Sonsoles Ónega despidió con profunda emoción a su padre, el histórico periodista Fernando Ónega, fallecido en Madrid a los 78 años tras una larga trayectoria en la radio y la comunicación española

España despidió a uno de los nombres más influyentes del periodismo contemporáneo con la muerte de Fernando Ónega, fallecido en Madrid a los 78 años tras varios años de complicaciones de salud.
El veterano comunicador, figura clave de la radio española y testigo privilegiado de la transición democrática, recibió un homenaje multitudinario en la capilla ardiente instalada en la Casa de Galicia de Madrid.
Allí se vivieron momentos de profunda emoción, especialmente para su hija, la presentadora Sonsoles Ónega, quien afrontó uno de los días más difíciles de su vida rodeada de familiares, compañeros y representantes institucionales.
Fernando Ónega nació en Mosteiro, una pequeña localidad del municipio de Pol, en la provincia de Lugo.
Desde muy joven orientó su vida hacia el periodismo, una profesión que ejerció durante décadas con un estilo marcado por el rigor, la serenidad y una profunda vocación de servicio público.
Su carrera comenzó en tiempos complejos, durante el final del franquismo, cuando el ejercicio informativo estaba condicionado por fuertes limitaciones.
Aun así, supo abrirse camino con una forma de comunicar que apostaba por el análisis sereno y el respeto por los matices.
Con el paso de los años se convirtió en una de las voces más respetadas de la radio española.
Dirigió informativos en importantes cadenas como la SER, la COPE y Onda Cero, donde su estilo pausado y reflexivo se convirtió en una referencia para varias generaciones de periodistas.
Su nombre quedó especialmente ligado a uno de los momentos más decisivos de la historia reciente de España: la transición democrática.
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Durante ese periodo ejerció como jefe de prensa del presidente Adolfo Suárez, participando directamente en la elaboración de discursos que marcaron el rumbo político del país.
Entre ellos destaca la famosa fórmula “Puedo prometer y prometo”, pronunciada por Suárez durante la campaña electoral de 1977 y convertida desde entonces en una de las frases más recordadas de la política española.
Aquella expresión, elaborada por Ónega con precisión casi artesanal, se transformó en un símbolo de compromiso político y en una muestra del poder de la palabra en momentos históricos decisivos.
Más allá de su trayectoria pública, Fernando Ónega fue también una figura esencial en la vida de su familia.
Su hija Sonsoles Ónega creció observando de cerca el trabajo y la pasión de su padre por el periodismo.
Aquella influencia marcaría su propio camino profesional.
Con los años, Sonsoles construyó una carrera sólida en televisión, primero en CNN+ y más tarde en distintos espacios informativos hasta convertirse en una de las presentadoras más reconocidas del panorama audiovisual español.
A lo largo de ese recorrido, el veterano periodista se mantuvo siempre como una referencia personal y profesional para su hija.
Según han recordado personas cercanas a la familia, era habitual que Sonsoles recurriera a su padre para consultar dudas profesionales o reflexionar sobre cuestiones éticas relacionadas con su trabajo.
Él, por su parte, seguía cada paso de su carrera con orgullo y cercanía.
En los últimos años la salud de Fernando Ónega había generado preocupación en su entorno.
Una insuficiencia renal crónica deterioró progresivamente su estado físico hasta que en 2021 fue sometido a un trasplante de riñón.
La donante fue su esposa, Ángela Rodrigo, un gesto que el periodista recordó siempre con profunda emoción.
Tras la operación logró recuperar cierta estabilidad y continuó colaborando en medios de comunicación hasta su retirada definitiva en 2022.

El pasado 3 de marzo su vida llegó a su fin en el hospital Ramón y Cajal de Madrid.
La noticia provocó una oleada de mensajes de condolencia en el mundo político y mediático.
Al día siguiente, la Casa de Galicia acogió la capilla ardiente donde familiares, amigos y numerosas personalidades acudieron a despedir al comunicador.
Sonsoles Ónega llegó al velatorio visiblemente afectada.
Vestida de negro y con un rosario al cuello, permaneció acompañada en todo momento por su pareja, Juan Montes, y por sus hermanos Cristina y Fernando.
A lo largo de la jornada recibió el apoyo de compañeros de profesión, representantes institucionales y dirigentes políticos de diferentes ideologías.
Uno de los momentos más significativos se produjo con la llegada inesperada de la reina Letizia.
Su presencia no figuraba en la agenda oficial, pero acudió para mostrar su apoyo personal a la presentadora, con quien mantiene una amistad desde finales de los años noventa, cuando ambas coincidieron como periodistas en la redacción de CNN+.
Vestida con un sobrio traje negro, la reina se acercó discretamente a Sonsoles y la abrazó durante varios segundos.
Al ser preguntada por los medios presentes, Letizia explicó con sencillez el motivo de su visita.
“Vengo a darle un abrazo a mi amiga”, declaró antes de dedicar unas palabras al periodista fallecido.
La reina lo definió como “un profesional artesano del periodismo”, destacando su trayectoria y su influencia en varias generaciones de comunicadores.

Durante el velatorio desfilaron numerosas figuras del ámbito político y mediático, entre ellas el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, el líder de la oposición Alberto Núñez Feijóo y los expresidentes Mariano Rajoy y José Luis Rodríguez Zapatero.
También acudieron periodistas de distintas generaciones como Iñaki Gabilondo, Vicente Vallés, Carlos Alsina o Matías Prats, quienes coincidieron en destacar la integridad profesional de Ónega.
El momento más emotivo llegó cuando el féretro abandonó la Casa de Galicia.
Sonsoles Ónega, profundamente emocionada, rompió a llorar mientras abrazaba a sus hijos y a sus hermanos.
A su paso, los asistentes dedicaron un largo aplauso que resonó en la calle acompañando el último recorrido del periodista.
En medio del dolor, la presentadora pronunció unas palabras que reflejan la dimensión personal de la pérdida.
“Me quedo solita”, dijo con la voz entrecortada.
La frase, breve pero cargada de emoción, resume el vacío que deja la desaparición de un padre que fue también mentor, consejero y referencia vital.
Con la despedida de Fernando Ónega, España pierde una de las voces más serenas y respetadas de su periodismo reciente.
Su legado, construido a lo largo de décadas de trabajo riguroso y compromiso con la palabra, queda ahora en la memoria colectiva y en la trayectoria de quienes aprendieron de su ejemplo.
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