La filtración de un comité interno de la Fiscalía General de la Nación reveló una inminente vinculación formal del expresidente Álvaro Uribe Vélez por su presunta coordinación en las masacres de El Aro, La Granja y San Roque

 

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El escenario político y judicial de Colombia se encuentra nuevamente bajo una fuerte sacudida tras filtrarse información interna de la Fiscalía General de la Nación que apunta a una inminente vinculación formal del expresidente Álvaro Uribe Vélez en uno de los expedientes más oscuros y dolorosos de la historia reciente del país.

El proceso penal, que se ha reactivado con fuerza, busca determinar la presunta participación y coordinación del exmandatario en las sangrientas masacres de El Aro, La Granja y San Roque, así como en el posterior asesinato del reconocido defensor de los derechos humanos Jesús María Valle Jaramillo.

A pesar de que la diligencia de indagatoria estaba proyectada para ejecutarse a inicios de este año, fuentes cercanas al caso revelaron que la filtración de un comité interno de la Fiscalía permitió al exgobernador de Antioquia y a su equipo de defensa, liderado por el abogado Jaime Granados, desplegar una veloz estrategia mediática y jurídica para dilatar el proceso bajo el argumento de una supuesta persecución política destinada a interferir en la contienda electoral.

 

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Los hechos que originan esta investigación se remontan a mediados de la década de los noventa, período en el cual Uribe Vélez se desempeñaba como gobernador del departamento de Antioquia.

En octubre de 1997, una incursión de bloques paramilitares de las Autodefensas Campesinas de Córdoba y Urabá (ACCU) irrumpió con extrema violencia en el corregimiento de El Aro, en el municipio de Ituango, ejecutando a quince campesinos, torturando a doce de ellos, secuestrando a diecisiete personas y provocando el desplazamiento forzado de más de setecientos habitantes bajo la acusación de ser presuntos colaboradores de la guerrilla de las FARC.

La gravedad de la situación radica en los testimonios clave que reposan en el expediente de la Fiscalía, entre los que destacan las declaraciones del exjefe paramilitar Salvatore Mancuso y de Francisco Enrique Villalba Hernández, alias “Cristian Barreto”, un antiguo miembro de las autodefensas que participó directamente en la matanza.

Ambos testimonios coinciden en señalar que la incursión fue el resultado de una alianza estratégica entre la Gobernación de Antioquia, la Cuarta Brigada del Ejército y las estructuras paramilitares con el fin de atemorizar a la población civil y ejecutar supuestos rescates en una zona bajo control subversivo.

La polémica en torno al caso se intensifica exponencialmente al analizar el trágico destino de los testigos que se atrevieron a romper el silencio.

Francisco Enrique Villalba Hernández fue asesinado poco tiempo después de entregar su detallada declaración ante las autoridades del Estado, un hecho que diversos sectores sociales interpretan como un mecanismo directo para silenciar la información que vinculaba a altos mandos del gobierno regional.

Asimismo, las denuncias previas realizadas por el abogado penalista Jesús María Valle Jaramillo cobran una relevancia estremecedora en la actualidad.

Valle Jaramillo fue una de las voces más persistentes en visibilizar públicamente la connivencia y omisión de los militares y la administración departamental frente a las atrocidades perpetradas en Ituango.

Días antes de ser acribillado en su oficina por sicarios de las autodefensas, el defensor de los derechos humanos declaró formalmente que existía un acuerdo tácito y un comportamiento omisivo hábilmente urdido entre el comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, el comando de la Policía de Antioquia, el entonces gobernador Álvaro Uribe Vélez y su secretario de Gobierno, Pedro Juan Moreno Villa.

Los registros de la época muestran que, lejos de recibir un esquema de protección por parte del Estado ante el inminente peligro que corría su vida, el abogado fue estigmatizado públicamente por las autoridades regionales, facilitando su vulnerabilidad ante los grupos criminales.

 

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A lo largo de los últimos años, al menos tres despachos judiciales distintos han compulsado copias a las autoridades competentes exigiendo una investigación exhaustiva contra el expresidente.

En septiembre de 2013 y posteriormente en septiembre de 2015, la Sala de Justicia y Paz del Tribunal Superior de Medellín, bajo la ponencia del magistrado Rubén Darío Pinilla Cogollo, ordenó remitir las declaraciones de más de treinta paramilitares desmovilizados del bloque Cacique Nutibara para evaluar el rol de la gobernación en la promoción y expansión del paramilitarismo en la región.

Las providencias judiciales señalaron de forma contundente la inverosimilitud de que operaciones militares e incursiones de gran envergadura, que se extendieron por más de diez días e involucraron el uso de helicópteros oficiales para el transporte de suministros y armamento, hubiesen dependido únicamente de la complicidad de mandos medios o suboficiales del Ejército.

Posteriormente, en 2017, el magistrado Óscar Bustamante Hernández reiteró la necesidad de procesar al exmandatario tras emitir una condena contra los hermanos ganaderos Francisco Antonio y Jaime Alberto Angulo Osorio, hallados culpables de coordinar logísticamente las masacres junto a la fuerza pública.

El debate jurídico ha tomado un nuevo matiz con los pronunciamientos de abogados de las víctimas, quienes sostienen que la sorpresiva renuncia de Álvaro Uribe Vélez a su curul en el Senado de la República en el año 2020 no estuvo motivada únicamente por el proceso de fraude procesal y soborno de testigos por el cual fue imputado, sino como una maniobra estratégica para evadir la jurisdicción de la Corte Suprema de Justicia en estos crímenes de lesa humanidad.

Mientras tanto, las decisiones más recientes de finales de 2025 emitidas por el Juzgado Tercero Penal de Medellín insisten en abrir nuevas líneas de investigación que vinculan el entorno del expresidente con los homicidios de los defensores Eduardo Umaña Mendoza y el propio Jesús María Valle.

A pesar de los fallos emitidos por la Corte Interamericana de Derechos Humanos que condenan al Estado colombiano por la desprotección y complicidad en las masacres de Ituango, el panorama procesal del influyente líder político continúa sumido en una profunda controversia entre quienes exigen una pronta justicia penal y quienes defienden su inocencia alegando motivaciones políticas en el marco de las tensiones democráticas del país.

 

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