Los cuatro errores matutinos más comunes que disparan el riesgo de sufrir un infarto o un derrame cerebral al despertar - News

Los cuatro errores matutinos más comunes que dispa...

Los cuatro errores matutinos más comunes que disparan el riesgo de sufrir un infarto o un derrame cerebral al despertar

Las primeras tres horas del día representan el período de mayor vulnerabilidad cardiovascular debido a la brusca transición fisiológica que eleva de forma natural la presión arterial, acelera el ritmo cardíaco y aumenta la densidad de la sangre al despertar

 

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Las primeras tres horas del día representan el período más crítico para el sistema cardiovascular humano.

Según datos clínicos de la comunidad médica, la gran mayoría de los ataques cardíacos y accidentes vasculares cerebrales (AVC) se concentran precisamente en este intervalo matutino.

Al despertar, el organismo realiza una transición abrupta de un estado de relajación y economía de energía —donde disminuyen la presión arterial y la frecuencia cardíaca— a un modo de alerta fisiológica.

Este despertar metabólico eleva de forma repentina la presión arterial, acelera el ritmo cardíaco y aumenta la viscosidad sanguínea; un proceso natural que el cuerpo suele gestionar con éxito, pero que se convierte en una trampa mortal cuando se le suman ciertos hábitos automáticos que millones de personas repiten a diario sin sospechar el peligro al que exponen su salud.

El primer error crítico de la rutina diaria es levantarse de la cama de forma repentina inmediatamente después de escuchar la alarma.

Al ponerse de pie en cuestión de segundos, el cuerpo se ve obligado a adaptarse a la gravedad de manera instantánea, lo que provoca que la sangre descienda rápidamente hacia las piernas.

Para compensar este desajuste, el corazón trabaja con mayor intensidad, desencadenando picos drásticos de presión arterial que resultan especialmente peligrosos a partir de los 60 años, edad en la que las arterias presentan mayor rigidez y la capacidad de adaptación cardiovascular es más lenta.

Las fluctuaciones bruscas de presión matutina son incluso más peligrosas que mantener una presión arterial elevada de forma constante.

La presencia de mareos, inestabilidad o visión borrosa al ponerse de pie de golpe constituye una señal de alerta de que el sistema circulatorio no logra adaptarse a la transición, por lo que los especialistas aconsejan permanecer sentado al borde de la cama entre uno y dos minutos, realizar movimientos circulares con los pies, estirar las piernas y hacer de cuatro a cinco respiraciones profundas antes de levantarse definitivamente.

 

El hábito al despertar que dispara la presión arterial, según expertos -  Infobae

 

El segundo hábito de alto riesgo es el consumo de café o té fuerte con el estómago completamente vacío.

Durante las primeras horas de la mañana, los niveles de cortisol, conocida como la hormona del estrés, se encuentran en su pico natural más alto para facilitar el despertar.

Introducir cafeína en ayunas acelera la absorción de esta sustancia estimulante de forma extrema, lo que altera el sistema nervioso, eleva la frecuencia cardíaca y provoca picos de presión arterial adicionales.

Aunque el café es una bebida sumamente saludable y protectora a largo plazo gracias a su alto contenido de antioxidantes —siendo seguro y beneficioso el consumo de dos a tres tazas al día—, el peligro radica estrictamente en consumirlo sin alimentos previos.

Para proteger el corazón, la pauta médica correcta consiste en beber entre 250 y 300 mililitros de agua al despertar, esperar de 20 a 30 minutos y, posteriormente, disfrutar del café siempre acompañado de algún alimento sólido como un plátano, un puñado de almendras, una rebanada de pan integral con aguacate o un poco de yogur natural.

El tercer factor de peligro cardiovascular en las primeras horas del día es ducharse con agua a temperaturas extremas, ya sea demasiado caliente o excesivamente fría.

Tras el despertar, el estado de alerta natural del sistema circulatorio reacciona de manera adversa ante los cambios térmicos bruscos.

Una ducha con agua muy caliente dilata los vasos sanguíneos de forma súbita, provocando una caída drástica de la presión arterial que obliga al corazón a latir con mayor velocidad para compensar el déficit; esto reduce el flujo de sangre hacia el cerebro y el propio músculo cardíaco, elevando el riesgo de isquemia.

Por el contrario, el agua muy fría genera una vasoconstricción inmediata, disparando la presión arterial a niveles severos y sometiendo al corazón a una sobrecarga extrema de presión.

Los síntomas de mareo, palpitaciones o presión en el pecho al salir del baño son indicadores directos de este estrés térmico.

Para evitarlo, la temperatura ideal de la ducha matutina debe ser templada, manteniéndose entre los 36°C y los 38°C —similar a la temperatura corporal—, y cualquier variación hacia agua más fría debe realizarse de forma gradual al finalizar el baño.

 

Café o agua al despertar: cuál es mejor consumir para controlar el azúcar  en sangre | La Nación

 

El cuarto error, y uno de los más extendidos y silenciosos, es no beber agua inmediatamente al despertar.

Pasar entre seis y ocho horas de sueño sin ingerir líquidos, sumado a la pérdida de agua a través de la respiración y el sudor, sitúa al organismo en un estado de deshidratación matutina.

Cuando el torrente sanguíneo carece de suficiente agua, se vuelve espeso, denso y pegajoso, dificultando su libre circulación y multiplicando el riesgo de formación de coágulos y trombos que obstruyen las arterias.

Esta viscosidad sanguínea actúa como un aceite pesado en un motor que ya trabaja bajo máxima presión debido al incremento natural de la presión y el cortisol matutinos.

Dado que el mecanismo de la sed se debilita progresivamente con el envejecimiento, muchas personas de edad avanzada sufren deshidratación severa sin llegar a percibirla.

La solución consiste en ingerir un vaso de agua de 250 a 300 mililitros justo al salir de la cama —pudiendo añadir unas gotas de limón o romero— y mantener una hidratación constante de uno o dos vasos cada dos horas durante el día, concentrando la mayor ingesta de agua antes de las 17:00 o 18:00 horas para evitar interrupciones en el sueño nocturno por la necesidad de orinar.

La adopción de estos sencillos cambios en la rutina del despertar no requiere de grandes esfuerzos y disminuye drásticamente la probabilidad de sufrir eventos cardiovasculares agudos, devolviendo al organismo la capacidad de iniciar el día con un flujo sanguíneo óptimo, arterias elásticas y un corazón protegido desde el primer minuto.

 

Agua fría o caliente para bañarse? Expertos responden | Ciencia y medio  ambiente | Caracol Radio

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