Cayetana Álvarez de Toledo protagoniza una intervención de alta tensión en el Congreso al acusar al PSOE de incoherencia en su postura sobre la prohibición del burka

 

 

La sesión parlamentaria vivida en el Congreso de los Diputados volvió a situar el debate sobre el burka y el niqab en el centro de la confrontación política en España.

La portavoz del Partido Popular, Cayetana Álvarez de Toledo, protagonizó una intervención especialmente dura contra el Partido Socialista y sus socios, acusándolos de contradicciones ideológicas, doble rasero y lo que definió como “hipocresía política” en materia de derechos de la mujer.

El debate se inició tras la presentación de varias iniciativas legislativas impulsadas por el PP y Vox para prohibir el uso del burka en espacios públicos, una medida que ya ha sido adoptada en distintos grados por varios países europeos y que, según sus defensores, responde a criterios de seguridad, integración y defensa de la igualdad de género.

La propuesta fue rechazada por la mayoría parlamentaria, lo que desencadenó una intervención encendida por parte de Álvarez de Toledo.

“Hace apenas dos meses el Partido Socialista votó en contra de la prohibición del burka invocando la libertad religiosa y acusándonos de racistas”, recordó desde la tribuna.

Sin embargo, subrayó que recientemente un alcalde socialista anunció restricciones municipales al uso de esta prenda con sanciones económicas.

“¿Cómo van a llamar ahora a su compañero? ¿Racista, progresista, feminista o islamófobo?”, ironizó.

 

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La dirigente popular fue elevando el tono a medida que avanzaba su intervención, cuestionando lo que considera una incoherencia estructural en el discurso del Gobierno.

“Si lo propone la derecha es fascismo. Si lo aplican los socialistas es feminismo”, afirmó, provocando reacciones inmediatas en el hemiciclo.

En su argumentación, Álvarez de Toledo sostuvo que el burka no puede considerarse una simple expresión cultural o religiosa, sino un elemento de sometimiento.

“Su feminismo acaba donde empieza su sumisión al islam”, señaló, añadiendo que esta prenda “convierte a la mujer en una sombra, la borra del espacio público y la encierra en una cárcel de tela”.

Uno de los momentos más tensos del debate llegó cuando la portavoz popular cuestionó directamente los argumentos habituales en contra de la prohibición.

“Dicen que el burka es testimonial en España. ¿Desde cuándo los derechos se miden en estadísticas?”, preguntó, rechazando también la idea de que la prohibición pueda aumentar la exclusión social.

“Eso no es compasión, es resignación. La respuesta es desmontar la jaula y acompañar con políticas reales de integración”, añadió.

Álvarez de Toledo también abordó la cuestión de la libertad religiosa, insistiendo en que la iniciativa no pretende atacar ninguna fe.

“Aquí no se propone prohibir el islam ni el culto. La libertad religiosa no es un cheque en blanco para la opresión”, afirmó con contundencia.

En su intervención, diferenció entre la práctica religiosa y lo que considera una vulneración de derechos fundamentales.

 

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La diputada popular dedicó buena parte de su discurso a cuestionar el relativismo cultural, al que acusó de ser “la coartada moral de las bellas almas que abandonan a los más vulnerables”.

En este sentido, advirtió: “Si todo vale en nombre de la cultura, entonces todo debe ser aceptado, incluso prácticas que atentan contra la dignidad humana”.

En un tramo especialmente controvertido, Álvarez de Toledo defendió la superioridad del marco democrático occidental frente a otros modelos culturales, argumentando que las sociedades liberales han logrado mayores niveles de libertad e igualdad.

“Esto no va de identidades, va de derechos”, insistió.

También se refirió a la relación entre religión y política, señalando que la tradición cristiana habría facilitado históricamente la separación entre poder religioso y poder civil, mientras que en otros contextos esta evolución no se habría producido de la misma forma.

Estas afirmaciones generaron críticas inmediatas en el hemiciclo y fuera de él, al considerar algunos grupos que introducen comparaciones religiosas en un debate jurídico.

 

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El discurso concluyó con un mensaje dirigido a mujeres en contextos de conflicto o restricción de derechos.

“El burka es la prueba de la degradación intelectual y moral de la izquierda”, afirmó antes de añadir: “España acabará prohibiendo el burka no por identidad, sino por coherencia democrática”.

Tras sus palabras, el presidente de la comisión llamó al orden en varias ocasiones debido a interrupciones y protestas desde distintos grupos parlamentarios.

La sesión terminó entre aplausos y gestos de desaprobación cruzados, reflejando la profunda división política que sigue generando este asunto en el Congreso.

El debate sobre el uso del burka y el niqab en España continúa abierto, con posiciones enfrentadas entre quienes lo consideran una cuestión de libertad individual y quienes lo interpretan como una forma de vulneración de derechos.

Mientras tanto, la intervención de Cayetana Álvarez de Toledo se ha convertido en uno de los momentos más comentados de la sesión parlamentaria.