistas a las cumbres del monte Argeo, el obispo elevó una última plegaria pidiendo por la salud física y espiritual de todas las personas que en el futuro invocaran su nombre ante alguna aflicción, especialmente por las enfermedades de la garganta.

Tras cumplirse la sentencia de muerte de los tres mártires, los cristianos de la zona recuperaron sus cuerpos al amparo de la noche, depositándolos en una tumba secreta junto a los peines de hierro utilizados en la tortura.

Con la posterior consolidación del cristianismo impulsada por el emperador Constantino, el culto a San Blas se propagó rápidamente desde Armenia hacia Constantinopla, Roma y diversas regiones del Mediterráneo.

Designado como uno de los catorce santos auxiliadores, su festividad cada 3 de febrero dio origen a la tradicional bendición de las gargantas mediante el cruce de dos velas encendidas, con la fórmula: “Por intercesión de San Blas, obispo y mártir, que Dios te libre de los males de la garganta y de cualquier otro mal”, un rito que conmemora la vida, milagros y testimonio de fe del médico armenio tras diecisiete siglos de historia.

 

San Blas de Sebaste: historia, rito y el santo de la garganta

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