El documental “Sidosa”, producido por Jordi Évole y protagonizado por Eduardo Casanova, registró solo 381 espectadores en su primer fin de semana en 79 salas de cine en España

El estreno de “Sidosa”, el documental protagonizado por Eduardo Casanova y producido por Jordi Évole, se ha convertido en uno de los mayores fracasos recientes del cine español tras registrar apenas 381 espectadores en su primer fin de semana en salas comerciales.
La película, distribuida en 79 cines de toda España y respaldada por la maquinaria promocional de Atresmedia, recaudó alrededor de 2.
900 euros entre el 24 y el 26 de abril, una cifra extremadamente baja para un lanzamiento nacional con amplia campaña mediática y presencia constante en televisión.
Lejos de las expectativas generadas durante su promoción, “Sidosa” debutó en el puesto 34 de la taquilla española, muy por debajo de producciones nacionales e internacionales estrenadas durante el mismo periodo.
Los datos oficiales del Ministerio de Cultura reflejan además una media cercana a cinco espectadores por sala y apenas 37 euros de recaudación media por cine, un rendimiento que ha alimentado una fuerte polémica en redes sociales y en distintos sectores de la industria audiovisual española.
El documental, dirigido por Lluís Galter y Màrius Sánchez, gira alrededor de la experiencia personal de Eduardo Casanova tras revelar públicamente que vive con VIH desde los 17 años.
La cinta pretendía abordar el estigma social asociado a la enfermedad y mostrar el proceso emocional del actor y director madrileño durante los últimos años.
Jordi Évole, muy implicado en el proyecto desde el inicio, defendió el valor social de la obra y participó activamente tanto en la producción como en la promoción televisiva.

Durante el preestreno celebrado en Madrid, al que acudieron figuras políticas como Mónica García y Fernando Grande-Marlaska, Casanova explicó que el objetivo del documental era “normalizar una realidad que todavía sigue rodeada de prejuicios”.
El propio Évole insistió en varias entrevistas en que “Sidosa” buscaba abrir una conversación pública sobre el VIH lejos del miedo y del silencio que marcaron décadas anteriores.
Sin embargo, el interés mediático no terminó traduciéndose en espectadores.
La pobre acogida comercial provocó una auténtica avalancha de comentarios en redes sociales y foros especializados, donde numerosos usuarios criticaron tanto el tono del documental como la estrategia promocional utilizada por sus responsables.
Algunos espectadores calificaron la película como “un ejercicio de egocentrismo” y cuestionaron el enfoque narrativo centrado casi exclusivamente en la figura de Casanova.
En plataformas de valoración cinematográfica también aparecieron críticas negativas relacionadas con el ritmo, el planteamiento visual y la sensación de “autorretrato excesivamente personal” que transmitía el proyecto.
Aun así, otros espectadores defendieron la valentía de Casanova al exponer públicamente su historia personal y reivindicaron el valor social de una obra centrada en combatir el estigma del VIH.
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Ante la ola de comentarios negativos, Jordi Évole reaccionó públicamente para defender tanto el documental como a Eduardo Casanova.
Durante una intervención televisiva, el periodista condenó el tono de algunos ataques y lanzó un mensaje directo a los detractores del proyecto.
“Algunos no tienen corazón. No hemos visto un duro”, afirmó, negando además que la película hubiera generado beneficios económicos para sus responsables.
Évole también quiso subrayar que parte de la recaudación estaba destinada a asociaciones vinculadas a la lucha contra el VIH y aseguró sentirse “orgulloso” de haber llevado la película a las salas de cine pese al resultado comercial.
“Estoy orgulloso de que esté en cines al lado de ‘Torrente’ o ‘Super Mario’”, declaró días después durante un coloquio posterior a una proyección especial del documental.
Mientras tanto, el debate sobre las subvenciones públicas al cine español volvió a encenderse en redes sociales.
Diversos comentarios virales cuestionaron el modelo de financiación cultural y relacionaron el fracaso comercial de “Sidosa” con el apoyo institucional que históricamente ha recibido parte del cine de autor español.
No obstante, distintos medios especializados recordaron que las ayudas públicas vinculadas a proyectos anteriores de Eduardo Casanova estaban muy lejos de las cifras millonarias que circulaban en internet.

En medio de la controversia, el documental aceleró su desembarco en Atresplayer apenas unos días después de su paso por las salas, un movimiento interpretado por parte de la industria como una estrategia para aprovechar el impacto mediático generado por la polémica y ampliar su alcance entre el público digital.
Pese a la debacle en taquilla, algunas voces del sector cultural han defendido que el verdadero valor de “Sidosa” no puede medirse únicamente en cifras económicas.
Un reciente análisis publicado en prensa nacional destacó precisamente el tono didáctico y humano de la obra, así como la importancia de romper tabúes sobre el VIH en una sociedad donde todavía persisten prejuicios hacia quienes conviven con el virus.
El golpe comercial, sin embargo, supone un duro revés para Jordi Évole en su faceta como productor cinematográfico.
Acostumbrado durante años al respaldo masivo de audiencia en televisión con formatos como “Salvados” o “Lo de Évole”, el comunicador catalán se enfrenta ahora a una realidad muy distinta en el terreno cinematográfico, donde la notoriedad mediática no siempre garantiza el éxito en taquilla.
Aunque ni Évole ni Casanova han hablado de pérdidas económicas personales ni existe ninguna información que apunte a una situación de quiebra financiera, los discretos resultados de “Sidosa” sí han dejado claro que el documental no consiguió conectar con el gran público en salas comerciales, convirtiéndose en uno de los estrenos más comentados —y también más discutidos— del cine español en este 2026.
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