El mapa genético del grupo sanguíneo O Positivo: Un legado de supervivencia inscrito en el ADN humano - News

El mapa genético del grupo sanguíneo O Positivo: U...

El mapa genético del grupo sanguíneo O Positivo: Un legado de supervivencia inscrito en el ADN humano

Los análisis de ADN antiguo revelan que el grupo sanguíneo O positivo emergió hace más de 20 millones de años como la arquitectura molecular fundacional de los primates y se consolidó en la especie humana tras su migración fuera de África

Video thumbnail

La clasificación del grupo sanguíneo O positivo, lejos de ser una simple etiqueta administrativa en los formularios médicos, constituye un registro biológico de las presiones adaptativas que enfrentaron los antepasados de la especie humana.

El sistema de grupos sanguíneos ABO no es una invención de la medicina moderna, sino una arquitectura molecular antigua que evolucionó hace al menos 20 millones de años en un ancestro común entre los humanos y otros primates.

Dentro de este esquema, el tipo O es reconocido como el modelo fundacional a partir del cual se desarrollaron las mutaciones posteriores A y B.

A nivel molecular, las células sanguíneas tipo O se caracterizan por carecer de los antígenos A y B, conservando únicamente la capa base conocida como el antígeno H, lo que convierte a este perfil en la plantilla original sin modificar.

Estudios genómicos recientes basados en el análisis de ADN antiguo —incluyendo muestras de 22 Homo sapiens que vivieron entre hace 46.000 y 16.500 años, 14 neandertales de entre 120.000 y 40.000 años de antigüedad, y un individuo híbrido de hace 98.000 años descendiente de neandertales y denisovanos— revelan que la evolución de estos perfiles no fue aleatoria.

Durante las migraciones fuera de África ocurridas entre hace 70.000 y 45.000 años, las presiones ambientales y el contacto con nuevos patógenos aceleraron la aparición de variantes genéticas.

Un punto clave en este proceso ocurrió en la meseta persa, donde grupos humanos permanecieron cerca de 15.000 años en un periodo de incubación genética antes de expandirse por Eurasia. Posteriormente, hace entre 15.000 y 20.000 años, pequeñas poblaciones cruzaron por el estrecho de Bering hacia el continente americano, portando el tipo O de forma predominante.

Como resultado de esta dinámica evolutiva, aproximadamente el 37,4% de la población mundial tiene sangre O positivo, alcanzando concentraciones cercanas al 100% en las poblaciones nativas de América Central y del Sur.

Esta configuración genética otorga ventajas e implicaciones clínicas específicas.

Las personas con tipo O producen naturalmente niveles más bajos del factor procoagulante VIII y del factor de von Willebrand, dos proteínas plasmáticas involucradas en la formación de coágulos arteriales.

Esta característica reduce significativamente el riesgo de sufrir eventos cardiovasculares como infartos de miocardio y accidentes cerebrovasculares, un factor de protección que también amortiguó a estos individuos contra complicaciones vasculares graves asociadas al COVID-19.

Asimismo, los eritrocitos tipo O presentan mayor resistencia a la infección por malaria severa, ya que los parásitos responsables tienen mayor dificultad para adherirse a su superficie, lo que explica la alta prevalencia de este grupo en zonas endémicas.

Por otro lado, la literatura científica señala que este perfil inmunológico presenta una mayor susceptibilidad a ciertas condiciones como el cólera, las úlceras gástricas y el cáncer de páncreas.

En el ámbito de la medicina transfusional y la emergencia médica, la sangre O positivo es fundamental, ya que puede ser administrada a receptores de todos los grupos Rh positivos (A+, B+, AB+ y O+).

Sin embargo, el tipo O sufre una escasez constante en los bancos de sangre debido a su elevada demanda.

Para hacer frente a este déficit, la ciencia moderna trabaja en el desarrollo de tecnologías enzimáticas basadas en glicosil hidrolasas para extirpar los monosacáridos terminales de la sangre tipo A y convertirla en una variante universal equivalente a la plantilla base del tipo O.

El avance en el tipaje genético continúa expandiendo el mapa inmunológico. Mientras que en 2024 la Sociedad Internacional de Transfusión Sanguínea reconocía 45 sistemas de grupos sanguíneos —incluyendo el hallazgo del sistema Mal vinculado a la proteína MAL—, la identificación de mutaciones en el gen PIGZ elevó la cifra a 48 sistemas reconocidos en 2025.

El estudio de más de 15.000 genomas antiguos indica que la selección natural en genes vinculados a la inmunidad y la adaptación se ha acelerado de forma notable durante los últimos 10.000 años.

Toda esta evidencia confirma que el grupo O positivo permanece como el hilo genético más antiguo de la especie, actuando como la referencia biológica sobre la cual se mide la diversidad humana.

Related Articles