Hernán Casciari y la inolvidable metáfora del “hombre perro”: el homenaje literario que inmortalizó la esencia futbolística de Lionel Messi - News

Hernán Casciari y la inolvidable metáfora del “hom...

Hernán Casciari y la inolvidable metáfora del “hombre perro”: el homenaje literario que inmortalizó la esencia futbolística de Lionel Messi

El escritor argentino utilizó el recuerdo de su perro Totín para explicar la obsesión de Messi por el balón y su manera de resistir las faltas sin dejar de jugar

 

Leo Messi

 

Pocas veces una descripción literaria ha conseguido explicar con tanta precisión la forma de jugar de Lionel Messi como lo hizo el escritor argentino Hernán Casciari.

En junio de 2012, cuando el rosarino atravesaba uno de los momentos más extraordinarios de su carrera con el FC Barcelona, Casciari publicó un texto que con el paso de los años se convertiría en una de las reflexiones más célebres jamás escritas sobre el ocho veces Balón de Oro.

Su definición sorprendió por la contundencia de la frase: “Messi es un perro. Es una enfermedad rara que me emociona, porque yo amaba a Totín y ahora él es el último hombre perro”.

Lejos de cualquier intención despectiva, aquella comparación pretendía expresar la pureza con la que Messi entendía el fútbol.

Para Casciari, el capitán argentino poseía una relación casi instintiva con el balón, semejante a la obsesión absoluta que un perro desarrolla por su juguete favorito.

Esa conexión, según el escritor, explicaba por qué el delantero parecía ajeno a todo lo que ocurría a su alrededor cuando iniciaba una jugada.

El texto nació en un momento irrepetible de la carrera del futbolista.

Apenas unos días antes, Messi había firmado una semana prodigiosa: marcó tres goles con la selección argentina en un amistoso frente a Suiza, anotó cinco tantos contra el Bayer Leverkusen en la Liga de Campeones —convirtiéndose en el primer jugador en lograr esa cifra en un partido de la máxima competición europea moderna— y añadió otros dos goles en la Liga española.

Diez tantos en apenas tres encuentros disputados en tres competiciones diferentes, una exhibición que reforzaba la sensación de que el fútbol asistía al mejor momento del astro argentino.

 

Messi

 

Sin embargo, Casciari explicó que no fueron esos goles los que despertaron su inspiración.

Lo que realmente le impresionó fue un vídeo recopilatorio centrado exclusivamente en las faltas que recibía Messi durante los partidos.

En aquellas imágenes observó cómo el argentino era derribado, empujado, sujetado por la camiseta, golpeado en los tobillos o desequilibrado constantemente por sus rivales.

Pese a ello, casi nunca buscaba la caída deliberada ni interrumpía la acción para reclamar al árbitro.

Su reacción era siempre la misma: recuperar el equilibrio y continuar avanzando con la pelota.

“Le pegan en los talones: trastabilla y sigue. Lo agarran de la camiseta: se revuelve, zafa y sigue”, escribió Casciari para describir esa perseverancia casi irracional.

En su opinión, Messi no parecía interesado en obtener una falta, provocar una tarjeta amarilla, forzar una expulsión o conseguir un penalti.

Su única preocupación consistía en conservar el balón y acercarlo a la portería rival.

Fue entonces cuando el escritor recordó a Totín, el perro que había acompañado su infancia.

Según relató, el animal mostraba una sorprendente indiferencia ante cualquier estímulo cotidiano.

No reaccionaba al timbre de la puerta, a los ruidos de la calle, a los desconocidos ni siquiera a la presencia de posibles intrusos.

Todo cambiaba, sin embargo, cuando alguien levantaba una sencilla esponja amarilla de cocina.

En ese instante, Totín fijaba toda su atención en aquel objeto y el resto del mundo desaparecía.

 

Messi

 

Casciari encontró en esa imagen la mejor explicación posible para describir el comportamiento de Messi sobre el césped.

Del mismo modo que su perro solo veía la esponja, el futbolista parecía incapaz de apartar la mirada del balón.

Los golpes, el marcador, los rivales, la presión ambiental o las decisiones arbitrales quedaban relegados a un segundo plano frente a un único objetivo: seguir conduciendo la pelota hasta la portería.

“La enfermedad” de la que hablaba el escritor no hacía referencia a ningún problema real, sino a una obsesión maravillosa por jugar al fútbol.

“Lionel Messi es un enfermo”, escribió, aclarando inmediatamente el sentido emocional de sus palabras.

Para él, el argentino sufría una especie de impulso imposible de controlar: la necesidad permanente de proteger el balón y llevarlo hasta el fondo de la red.

La metáfora también servía como una crítica al fútbol moderno.

Casciari lamentaba que el deporte hubiera evolucionado hacia un escenario dominado por las protestas, las simulaciones, las pérdidas deliberadas de tiempo, las apelaciones constantes al árbitro y la búsqueda de ventajas reglamentarias.

Frente a ese contexto, veía en Messi una excepción casi primitiva, un futbolista que seguía jugando movido únicamente por el placer de avanzar con la pelota.

En el relato también recuperó una célebre frase pronunciada por Pep Guardiola después de que Messi marcara cinco goles al Bayer Leverkusen.

“El día que él quiera hará seis”, dijo entonces el técnico catalán.

Casciari interpretó aquella afirmación como la mejor demostración de que el delantero nunca estaba satisfecho, porque su auténtica motivación no consistía en acumular estadísticas, sino en continuar jugando como si cada acción fuera la primera.

 

Leo Messi

 

Aquella visión convirtió su ensayo en uno de los homenajes literarios más influyentes dedicados al capitán argentino.

Con el paso del tiempo, la expresión “el hombre perro” pasó a formar parte del imaginario futbolístico y fue recuperada en numerosas ocasiones para explicar la personalidad competitiva de Messi.

Más de una década después, el propio desarrollo de su carrera ha mostrado una evolución natural.

Con la experiencia acumulada, el argentino también ha aprendido a gestionar otros aspectos del juego, incluidos los diálogos con los árbitros y la presión competitiva.

Durante la final del Mundial de 2026 frente a España, por ejemplo, protagonizó una protesta al reclamar una posible expulsión de Marc Cucurella en un momento de máxima tensión, una escena que contrastaba con la imagen descrita por Casciari en 2012.

No obstante, aquel episodio no altera el sentido profundo de la metáfora.

El escritor nunca pretendió afirmar que Messi ignorara por completo el contexto competitivo, sino destacar que, cuando el balón echaba a rodar, su prioridad absoluta seguía siendo jugar.

Incluso después de recibir innumerables faltas, su instinto natural continuaba siendo levantarse antes que detener el partido.

El texto concluía con una imagen cargada de nostalgia.

Casciari imaginaba un futuro en el que aficionados de distintas generaciones presumieran de haber visto jugar a Pelé, Johan Cruyff, Diego Armando Maradona o Alfredo Di Stéfano.

Cuando todos hubieran terminado de hablar, él se levantaría para decir una única frase: “Yo vivía en Barcelona en los tiempos del hombre perro”.

Con el paso de los años, aquella sentencia ha adquirido un significado aún mayor.

Más que una simple comparación, el “hombre perro” se convirtió en una poderosa metáfora de la esencia futbolística de Lionel Messi: un jugador cuya relación con el balón trascendía la técnica y el talento para convertirse en un instinto casi animal, una pasión absoluta que marcó una época irrepetible y que seguirá ocupando un lugar privilegiado en la historia del deporte mundial.

 

Messi

Related Articles