La siembra del bien y la paciencia divina: Monseñor Fabio Colindres reflexiona sobre el misterio del mal en la homilía del XVI Domingo del Tiempo Ordinario - News

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La siembra del bien y la paciencia divina: Monseñor Fabio Colindres reflexiona sobre el misterio del mal en la homilía del XVI Domingo del Tiempo Ordinario

Obispo de la Diócesis de San Miguel, Monseñor Fabio Colindres, presidió la misa del XVI Domingo del Tiempo Ordinario en la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Paz ante cientos de fieles, religiosos y la comunidad de personas sordas

 

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En una emotiva y profunda celebración litúrgica correspondiente al decimosexto domingo del tiempo ordinario, la Catedral Basílica Nuestra Señora de la Paz acogió a cientos de fieles, comunidades religiosas, seminaristas, el coro litúrgico polifónico y la comunidad de personas sordas para reflexionar sobre una de las enseñanzas más incisivas del Evangelio según San Mateo: la parábola de la cizaña y el trigo.

La misa, presidida por el obispo de la Diócesis de San Miguel, Monseñor Fabio Reynaldo Colindres Lornas, se convirtió en un espacio de consuelo pastoral y de firme llamado a la conversión interior ante las complejidades y dolores del mundo contemporáneo.

Durante la proclamación de las sagradas escrituras, el prelado abordó las tres parábolas evangélicas presentadas en el texto bíblico —el grano de mostaza, la levadura y la cizaña en el campo— centrando el eje de su predicación en la constante batalla entre el bien y el mal que experimenta el ser humano.

Con un lenguaje cercano y visceral, Monseñor Colindres desglosó el significado del pasaje bíblico para conectarlo directamente con las heridas cotidianas de las familias salvadoreñas, abordando la violencia intrafamiliar, el distanciamiento de los jóvenes respecto a la fe, las infidelidades matrimoniales, las adicciones al alcohol o las drogas, e incluso las flaquezas y divisiones que afectan a los miembros de la vida consagrada y sacerdotal.

 

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“El sufrimiento de un matrimonio, el dolor de una familia o la angustia en el corazón de un joven no vienen de Dios”, enfatizó el obispo durante la homilía.

Explicó que la cizaña representa las fuerzas del mal y la acción del enemigo que busca sembrar división y desesperanza en la vida cotidiana.

Sin embargo, hizo hincapié en que las personas que obran mal no deben considerarse irredimibles, sino seres humanos que se han convertido en instrumentos del mal y que conservan intacta la oportunidad de retornar al camino de la verdad y la justicia.

Uno de los puntos clave del mensaje episcopal fue la interpretación de la paciencia divina.

Ante la interrogante humana de por qué Dios no destruye de inmediato a quienes causan daño y sufrimiento en la sociedad, Monseñor Colindres recordó que la tolerancia del creador es una manifestación de su infinita misericordia.

Dios otorga tiempo a cada individuo para rectificar y transformarse, evitando así la eliminación apresurada que podría dañar el trigo bueno.

Esta paciencia, lejos de ser indiferencia, representa la oportunidad de salvación que se renueva cada día.

 

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Asimismo, la homilía incluyó una advertencia franca sobre el peligro de la autosuficiencia espiritual.

El prelado instó a la comunidad a no juzgar a los demás como la única “cizaña” de la sociedad, invitando a cada creyente a reconocer sus propias fallas, la falta de caridad hacia los marginados y la necesidad imperiosa de corrección personal.

En un tono fraternal, recordó que tanto los laicos como los sacerdotes y obispos llevan en sí mismos la lucha entre la buena y la mala semilla, por lo que el trabajo de conversión es permanente y colectivo.

Aprovechando la coincidencia del día con un acontecimiento deportivo de gran convocatoria popular, el obispo hizo un llamado a la unidad comunitaria, recordando que los encuentros recreativos deben ser motivo de fraternidad y no de odio o discordia.

Tras invitar a la congregación a poner sus intenciones y debilidades en el altar durante la presentación del pan y del vino, la ceremonia continuó con la solemne profesión de fe y la oración universal por las necesidades de la Iglesia, las autoridades eclesiásticas, los perseguidos y la conversión de quienes hacen el mal, consolidando una jornada de profunda renovación espiritual para la comunidad migueleña.

 

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