Gregorio rompe la magia de su cita con Carmen en ‘First Dates’: una canción cargada de emoción termina convirtiéndose en el momento más incómodo de la noche
Sobre el papel, Gregorio y Carmen tenían muchas cosas en común. Pero faltó química y sinceridad por parte de él

No todas las historias que comienzan con ilusión consiguen transformarse en una segunda oportunidad. En la entrega de First Dates emitida el 23 de julio de 2026, Gregorio, un sevillano de 70 años, regresó al restaurante de Carlos Sobera dispuesto a encontrar de nuevo el amor.
Sin embargo, lo que sobre el papel parecía una cita con numerosas afinidades terminó evidenciando que compartir gustos y aficiones no siempre es suficiente cuando falta la química y la conexión emocional.
Gregorio, limpiador jubilado y apasionado del flamenco desde hace décadas, ya había participado anteriormente en el programa.
En aquella ocasión, una de las principales razones por las que la relación no prosperó fue que su acompañante no compartía su entusiasmo por este género musical.
Tres años después decidió volver con la esperanza de encontrar a una mujer que entendiera que el flamenco forma parte inseparable de su vida.
Nada más entrar en el restaurante dejó clara esa faceta de su personalidad. Lo hizo con la guitarra al hombro, el instrumento que considera su compañero inseparable y al que incluso define con cariño como “otra novia”.
Antes incluso de sentarse a cenar, recibió a su cita interpretando una canción en directo, un gesto que sorprendió gratamente a Carmen.
La protagonista de la velada era Carmen, una sevillana de 66 años que destacó desde el primer momento por su carácter alegre, su elegancia y su actitud positiva ante la vida. La música rompió el hielo de inmediato y provocó una reacción muy favorable.
“No me lo esperaba y me encanta. Además, toca divinamente”, confesó Carmen durante la entrevista realizada por el programa, visiblemente emocionada por el detalle.
La sorpresa no terminó ahí. Cuando ambos comenzaron a conversar, Gregorio descubrió que su cita también se llamaba Carmen, un nombre especialmente significativo en su vida.
Así se llamaban su hija, su difunta esposa y dos antiguas parejas sentimentales. La coincidencia le dejó completamente desconcertado.
“Me he quedado… Fíjate, qué coincidencia”, comentó mientras compartía la curiosa casualidad con su acompañante.
Durante los primeros minutos, la conversación fluyó con naturalidad. Ambos coincidieron en que querían disfrutar intensamente de esta etapa de sus vidas y reconocieron compartir varias aficiones, especialmente el gusto por viajar.
Fue precisamente ese tema el que dio lugar a uno de los momentos más divertidos de la noche. Carmen quiso preguntarle si le gustaban los cruceros, pero Gregorio entendió “pucheros”.
Convencido de que hablaban de comida, respondió con total seguridad que las lentejas no eran precisamente uno de sus platos favoritos.
La confusión obligó a Carmen a repetir varias veces la pregunta hasta que finalmente él comprendió que se refería a los viajes en barco, provocando las risas de ambos.
La conversación permitió además conocer un aspecto muy personal de Carmen.
La sevillana explicó que había realizado dos cruceros junto a su difunto marido y reconoció que no disfrutaba de ese tipo de viajes cuando debía hacerlos sola. Su comentario escondía una invitación implícita para imaginar futuras experiencias juntos.

“Sola no me gusta viajar”, comentó con la esperanza de encontrar una respuesta que mostrara interés por parte de Gregorio.
Sin embargo, él no recogió la indirecta. No propuso acompañarla en un futuro ni aprovechó la ocasión para acercarse emocionalmente a ella. Esa falta de iniciativa comenzó a generar cierta decepción en Carmen.
“No me ha dicho siquiera: ‘¿Tú me acompañarías?'”, lamentó posteriormente ante las cámaras del programa.
A medida que avanzaba la cena, la distancia emocional entre ambos se hizo cada vez más evidente. Carmen intentó crear un ambiente más cercano proponiendo un brindis y buscando pequeños gestos de complicidad.
No obstante, percibió que Gregorio respondía siempre de manera correcta pero distante, sin apenas muestras de afecto.
“De cariñoso no tiene nada, y yo tengo mucho que dar si la persona me lo da a mí”, reconoció durante su valoración de la cita.
Mientras Carmen seguía intentando construir una conexión sentimental, Gregorio ya había llegado internamente a una conclusión diferente.
Aunque valoraba la conversación y el buen ambiente, admitió ante las cámaras que no había surgido la atracción necesaria porque Carmen no encajaba dentro de su prototipo de mujer.
Aun así, evitó expresar directamente sus verdaderos sentimientos durante la cena. Prefirió responder con evasivas y refugiarse constantemente en su gran pasión: la música y el flamenco.
El momento más emotivo de la velada llegó cuando ambos accedieron al reservado del restaurante. Allí, Gregorio volvió a coger la guitarra para dedicarle una interpretación especialmente íntima. Carmen quedó profundamente conmovida por el gesto.
“Incluso me ha emocionado un poquito porque no me lo esperaba”, confesó con sinceridad.
Sin embargo, la emoción apenas duró unos segundos. Nada más terminar la interpretación, Gregorio explicó que aquella misma canción solía dedicársela a su difunta esposa, un comentario que transformó completamente el significado del momento.
La reacción de Carmen fue inmediata. Lo que hasta ese instante había vivido como un detalle romántico pasó a convertirse en un gesto incómodo que interpretó como una comparación inevitable con la mujer que había marcado la vida de Gregorio.
“No me ha gustado que me esté cantando la canción y de repente mencione a la mujer”, reconoció después, admitiendo que ese comentario rompió toda la magia creada por la interpretación.
El episodio terminó de confirmar las sensaciones que ambos habían ido acumulando durante la cena.
Carmen entendió definitivamente que Gregorio no estaba emocionalmente implicado en la cita, mientras que él confirmó que no había encontrado la conexión sentimental que buscaba.
Llegado el momento de la decisión final, ninguno de los dos sorprendió con su respuesta.
Gregorio explicó con respeto que no había sentido el “feeling” necesario para iniciar una relación, mientras que Carmen coincidió en que tampoco deseaba una segunda cita, convencida de que entre ambos no existía la complicidad imprescindible para construir una historia juntos.
Aunque la velada dejó momentos divertidos, anécdotas entrañables y una actuación musical que parecía destinada a convertirse en el instante más romántico de la noche, la falta de iniciativa afectiva de Gregorio y la inesperada referencia a su difunta esposa acabaron enfriando definitivamente una cita que había comenzado con muy buenas expectativas.
Una vez más, First Dates demostró que compartir aficiones, ciudad de origen o incluso una sensibilidad común no garantiza el nacimiento del amor cuando las emociones no avanzan en la misma dirección.