El exministro de Cultura César Antonio Molina ha roto el silencio en la cadena COPE para cuestionar con dureza la capacidad de gestión de José Luis Rodríguez Zapatero en el marco del caso Plus Ultra

 

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El caso de la aerolínea Plus Ultra y las investigaciones por presunto blanqueo de capitales han tomado un giro tan inesperado como devastador en el plano político e institucional español.

El sumario judicial que avanza en la Audiencia Nacional ya no solo se nutre de los informes técnicos de los investigadores, sino también del testimonio implacable de quienes conocieron el funcionamiento interno del poder desde las entrañas de la Moncloa.

En esta ocasión, ha sido el exministro de Cultura César Antonio Molina quien ha decidido romper el silencio de forma definitiva.

En una reveladora intervención en los micrófonos de la cadena COPE, el antiguo miembro del Ejecutivo socialista ha desarmado la imagen pública de su antiguo jefe de filas, José Luis Rodríguez Zapatero, con una radiografía política de una crudeza sin precedentes dentro del seno del socialismo.

 

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La intervención de Molina ha provocado un auténtico terremoto político al cuestionar las capacidades de gestión del expresidente investigado, sugiriendo de forma abierta que en el propio Consejo de Ministros imperaba la percepción de que carecía de los conocimientos mínimos necesarios para coordinar una red financiera de semejante calibre.

Las declaraciones han dinamitado las estrategias de defensa y han abierto un agrio debate sobre la verdadera estatura estadística del exmandatario.

Durante la entrevista radiofónica, el exministro de Cultura soltó una de las reflexiones más contundentes que se recuerdan por parte de un antiguo colaborador gubernamental: “Yo lo consideraba tan incompetente que no me hubiera imaginado que hubiera sido capaz de armar toda esta estructura económica y de sacar dinero”.

Con estas palabras, Molina reflejó el asombro absoluto que impera entre los antiguos colaboradores de la Moncloa ante el sofisticado entramado que investiga la justicia.

La paradoja de este testimonio resulta fulminante para el entorno del exlíder socialista; el problema principal de la crítica ya no radica únicamente en la gravedad de la presunta corrupción que indagan los tribunales, sino en la incredulidad ante el hecho de que un perfil político con serias limitaciones de gestión técnica haya logrado edificar una organización financiera tan opaca.

Según detalló el propio César Antonio Molina, el antiguo presidente del Gobierno transmitía de manera recurrente una imagen de profunda debilidad en materia ejecutiva: “Era una persona absolutamente incapaz de tener ideas claras sobre más allá de tres o cuatro cosas y menos en cuestiones económicas”.

 

Un exministro de Zapatero, extrañado de que pudiera armar "semejante  estructura" porque le considera "bastante incapaz"

 

La demoledora argumentación del intelectual y exministro insiste en que las prioridades de Zapatero siempre estuvieron vinculadas al ámbito del relato y de la ideología pura, mostrando una desconexión casi total con las complejidades de la economía real, un factor que vuelve este escándalo aún más esperpéntico para quienes compartieron mesa en el Consejo de Ministros.

La opinión pública asiste atónita a un juicio de valor donde se evidencia la enorme distancia entre la gestión pública y los movimientos privados bajo sospecha judicial.

Molina subrayó su profunda extrañeza ante la sofisticación del entramado delictivo: “Es una sorpresa, pero no una sorpresa por lo que está pasando, sino por cómo armó semejantes estructuras, cómo armó semejantes complicidades para la corrupción.

Eso es a mí lo que más me extraña desde esa incapacidad”.

De esta manera, el testimonio del exministro de Cultura ha destapado la peor de las realidades para el expresidente imputado en la Audiencia Nacional.

El avance de las pesquisas de la UDEF y las revelaciones del sumario exponen un escenario donde aquellos que consideraban que el exlíder del Partido Socialista no poseía las aptitudes necesarias para dirigir el rumbo económico del país, ahora descubren con asombro que sí existía una notable capacidad para la movilización de recursos millonarios, con la única salvedad de que estos movimientos se ejecutaban en circuitos financieros ajenos al control estatal, presuntamente orientados al beneficio de sus entornos más cercanos y de sus vínculos políticos en Caracas.

 

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