¡España a la final del Mundial! La Roja humilla a la Francia de Mbappé y desata la tormenta en el chiringuito madridista
España se clasificó a la final del Mundial tras golear y eliminar con total superioridad a la Francia de Kylian Mbappé y Michael Olise

La selección española de fútbol ha vuelto a hacer historia y se ha clasificado para la gran final de la Copa del Mundo tras pasar por encima, con una superioridad verdaderamente aplastante, de la todopoderosa selección de Francia.
El combinado dirigido por Luis de la Fuente firmó una auténtica exhibición sobre el terreno de juego, anulando por completo a las estrellas galas y provocando un auténtico terremoto en los sectores más recalcitrantes de la prensa deportiva que apostaban por el fracaso español.
Las reacciones tras el pitido final no se hicieron esperar, y el naufragio de Kylian Mbappé y Michael Olise ha dejado retratados a tertulianos que, como Edu Aguirre y Juanma Rodríguez, parecen sufrir enormemente con las alegrías de la delegación nacional.
Desde el primer minuto del encuentro, el guion sobre el césped fue radicalmente opuesto al que vaticinaban los analistas de la corriente madridista, quienes insistían de forma casi enfermiza en que España no llegaría a ningún lado dependiendo de los jóvenes talentos del Fútbol Club Barcelona.
La realidad fue una bofetada sin paliativos: España mostró una versión extremadamente superior.
La zaga española, liderada por un Pau Cubarsí extraordinario y absolutamente imperial, secó por completo a Kylian Mbappé.
El flamante delantero del Real Madrid volvió a completar un partido para el olvido, sumando una nueva desaparición en citas trascendentales que se añade a sus grises actuaciones en la Liga, las Supercopas, la Nations League y la pasada Eurocopa.
El “dictador”, como ya le apodan irónicamente los aficionados debido a su estatus intocable, se vio completamente maniatado por la zaga ibérica.
El partido se rompió definitivamente gracias a la desfachatez y el desborde de Lamine Yamal.
El joven extremo barcelonista fue una pesadilla constante para la defensa francesa, llegando a sufrir la anulación de un gol por una cuestión de milímetros —un hombro adelantado que los aficionados rivales celebraron como un título—, pero no se amilanó.
En una jugada antológica, desbordó a su marca y provocó un penalti incontestable que desató los nervios en el banquillo francés.
La responsabilidad desde los once metros la asumió Mikel Oyarzábal.
Con una sangre fría envidiable, el delantero vasco cogió la pelota sin importarle la tremenda presión del momento y la mandó al fondo de la red, consolidándose como el auténtico pichichi y desmintiendo a todos aquellos detractores que aseguraban que con él en punta era imposible aspirar a ganar absolutamente nada.
Mientras España bordaba el fútbol al son de los “olés” que bajaban de la grada, las miradas se centraban en los rostros de la frustración.
El reflejo del alma de la derrota francesa se personificó en la figura de Edu Aguirre.
El tertuliano, conocido por sus filias blancas y su defensa a ultranza de Mbappé y Olise, se estaba resquebrajando en directo.
La realización del programa captó unas caras espectaculares que no mentían: un poema de absoluta tristeza y desconcierto ante la debacle de sus protegidos.
Resulta verdaderamente llamativo cómo estos personajes intentan ahora atribuirse las medallas de la identidad española y sumarse a las celebraciones cuando, hace apenas dos telediarios, se lamentaban visiblemente y sufrían con el agónico gol de Mikel Merino frente a Portugal.
La hipocresía flotaba en el ambiente mientras las redes se inundaban de preguntas incómodas: ¿Dónde está Kiki Mbappé? ¿Dónde andará Michael Olise?
La superioridad de la Roja no fue una cuestión de suerte, sino el resultado de un engranaje perfecto donde todos los futbolistas van a una, sin importar las rivalidades de club.
El bloque defensivo funcionó a la perfección, encajando un solo gol en todo el torneo, respaldado por la seguridad de Unai Simón y el despliegue espectacular de Pedro Porro y Marc Cucurella, dos auténticos puñales por las bandas que causaron estragos.
En la sala de máquinas, Fabián Ruiz se ha asentado de forma extraordinaria junto a un excelso Rodri Hernández.
El despliegue físico y táctico de Fabián le ha ganado la partida a la titularidad, dejando a Pedri como un sustituto de auténtico lujo que aporta magia y frescura en las segundas mitades, demostrando que en este grupo no hay egos, sino compañeros dispuestos a vaciarse en el campo.
Por delante, Dani Olmo volvió a frotar la lámpara como el artista creativo del equipo, complementado a la perfección por la calma y el temple táctico que ofrece Álex Baena en la circulación del balón.
El fútbol español vive una fiesta absoluta y el próximo domingo buscará añadir otra estrella dorada en el pecho, disputando una nueva final de la Copa del Mundo.
Nadie daba un duro por esta selección al principio del camino, pero la confianza ciega del grupo en sus propias capacidades ha silenciado las críticas de los diarios más afines a la capital, que ahora se muestran completamente hundidos ante la falta de protagonismo de sus figuras mediáticas.
La lección de fútbol, valentía y unión de esta España pasará a la historia, mientras Francia regresa a casa sumida en un mar de dudas sobre el verdadero liderazgo de un Mbappé que sigue sin aparecer cuando las papas queman en los escenarios más imponentes del planeta.
