Tener a unos padres tan famosos como Ana Belén y Víctor Manuel no ha sido fácil; sin embargo, estos facilitaron al máximo la tarea a sus hijos

Hasta que no fueron mayores de edad, absolutamente nadie en España conocía los rostros de Marina y David.
Aquello fue una jugada maestra por parte de sus padres, Víctor Manuel y Ana Belén, pioneros a la hora de detectar los peligros de exponer a los menores.
Y eso que, en los años 70 y 80, cuando ellos criaron a sus hijos, no existía el término ‘sharenting’, tan de moda últimamente, pero ambos cantantes ya barruntaron que posar con sus hijos, volverlos el centro de la conversación y mostrarlos en incontables posados no era sano para los pequeños.
De este modo, y salvo contadísimas excepciones, el público sabía que el matrimonio tenía dos hijos, pero absolutamente nadie conocía sus caras.
Si Marina era una copia de mamá (lo es) o si David había heredado las facciones de papá.
Padres normales a los que saludaba todo el mundo
Crecer con dos padres tan célebres no es fácil.
De niños, ellos lo tenían normalizado.
No reparaban en la condición de personas populares de sus progenitores hasta que alguien no se acercaba a hablarles.
“Para mí eran mis padres, punto. Solo me daba cuenta de que eran distintos cuando íbamos por la calle y todo el mundo los saludaba”, ha contado Marina en alguna entrevista.

Era entonces cuando estos caían en que el resto de padres no daban conciertos, no hacían películas y tampoco grababan discos.
Fue así como los pequeños San José Cuesta fueron comprendiendo que lo suyo era una verdadera excepcionalidad.
Y no se imaginaban ellos cuánto.
Porque eran excepcionales en todos los sentidos.
No solo por la profesión de sus padres, sino también por la manera en la que estos gestionaban la fama.
Antes hablábamos de que Ana Belén hizo contadas excepciones a la hora de mostrar a sus hijos.
Pues bien, una de ellas fue con la revista Lecturas.
Ana Belén posó con su hijo para la revista Lecturas
En 1976, cuando su primer hijo David apenas tenía unos meses, la madrileña nos dedicó un posado y una entrevista en la que habló sobre su faceta como madre.
En las imágenes que acompañaban al reportaje, Ana Belén dejaba aflorar sus maneras más tiernas junto al bebé regordete que no se separaba de su chupete.

“Mi hijo es como un juguete, me gustaría estar todo el día embobada mirándolo, pero esto, claro, es ilógico”, confesaba en la entrevista, en la que ya hablaba de cómo le gustaría educarle.
“Me gustaría educarlo muy libre, con todos los problemas que eso trae.
Es decir, lo que no me gustaría es que solo viera el lado bueno de las cosas y que de mayor tuviese un choque porque en la calle las cosas son de otro modo.
Lo que sí me gustaría es que mi hijo fuera un niño autónomo y que hiciera lo que quisiera en cada momento, sin ninguna inhibición a raíz de problemas religiosos y moralistas como los que nosotros hemos tenido de pequeños”.
Esto fue una verdadera raya en el agua.
Porque, aunque Ana Belén y Víctor Manuel han podido hablar más o menos sobre la familia que habían formado, nunca alardeaban de esta con posados continuos.
Y esto, que hoy día parece una obviedad, en la prensa de los años 80 era una singularidad.
Los años de máxima exposición
Aquellos fueron los años en los que los famosos estaban tan orgullosos de las vidas privadas que habían construido que nos las mostraban semana a semana a través de las páginas de las revistas de corazón.
Cuando no eran sus nuevas casas, eran un posado con el último cumpleaños de su mayor, y si no con la comunión de su pequeño.
Así, número tras número.

Sin embargo, hubo un grupo de personalidades del arte y de la cultura que se quedaron al margen de esta clase de reportajes.
Con Ana Belén y Víctor Manuel a la cabeza, otros de su grupo de amistades como Joaquín Sabina, Miguel Ríos o Joan Manuel Serrat decidieron hacer lo mismo.
Entendieron que los que tenían el oficio público eran ellos y no sus familias.
Jamás negociaron con esto.
Y esto se tradujo en un respeto férreo de este lado de sus vidas por parte de la prensa.
De ahí que, durante años, nadie supiera cómo eran los cachorros de esta progresía artística.
Unos hijos detrás de los pasos de sus padres
La cosa cambió cuando los hijos se hicieron mayores y ellos, de motu proprio, tomaron la decisión de adquirir trabajos en los que debían exponerse.
Mientras que David, tras un breve coqueteo con la carrera de Informática, optó por aprovechar sus aptitudes para la música, formándose de manera profesional.
Desde entonces, trabaja como compositor y arreglista para diversos artistas, entre ellos, ambos de sus progenitores.
Marina San José se decantó por el lado más teatral de la familia.
Ella ha heredado de Ana Belén su facilidad para meterse en personajes y estar en escena.
De pequeña, en ocasiones la acompañaba a sus trabajos en el teatro, por lo que ha crecido entre camerinos y telones.
Todo este universo fascinó de manera muy temprana a la joven que, a diferencia de su hermano, siempre tuvo claro hacia dónde iba a encaminar sus pasos laborales.
Ana Belén y Víctor Manuel enseñaron bien a sus hijos, pues ahora son estos quienes ponen en práctica todo lo que aprendieron de pequeños casi sin darse cuenta.
No hay fotos de los hijos de David, apenas conocemos detalles de su vida privada y pueden disfrutar del mismo anonimato con el que ellos crecieron.
Sus abuelos les dejan una herencia de libertad y de privacidad.
Ahí es nada.

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