El ataque a un buque cisterna cerca de los Emiratos Árabes Unidos y la ineficacia del bloqueo naval estadounidense han puesto en jaque la estabilidad del comercio energético global en el Estrecho de Ormuz

 

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La estabilidad económica global pende de un hilo extremadamente delgado en las aguas del Golfo Pérsico, donde los recientes acontecimientos han demostrado que el poderío militar convencional de Estados Unidos se enfrenta a un desafío sin precedentes.

Un buque cisterna ha sido golpeado por proyectiles desconocidos a unas 78 millas náuticas al norte de Fuyaira, en los Emiratos Árabes Unidos, un incidente que ha encendido las alarmas en el Centro de Operaciones de Comercio Marítimo del Reino Unido (UKMTO).

Este ataque no es un evento aislado, sino el síntoma de una guerra de desgaste donde el control del Estrecho de Ormuz —un paso de apenas 32 kilómetros en su punto más angosto— se ha convertido en el epicentro de una crisis que podría colapsar las finanzas internacionales.

La respuesta de la administración de Donald Trump no se ha hecho esperar, lanzando la denominada “Operación Libertad” a través del Comando Central de los Estados Unidos (CENTCOM).

Bajo un discurso que mezcla la seguridad nacional con supuestas causas humanitarias, Trump ha desplegado destructores de misiles guiados, más de cien aeronaves y sistemas no tripulados para intentar escoltar a los buques mercantes y forzar la reapertura de una ruta por la que transita una cuarta parte del petróleo mundial, además de suministros vitales de fertilizantes y alimentos.

 

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Sin embargo, la retórica de la Casa Blanca choca frontalmente con la realidad operativa en el mar.

La supuesta invulnerabilidad de la Marina de los Estados Unidos ha quedado en entredicho tras la hazaña del supertanquero iraní bautizado significativamente como *Huge* (Inmenso).

Este buque, que transportaba crudo valorado en más de 220 millones de dólares, logró burlar el bloqueo naval estadounidense de la manera más rudimentaria pero efectiva imaginable: simplemente apagó sus señales automáticas de identificación (AIS) y desapareció de los radares occidentales tras salir de la Isla Kharg.

Reapareciendo días después cerca de Sri Lanka y dirigiéndose hacia Indonesia, la travesía del *Huge* representa una humillación simbólica y estratégica para el bloqueo de Trump, demostrando que incluso con la tecnología más avanzada, el control total de las aguas es una quimera frente a la guerra asimétrica ejecutada por Irán.

Esta situación ha otorgado a la Guardia Revolucionaria Islámica (IRGC) una influencia geopolítica regional que no poseía antes del conflicto, permitiéndole incautar buques y dictar condiciones de tránsito en una zona que Washington consideraba bajo su égida.

 

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La escalada no se limita a lo militar; Irán está moviendo sus piezas para formalizar controles legales permanentes sobre el Estrecho de Ormuz.

La propuesta de Teherán de exigir cuotas de paso y reparaciones de guerra a cualquier nación aliada de Estados Unidos pone a las navieras comerciales en una posición imposible.

Las empresas se encuentran entre la espada y la pared: o pagan a Irán para garantizar la seguridad de su carga y tripulación, o se enfrentan a las sanciones de la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC) de Estados Unidos por financiar a una nación bloqueada.

Mientras tanto, el factor China añade una presión sofocante sobre la administración Trump.

Con una cumbre histórica programada para mediados de mayo entre Trump y Xi Jinping, Pekín ya ha dejado claro que la reapertura del estrecho es su prioridad absoluta, dado que gran parte del petróleo iraní tiene como destino final las refinerías chinas.

China no solo ha resistido la guerra arancelaria, sino que ha fortalecido sus lazos con Rusia para asegurar suministros alternativos, dejando a Estados Unidos en una posición de aislamiento diplomático.

Al final del día, el conflicto en el Golfo Pérsico ha logrado lo impensable: unir a los grandes hegemones euroasiáticos en contra de la política exterior estadounidense, demostrando que la era de la dominación absoluta de la US Navy en rutas críticas podría estar llegando a su fin, mientras el mundo observa con angustia cómo el precio de la energía y la comida queda a merced de una negociación que Trump parece no estar preparado para ganar.

 

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